Sociedad

Las primeras argentinas en volver de Haití

Roxana Sabalette y Tamara Tellechea viven desde hace años en el país devastado por el terremoto, y ahora regresan a la Argentina.

13-10-2026 | 14:27

Se les llenan los ojos de lágrimas a las argentinas Roxana Sabalette y Tamara Tellechea cuandorecuerdan cómo vivieron el terremoto que se ensañó con Haití, pero más tristes se ponen cuandopiensan en tantos amigos que dejan en ese país. “La gente es muy buena; ellos, a pesar de queno hablan nuestro idioma, conocen mucho de Argentina por el fútbol y en la calle es muy común ver ajóvenes con camisetas de Messi y aún de Maradona”, comenta Roxana, que el próximo mescumpliría siete años trabajando en Puerto Príncipe para la empresa haitiana de cerveza, gaseosas yleche, una de las principales compañías de ese país. “Es una lastima porque el país, conesfuerzo, se estaba acomodando; empezaba a mejorar”, agrega Tamara.

Claro que por otro lado Roxana y Tamara están contentas: son la dos primeras argentinas queviven en Haití en regresar a Buenos Aires, y tienen muchas ganas de ver a sus familiares y amigosya que estuvieron varios días sin poder comunicarse con ellos por el colapso de las comunicaciones.El arribo está previsto para hoy, lunes, cerca del mediodía, en el Hécules C-130, junto con elcuerpo del cabo de Gendarmería Gustavo Gómez, quien murió en el sismo, el martes pasado. El avión,uno de los dos de la Fuerza Aérea que viajó a Puerto Príncipe a llevar ayuda argentina, aterrizaráen la base de El Palomar, en el Gran Buenos Aires.

Antes del viaje, en el aeropuerto de Santo Domingo, la capital de República Dominicana, elpaís que comparte con Haití la misma isla, Roxana y Tamara cuentan cómo fue el terremoto. “Yoestaba en el estacionamiento de la empresa donde trabajo, la compañía mexicana de cementos Cemex, yvi que los autos flotaban como si estuvieran siendo movidos por una ola gigante”, diceTamara. Y agrega: “Agarré mi auto y me fui a casa, pero todas las carreteras estabanbloqueadas: la gente estaba afuera de sus autos, con las manos levantas al cielo, diciendo:´¡Jesús, Jesús!{“.

“Yo estaba en mi casa, en la zona alta. La casa se rajó un poco pero quedó bien; todala vajilla y los aparatos electrónicos se cayeron y se rompieron. Pero, la casa está. La gentesufrió mucho: todos los que quedaron sin casa están ahora en las plazas, en los espacios vacíos,debajo de una lona o de un plástico, aguantando como pueden”, cuenta Roxana. Recuerda que,cuando le ofrecieron este trabajo, lo primero que pregunté fue si había terremotos. Me contestaronque no, que había ciclones, tormentas y varias enfermedades, pero que no se movía la tierra desdehace siglos”.

(*) Editor jefe del diario PERFIL, desde el aeropuerto de Santo Domingo.

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