Y si estallara la burbuja tecnocrática? Esta ya es una pregunta que busca respuestas ciertas y fundadas. Para muchos, la posibilidad de que la burbuja tecnocrática estalle resulta verosímil. Un aserto inquietante, porque si los hechos confirman esta hipótesis, se abrirían las puertas de un futuro cercano aún más distópico que el actual.
Veamos lo que dicen los que saben.
El Fondo Monetario Internacional, en un informe de su blog del 13 de octubre de 2026 firmado por Vamvakidis y Wue, titula “Los mercados financieros mundiales se enfrentan a riesgos crecientes derivados de la IA, la rentabilidad de los bonos y los ciberataques” a un documento que advierte que “ante el aumento de las vulnerabilidades, los responsables políticos deberían contener el apalancamiento, fortalecer la sostenibilidad de la deuda y reforzar las defensas cibernéticas para mejorar la resiliencia”.
El Banco Central Europeo (BCE) es el “Banco Central” de la zona del Euro. Su vicepresidente Luis de Guindos reconoce en el informe de Revisión de la Estabilidad Financiera de mayo de 2026 que “el auge de la inteligencia artificial, especialmente de los nuevos modelos de vanguardia y la computación cuántica ofrecen no solo oportunidades sino también riesgos de desestabilización en el camino de la innovación”.
En agosto de 2026, con la firma de Andersson, Breckenfelder, Corradin, Nikolov y Viola, el blog del BCE titula El auge de la IA: ¿entusiasmo racional o la próxima burbuja de las ‘puntocom’?, un informe en el que se afirma que “el auge de la IA ha impulsado un avance vertiginoso en el sector tecnológico, elevando las valoraciones bursátiles a niveles que no se veían desde la burbuja de las ‘puntocom’”.
Son preocupaciones que tienen su fundamento: el entusiasmo financiero que las empresas y los empresarios que lideran la llamada industria de la inteligencia artificial ha despertado entre los inversores, está derivando hacia esa actividad una ingente masa de dinero que, según estimaciones de consultoras como J.P.Morgan y McKinsey, alcanzarían en cinco años una cifra promedio de US$ 5 billones. Leyó bien: ¡cinco millones de millones de los anhelados papelitos verdes!
Una masa de dinero de dimensiones difíciles de concebir, que se sustrae de otros destinos de prioridad humana. Como la salud, la vivienda, la educación o el cuidado de nuestro planeta, para ser destinados a una controvertida actividad, concentrada en un puñado de empresas en manos de muy pocas personas. Algunas de la cuales declaran su menosprecio por las formas representativas de organización social y reconocen abiertamente sus planes de poder global.
Quizás alguien reflexione que sustraer inversiones que una parte cada vez más numerosa de la humanidad requiere para su supervivencia es un sinsentido.
La industria de la IA, una controvertida actividad concentrada en un puñado de empresas en manos de muy pocas personas que en algunos casos declaran su menosprecio por la igualdad social"
Quizás alguien concluya que es un trágico error apostar a la concentración de poder que promete la eficiencia tecnocrática por sobre un orden global que posibilite vida digna a mayorías empobrecidas que “permanece a la espera, observa desde lejos y simplemente aguarda a que todo salga bien”, como dice el Papa León XIV en Magnifica Humanitas.
Quizás en algún momento, alguien calcule cuánta tierra, cuánta energía se necesitan para concretar los proyectos que se demandan a una riqueza simbólica que reside en billetes impresos y cuentas albergadas en sistemas financieros. Quizás.
Quizás suceda más pronto de lo que pensamos.
Para debatir sobre la participación argentina en la gobernanza global, la distribución justa de la riqueza, el cuidado de nuestra casa común, la calidad de vida y el trabajo digno, la Universidad Nacional de Avellaneda e Infoworkers reuinieron a 26 especialistas para ser parte de la Semana de las tecnologías convenientes, del 16 al 20 de noviembre.
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