•caen las vocaciones religiosas

Recetas de monjas y curas para mantener el voto de castidad

Los propios sacerdotes y monjas admiten que es la prueba más difícil y cuentan sus estrategias para evitar que “el pecado de la carne” arruine su compromiso con Dios y con la Iglesia.

24-08-2026 | 02:40

Para el común de los mortales, resulta difícil comprender por qué alguien puede comprometerse aque nunca más tendrá relaciones sexuales, a que renuncia para siempre al placer de la intimidad conotro cuerpo.

Hay quienes optan por este modo de vida, desde el siglo II antes de Cristo, como los esenios–monjes judíos– que practicaban el celibato. La historia cambió durante los primerossiglos del cristianismo, los sacerdotes podían casarse y tener hijos.

De hecho, San Pedro, el primer Papa era todo un padre de familia.

Pero a los ojos de la Iglesia, el asunto comenzó a descontrolarse, los sacerdotes se acostabancon otros hombres, entre otras cuestiones, y en el siglo III se decretó el celibato como una leyobligatoria para todo consagrado.

Quienes en plena era moderna eligen la castidad como modo de vida tienen sus argumentos y, enalgunos casos, una vida plena. Lo cierto es que las estadísticas actuales muestran que así comocada año la Iglesia pierde fieles, también le está costando incorporar hombres y mujeres para elejército de Dios.

Una de esas encuestas, por ejemplo, de la Universidad de Georgetown, Estados Unidos asegura queentre 1965 y 2009, la cantidad de religiosas y monjas en ese país cayó de 180 mil a 60 mil (verrecuadro).

A modo de flexibilizar ciertas reglas, cada vez son más las congregaciones de monjas que dejaronel tradicional hábito para vestirse con ropa común, la misma que podría usar un ama de casaclásica. De todos modos, en lo profundo de la cuestión, nada ha cambiado demasiado en seminarios yconventos.

La educación sexual, según algunos integrantes de la misma Iglesia, continúa siendo un temacomplicado de abordar a la hora de instruir a los seminaristas y a las novicias. Los formadorestienden a disuadir a los jóvenes aspirantes de entablar vínculos demasiado cercanos, como si éstefuera un factor que los expusiera a la tentación y pusiera en riesgo la castidad.

El padre Hugo Almirón, cura del clero, psicólogo, teólogo y licenciado en Filosofía opina que“no hay una buena educación en la castidad. No basta la formación teológico moral. La moralte da algunas herramientas para el área espiritual o social. Pero falta hacer hincapié en lopsicológico. Algunas veces se habla de sexo en los seminarios, por lo menos en la orden de losfranciscanos. Pero el tema no se toca mucho en otras congregaciones. No se habla y se persigue. Sedesconfía del seminarista o de la religiosa que tiene una relación particular con alguien de sumismo u otro sexo. Les cortan las salidas, las entrevistas. Hay congregaciones que forman muy bienpero también tenemos formadores muy inmaduros”.

El caso del padre Hugo es bastante atípico. Al mismo tiempo que escribe sobre “Elnarcisismo patológico en el líder religioso” para su tesis de un máster en Psicoanálisis,este correntino de 48 años reparte sus días entre Kharis, la fundación que preside y que el mismofundó, su profesión de psicólogo –es especialista en clínica y en terapia de pareja–,da clases en varias universidades y celebra misa en diferentes iglesias.

Reconoce que sus superiores no ven con buenos ojos su profesión de psicólogo, pero para él, estacarrera es clave para mantener saludablemente su castidad. Cuenta que en su pubertad fue ateo hastaque sintió el llamado divino e ingresó al seminario. Tenía apenas 16 años y a sus padres en contra.Desde aquel momento hasta la actualidad, atravesó varias crisis que lo alejaron durante años de laIglesia. Se enamoró, estuvo en pareja, tuvo relaciones sexuales y volvió a elegir a Dios. Comosacerdote hecho y derecho, sintió atracción por alguna que otra mujer y no tiene pudor en admitirque la excitación genital es algo de lo más usual.

“El aspecto psi es muy importante como también el espiritual. Mis armas para la castidadson las psicológicas y las espirituales. En una oportunidad me enamoré. Era una mujer que meentendía y captaba algunos de mis problemas, era como un paño. Nos juntábamos una vez por semanapara el trabajo pastoral. Así surgió el amor. En ese momento, empecé a hacer terapia. Dudé en dejarlos hábitos. Puedo afirmar que el celibato crece con la crisis. Desconfiaría de una monja o de unsacerdote que nunca tuvo una excitación sexual o que nunca tuvo un deseo o que nunca se hayaenamorado”, desafía Almirón.

La opinión de la hermana Alejandra, de la congregación Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor,es bien diferente. Musicoterapeuta, flamante acompañante del noviciado, cuenta con casi 20 años devida como religiosa.

“Nunca me intrigó tener relaciones sexuales. Sólo una vez un hombre me movió el piso. Loviví como una reafirmación de mi vocación. Si uno está casado o en pareja, se te puede cruzar otroque te mueva el piso. Y una tiene que reafirmar ese sí que dio. Con este muchacho no pasó nada, fuealgo platónico. Me sentí valorada, atraída”, detalla esta mujer de 38 años y agrega que nuncasintió deseo, ya que la sexualidad puede expresarse en muchísimas formas: en la amistad, en elabrazo, en la pasión por lo que una hace. Desde ese lugar, lo genital pasa a un plano, al que se lepone toda la atención, lo que se conoce como la sublimación”.

Sigmund Freud consideraba a este concepto como el más maduro de todos los mecanismos de defensay es para los religiosos una herramienta fundamental para mantener la castidad.

El padre Alejandro Giorgi, rector del seminario de Buenos Aires, explica que esto se logra“encauzando su fuerza vital en la donación total de sí a los demás, en especial a los máspobres, débiles y sufrientes”.

Y agrega: “Creo que la fuerza vital propia del instinto sexual se puede encauzar hacia lagenitalidad, hacia la procreación; o bien se puede encauzar (sublimar) hacia la donación total desí en el amor. El problema no está –hablando mal y pronto– en no tener sexo sino en notener amor. A veces se tiene sexo sin amor: puedo experimentar placer, pero no sé si eso me llenael corazón”.

Según Giorgi, la formación para el celibato durante el seminario debe, antes que nada, valorar yrespetar la belleza de la sexualidad humana que es un valor positivo del amor. “La sexualidades buena y querida por Dios. Como dijimos, se puede ejercer y encauzar de distintosmodos”.

Para el padre Almirón, muchos curas usan la represión para lograr la castidad, conducta que noayuda.

“Lo que ocurre es que la represión manda al inconsciente la carga energética y la meta. Encambio la sublimación no manda al inconsciente la carga energética de la líbido, la dejadesarrollar pero cambia la meta. Yo logro sublimar la sexualidad a través de la cultura, de laciencia. Puedo sublimar la pulsión sexual a través de la religión, esto no lo dice Freud porque eraateo”, sostiene.

Ser parte de la Iglesia requiere de una postura firme y de ciertos sacrificios que Almiróncompara con la infancia. “El niño debe renunciar a algunos placeres, no puede seguir siempreen la lactancia; la vida implica renuncias y gratificaciones, y la castidad te lleva a una renunciay es posible”.

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