Durante los días que permanezca en la Argentina, el papa León XIV tendrá como residencia la Nunciatura Apostólica de Buenos Aires, una histórica construcción ubicada sobre la avenida Alvear, en el barrio porteño de Recoleta. Detrás de sus puertas funciona la representación diplomática de la Santa Sede, pero el edificio tiene una historia que comenzó mucho antes de convertirse en una sede del Vaticano: fue una residencia privada de la alta sociedad porteña, dio alojo a un presidente argentino y terminó en manos de la Iglesia católica por decisión de una reconocida benefactora.
El lugar elegido para alojar al Papa es el Palacio Fernández Anchorena, una construcción de principios del siglo XX que conserva buena parte de la impronta arquitectónica de aquella Buenos Aires de grandes residencias. Desde allí, León XIV se trasladará a las distintas actividades previstas durante su visita, que se desarrollará entre el 8 y el 11 de noviembre.Papamóvil de León XIV en la Argentina: cómo será y qué pidió el Vaticano para su diseño
Papamóvil de León XIV en la Argentina: cómo será y qué pidió el Vaticano para su diseño
La Nunciatura no será solamente el lugar donde descansará el Pontífice. También será su punto de referencia institucional durante la estadía en el país, en una sede que representa a la Santa Sede ante el Estado argentino y mantiene el vínculo entre el Vaticano y la Iglesia local.
Qué es la Nunciatura Apostólica y qué función cumple
La Nunciatura Apostólica es la representación diplomática de la Santa Sede ante un Estado. Su funcionamiento es comparable al de una embajada: allí trabaja el nuncio apostólico, que actúa como representante del Papa y mantiene relaciones oficiales con las autoridades del país.
Sin embargo, su tarea no se limita al ámbito diplomático. También cumple una función eclesiástica, ya que constituye un canal de comunicación entre el Vaticano y la Iglesia de cada país. Entre sus responsabilidades se encuentran acompañar los vínculos institucionales, transmitir información a la Santa Sede y colaborar en los asuntos relacionados con la vida de la Iglesia local.
En la Argentina, la sede funciona en el Palacio Fernández Anchorena, sobre la avenida Alvear al 1600, en Recoleta. Actualmente, el representante pontificio en el país es el arzobispo estadounidense monseñor Michael Wallace Banach.
La elección de este edificio como residencia de León XIV también tiene un antecedente histórico: antes de la llegada del actual Papa, Juan Pablo II se hospedó allí durante sus dos visitas a la Argentina, en 1982 y 1987.
El Palacio Fernández Anchorena: una residencia de la aristocracia porteña
La historia del palacio comenzó en 1907, cuando Juan Antonio Fernández y su esposa, Rosa Irene de Anchorena, encargaron la construcción de una residencia al arquitecto francés Édouard Le Monnier. La obra se inscribió en una época en la que las familias más acomodadas de Buenos Aires buscaban reflejar su posición social a través de grandes construcciones inspiradas en la arquitectura europea.
Le Monnier, nacido en París en 1873, había llegado a la Argentina en 1896 y desarrolló una extensa trayectoria profesional. Su producción dejó una marca en el paisaje porteño, con edificios de distintas características y una fuerte influencia de las corrientes arquitectónicas francesas de su tiempo.
El Palacio Fernández Anchorena es uno de los ejemplos de esa impronta. Su diseño responde a una composición de inspiración francesa, con una fachada ornamentada, una cúpula que marca el acceso principal y grandes espacios interiores. La residencia se desarrolla en tres niveles y cuenta con una loggia de entrada, un vestíbulo de doble altura y una importante escalera que organiza la circulación hacia los salones principales.
La disposición de sus ambientes y la relación del edificio con los jardines que se extienden hacia la barranca forman parte de las características que distinguen a esta construcción dentro del patrimonio arquitectónico de Recoleta.
Pero el destino original de la residencia cambió antes de que terminara de consolidarse como una de las grandes propiedades de la zona. En la década de 1920, el palacio fue alquilado por Marcelo Torcuato de Alvear y su esposa, Regina Pacini, para utilizarlo como residencia presidencial. El edificio quedó así vinculado también con la historia política argentina.
Adelia Harilaos de Olmos y la donación al Vaticano
Años después, la propiedad pasó a manos de Adelia Harilaos de Olmos, una de las grandes benefactoras argentinas de la primera mitad del siglo XX y una figura estrechamente vinculada con la Iglesia católica.
Su relación con la Santa Sede fue determinante para el futuro del palacio. Harilaos de Olmos decidió donar la residencia al Vaticano con el propósito de que allí funcionara la Nunciatura Apostólica. Tras su muerte, en 1949, avanzó el proceso para concretar ese destino y la representación diplomática quedó instalada definitivamente en el edificio en 1952.PERFIL, el medio elegido por el Vaticano para publicar su diario oficial en la Argentina
PERFIL, el medio elegido por el Vaticano para publicar su diario oficial en la Argentina
Desde entonces, el antiguo palacio dejó de ser una residencia privada para convertirse en la sede de la diplomacia pontificia en la Argentina. Su función se mantiene hasta la actualidad, aunque conserva los rasgos arquitectónicos que remiten a su origen como vivienda de una familia de la elite porteña.
El reconocimiento oficial a su valor patrimonial llegó en 2002, cuando el Palacio Fernández Anchorena fue declarado Monumento Histórico Nacional. La distinción contempla tanto su importancia arquitectónica como su lugar en la historia de la ciudad.
Juan Pablo II, el otro Papa que se hospedó en la Nunciatura
La Nunciatura Apostólica también ocupa un lugar en la memoria de las visitas papales a la Argentina. Juan Pablo II se alojó en el Palacio Fernández Anchorena durante sus viajes de 1982 y 1987, dos momentos de fuerte relevancia para la relación entre la Iglesia católica y la sociedad argentina.
En ambas oportunidades, la presencia del pontífice polaco convocó a miles de personas en los alrededores del edificio de avenida Alvear. Las imágenes de los fieles reunidos frente a la residencia quedaron asociadas a aquellas visitas.
LB










