Dos pasiones marcaban la vida de Lucas Rebolini Manso, el hijo de los actores Antonio Grimau yLeonor Manso: una era la música, con la que se ganaba la vida, y la otra era Huracán, el club de susamores. Antes de desaparecer y esfumarse sin dejar rastro, llevaba su guitarra a todoslados y no se perdía ningún partido del Globo, tanto de local, como visitante. Su fanatismo lo hacía ir también a los entrenamientosen La Quemita.
Fueron precisamente esas dos pasiones las que alertaron a sus padres y amigos, dándoles la pautade que algo raro ocurría cuando después de varios días dejaron de tener noticias de él. La primerapista fue que en su casa, intacta, sola y abandonada, estaba la guitarra, como esperando suregreso. La segunda, su llamativa ausencia al partido que Huracán jugaba de visitante contraEstudiantes en la cancha de Quilmes, en ese partido bonaerense. Desde chico, compartía con supadre actor la pasión por la camiseta roja y blanca. Lucas era fanático del fútbol: su padre losabía; por eso siempre lo llevaba a jugar con el equipo de actores que integraba.
En sus 36 años de vida, la música y el fútbol lo habían visto crecer. "Los que lo hemos vistocorrer con su camiseta en los entrenamientos o en el Ducó sabemos que es un quemero de ley. Recemospor su pronta aparición", escribió un hincha del Globo en el grupo que lo buscaba por Facebook. En esa red social, sus fotos lomuestran casi siempre con una guitarra como fiel compañera.
Su padre, en medio de la desesperación, lo describió como "buena gente". Lucas era rellenito, legustaba usar el pelo corto, tenía ojos marrones y era siempre cuidadoso cuando caminaba por lacalle. "Estaba muy alertado de los peligros en la calle", dijo Grimau. Sus últimas horas siguensiendo un misterio. El expediente de la causa que investiga su muerte afirma que corría desnudo porla calle, gritando; que se abalanzaba sobre los autos y se tiraba a los charcos de agua de lavereda, antes de ser detenido. Después su corazón se habría parado varias veces, antes desu trágico final.
Fue entonces cuando esa alegría que llevaba siempre en su sonrisa, con sus dientes algoamarillos por el cigarrillo, se apagó, dejando no sólo a una familia destrozada, sino también a susdos pasiones, la música y Huracán, con un profundo pesar.







