Conocer una ciudad en apenas un fin de semana y descubrir aquellos lugares que reflejan su verdadera identidad es el objetivo de 36 Hours in, la sección de viajes de The New York Times que propone recorridos por distintos destinos del mundo. En esta oportunidad, Buenos Aires fue la protagonista de una guía que se aleja de los paseos turísticos más convencionales para poner el foco en sus bares tradicionales, propuestas gastronómicas, espacios culturales y rincones menos conocidos.
La periodista Emma Bubola fue la encargada de presentar el recorrido y describir los contrastes que caracterizan a la capital argentina. “Es una ciudad nostálgica, con cafés y comercios que conservan, de manera natural, un encanto de otros tiempos que se ha perdido en otras grandes ciudades del mundo”, señaló.
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Entre las paradas gastronómicas aparece Zum Edelweiss, un restaurante centenario que forma parte de la historia cultural porteña. Bubola lo recuerda como un punto de encuentro habitual después de las funciones del Teatro Colón, donde coincidían actores, cantantes de ópera, intelectuales y políticos.
El establecimiento también tuvo su aparición en Argentina 1985, la película nominada al Oscar. Para quienes lo visiten, las recomendaciones de la carta son los ñoquis con goulash y el bife a la Bismarck, acompañado por un huevo frito.
Para descubrir el clásico asado argentino, el diario estadounidense eligió una dirección tradicional de San Nicolás: Parrilla Peña. En lugar de optar por alguno de los restaurantes contemporáneos que ganaron popularidad durante los últimos años, la publicación se inclinó por este local concurrido, donde los mozos circulan entre mesas llenas de clientes y el aroma de la carne asada ocupa el ambiente. El plato sugerido es el ojo de bife, que describen como “tan tierno que se deshace en la boca”.
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El recorrido por los espacios porteños de otras épocas continúa en Palermo, con una visita a Varela Varelita, uno de los bares notables de la Ciudad. La periodista lo define como un lugar sencillo y sin pretensiones, pero con una intensa atmósfera de intercambio intelectual. Las mesas de fórmica y los ventiladores de techo que giran lentamente completan una postal que conserva el espíritu de décadas anteriores. Para acompañar la visita, recomienda una cerveza o un vermut con soda y maní.
En Almagro, otra de las paradas es Boliche de Roberto, un pequeño bar donde el tango en vivo mantiene su lugar. La propuesta permite escuchar a los músicos a pocos centímetros de distancia y disfrutar de una experiencia bien porteña. Para completar el momento, Bubola sugiere pedir un fernet con Coca-Cola, como lo haría cualquier habitué del lugar.
La selección también incorpora alternativas gastronómicas más actuales. Una de ellas es Coronado, el restaurante ubicado dentro del MALBA. Entre sus recomendaciones aparece el mbejú, una tortilla crocante preparada con almidón de mandioca, tradicional de Paraguay y del noreste argentino, que se sirve con huevo poché, espinaca fresca y panceta. La palmerita azucarada es otra de las opciones que se destaca.
También forma parte de la guía Chuí, en Villa Crespo, un restaurante instalado en una antigua nave industrial que fue reconvertida en un amplio jardín al aire libre. Además de resaltar el entorno, Bubola menciona algunos de sus platos, como el queso llanero grillado con vinagre de frutas, la polenta blanca y la palta quemada.
Los cafés de especialidad tienen su propio espacio dentro del itinerario. En ese rubro, el elegido es Cora, ubicado en la planta baja del emblemático edificio Kavanagh. Su propuesta arquitectónica toma como referencia el estilo Art Déco del histórico rascacielos y reproduce parte de la elegancia de sus interiores mediante barras de mármol y muebles de época.
Otro de los puntos destacados se encuentra en pleno centro porteño. Se trata de Acuario Bar, situado en Paraguay al 900, en la planta baja de la Casa de Estudios para Artistas. Sus asientos de terciopelo celeste, las ventanas onduladas y una barra de acero inoxidable le dan una estética particular que la periodista compara con la de un “submarino urbano”.
Para quienes se acerquen, entre las sugerencias de la carta aparecen el vitel toné, la mousse de chocolate y los dirty martinis preparados en la barra.
Con esta selección, The New York Times propone una perspectiva de una visitante extranjera, la capital argentina aparece como un destino bohemio, sofisticado y nostálgico. Su identidad se construye tanto en los bares de barrio, con mesas de fórmica y mozos de oficio, como en los restaurantes de diseño y las barras reúnen a nuevas generaciones de artistas y creativos. Una combinación cotidiana para quienes viven en la Ciudad, pero que, mirada desde afuera, adquiere un atractivo particular.
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