•Opinin - Pasado y presente

Sorprende que la sociedad vuelva a ser refugio frívolo de mitologías conspirativas

En relación con la última dictadura, el acentuar la localización de las responsabilidades sobre las cúpulas militares ha contribuido a crear en la sociedad argentina una falsa imagen de tranquilizadora inocencia.

24-08-2026 | 05:12

El conocimiento y estudio del pasado demanda distintos tipos de registros, algunos meramentetestimoniales y otros más profundos y conceptuales. Pasado que vuelve, recurrente, bajo la forma demúltiples teorías conspirativas. En relación con la última dictadura militar argentina -algocualitativamente distinto a las tradicionales dictaduras, puesto que se implantó un verdaderoestado criminal- la literatura, en ambos registros, es abundante. Sin embargo, el acentuar lalocalización de las responsabilidades sobre las cúpulas militares ha contribuido a crear en lasociedad argentina una falsa imagen de tranquilizadora inocencia. Algo que no debiera aceptarseligeramente.

En el último ensayo de María Matilde Ollier ("De la revolución a la democracia", Editorial SigloXXI) se encuentra una interesante indagación testimonial sobre los mitos y las creencias de laizquierda revolucionaria argentina en los años setenta y la lenta revisión de esas creencias yprácticas.

La autora, a través de variados reportajes, da cuenta del distanciamiento de aquellos jóvenes deuna identidad política, forjada en los combates y su lenta adscripción a otra identidad, vinculadaa los principios democráticos. El texto busca transmitir una experiencia: la de que quienesvivieron un proyecto revolucionario y decidieron luego abandonarlo. La creencia en la legitimidaddel uso de la violencia y el convencimiento de que ésa era la llave para abrir una nueva etapa dereconciliación con la verdadera naturaleza humana, formó parte de los mitos fundacionalesincorporados por una parte importante de toda una generación.
Los sobrevivientes de aquella catástrofe han tenido que llevar a cabo, luego, una dura laborde resignificación del mundo ideológico anterior. La adhesión a la democracia y la creencia en suspotencialidades, ha sido seguida luego de una serie de nuevos desencantos. El derrumbe de la utopíasocialista (1989) y la crisis de los partidos políticos (2001) ha posibilitado una suerte debúsqueda de la transversalidad, que puede explicar que muchos hayan encontrado refugio en lapropuesta de los primeros años del gobierno K. Ahora, naturalmente, deben sumar un nuevodesencanto, que se ha producido junto con un inesperado reverdecimiento de viejos mitos, asociadoscon un estilo populista y autoritario.

Un trabajo de investigación más profundo sobre las responsabilidades colectivas en la sagahistórica que culminó con la masacre administrada de la última dictadura militar sigue siendo, sinduda, el ensayo de Hugo Vezzetti ("Pasado y presente", Siglo XXI) publicado en 2002, que acaba deser reeditado.

La importancia de esa labor de recuperación reside no sólo en la indagación de las visionesmesiánicas -simétricas y paralelas- de los integrantes de la corporación militar y de la izquierdarevolucionaria. Señala también como la desmesura de la dictadura reflejaba, como un cristaldeformado y roto, ciertos rasgos presentes en la sociedad argentina, en especial la disposiciónparanoica a colocar afuera y en el otro, la responsabilidad por todos los males. El escaso apego alas formas institucionales y la predilección de la sociedad argentina por los atajos y las víasajenas a las normas forman parte de nuestro marco cultural.
Ese contexto contribuyó a que los diseñadores de la estrategia de tortura salvaje ydesaparición de las víctimas, se hiciera con el convencimiento de que semejante escala deatrocidades podía ser tranquilamente disimulada en el fárrago de nuestra atribulada historia.

Visto a la distancia, se puede comprobar ahora como el discurso de la corporación militar teníala estructura propia de un delirio paranoico. Aceptada la premisa de que detrás de todos losconflictos estaba la gigantesca conspiración del marxismo ateo, todos los medios parecíanaceptables para acabar con esa confabulación internacional en defensa de la civilización occidentaly cristiana.

Por todo ello, no puede menos que sorprender que vuelva a tener actualidad en la sociedadargentina el refugio frívolo de enrevesadas mitologías conspirativas. Una prueba del error dereducir todo al simple enfrentamiento entre dos demonios y eludir la responsabilidad que le cupo ala sociedad y a sus dirigentes políticos, puede encontrarse en la resistencia al reconocimiento delincontrovertible rol de Juan Domingo Perón en el nacimiento de las Tres A.

Como señala Vezzetti, hay que recordar que la Triple A empezó a operar cuando Perón erapresidente y que su cabeza visible, José López Rega, era la mano derecha y hombre de confianza delex presidente. La justificación de la masacre de Ezeiza, la incorporación del comisario Villar, ladirectiva al Consejo Superior de acabar con los infiltrados "por todos los medios", elreforzamiento de la derecha sindical, etc., prueban la firme voluntad de respaldar todas las accióndirigidas a liquidar la izquierda revolucionaria.

En síntesis, la barbarie de la dictadura fue posible por una percepción desviada de lanaturaleza de los conflictos políticos, pero también por la presencia de ciertos rasgos en lasociedad, el Estado y sus instituciones que tienen que ver con el desprecio por las formas y eldescuido por las instituciones.

A la luz de los acontecimientos que presiden la vida diaria de los argentinos, se tiene laimpresión de que no han sido sustanciales las enseñanzas extraídas del pasado más reciente.

(*) Agencia DYN

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