•el ECONOMISTA DE LA SEMANA

Ante la necesidad de una política cambiaria diferente

Luego de la recesión que se vivió durante la primera mitad del pasado año, la economía se encuentra en plena recuperación. La mayoría de los analistas especializados augura que Argentina crecerá este año en torno al 5%. Son muy pocos los que esperan una expansión más modesta, y son varios los que anticipan un incremento aún más elevado.

24-08-2026 | 11:14

Luego de la recesión que se vivió durante la primera mitad del pasado año, la economía seencuentra en plena recuperación. La mayoría de los analistas especializados augura que Argentinacrecerá este año en torno al 5%. Son muy pocos los que esperan una expansión más modesta, y sonvarios los que anticipan un incremento aún más elevado.
Sin embargo, hay tres problemas estructurales que acompañan a la economía doméstica hace yavarios años, y cuya persistente presencia impide despejar las dudas que constantemente se ciernensobre la dinámica de mediano a largo plazo de Argentina. Estos son: 1) La relativamente altainflación; 2) La debilidad fiscal (a partir de un gasto público inflexible a la desaceleración) y3) La escasez de incentivos para la inversión privada de riesgo.
Si bien hay cuestiones particulares e independientes entre sí que explican cada uno de estosproblemas, existe un factor común que está detrás de todos ellos: la política cambiaria que llevanadelante las autoridades, cuyo objetivo principal es la continua depreciación nominal multilateraldel peso (vale remarcar que esta estrategia cambiaria no es nueva, por el contrario ha sido llevadaa cabo desde el mismo momento que la administración Kirchner asumió el poder allá por mediados de2003).
Dadas las condiciones económicas domésticas vigentes en los últimos años (en términos de unarelativamente alta utilización de los factores productivos, en un contexto caracterizado por bajosincrementos de la productividad), el aumento del Tipo de Cambio Nominal Multilateral (TCNM) generainflación interna en transables (tanto de aquellos comercializados fuera como dentro del áreadólar) y, más temprano que tarde, también en no transables, dado que, en un contexto de inflaciónde por sí ya alta, y por tanto de mecanismos de indexación formales o informales aceitados, el passthrough de aumentos del TCNM a precios de no transables resulta elevado.

Más aún, el efecto de la depreciación nominal multilateral del peso sobre los precios domésticosqueda convalidado por una política monetaria expansiva, producto de un exceso de oferta de dólaresque el BCRA no quiere que se traduzca en una caída de la paridad nominal bilateral con la divisanorteamericana.
Al ser inflacionario, el continuo incremento del TCNM también genera debilidad en el planofiscal.
Es que el alza de los precios domésticos deteriora el poder adquisitivo de amplios sectoresde la sociedad, lo que gatilla aumentos casi automáticos del gasto público con finescompensatorios, haciéndolo muy inflexible a la desaceleración.
Si bien es cierto que las altas tasas de expansión de las erogaciones estatales durante losúltimos años no pueden ser totalmente atribuidas a la necesidad política de compensar una inflacióncada vez más alta (hubo, y aún hay, objetivos relacionados con la maximización de la actividadeconómica de corto plazo), también lo es que no se puede pensar en una dinámica verdaderamentediferente para el gasto público sin antes modificar los lineamientos generales de la políticacambiaria.
Asimismo, y paralelamente a los incrementos del gasto público, la persistente depreciaciónnominal del peso frente a las monedas de nuestros principales socios comerciales también explicaalgunas de las políticas estatales de intervención directa (como por ejemplo, restricción a lasexportaciones) en determinados sectores y/o mercados.
Una inflación relativamente alta (y la sensación de inestabilidad nominal que dicha situaciónprovoca), combinada con una posición fiscal frágil y con políticas intervencionistas directas,limitan los incentivos para la inversión privada de riesgo, incluso bajo un escenario en el que lademanda tiende a aumentar a un ritmo rápido. Si los incentivos no están alineados, los flujos deinversión resultan insuficientes, el stock de capital es escaso y la productividad se expande apaso lento. Sin dinamismo por el lado de la productividad resulta en la práctica imposiblecompatibilizar una política de TCNM alto con la estabilidad de los precios domésticos.

El siguiente paso es evaluar cuáles serían las consecuencias (y, por tanto, las posibilidades enla práctica) de un cambio en la estrategia con la que el BCRA maneja la paridad nominalmultilateral del peso. No son pocos los analistas especializados que defienden por estos días laidea de una política cambiaria diferente (que aumente la flexibilidad en torno a la paridadbilateral con el dólar de forma tal de lograr una estabilización de la relación multilateral),aunque son realmente pocos los que explicitan los potenciales riesgos que traería aparejado dichocambio.
El principal riesgo viene por el lado de la actividad económica doméstica de corto plazo. Larazón es sencilla: para que la dinámica de los precios reaccione lo más rápido posible ante lamodificación de la política cambiaria resulta imprescindible que también haya cambios en lapolítica fiscal.
Puesto de otra forma, si sólo se modificara la política cambiaria, la inflación seguiríarelativamente alta (aunque probablemente algo más baja de lo que es hoy) y el impacto negativo entérminos de la pérdida de competitividad de la economía sería demasiado elevado.
Lamentablemente, y luego de varios años con tasas de incremento de los precios domésticos entorno al +15%/+20%, la alternativa de modificar simultáneamente las políticas cambiaria y fiscaltampoco está exenta de costos en lo inmediato.

Aún bajo este escenario, la inflación seguiría siendo, en términos absolutos, alta durante elcorto plazo (aunque seguramente mucho más baja que la actual e incluso más baja que la queexistiría si se modificara únicamente la política cambiaria), generando un impacto real negativo,que afectaría la actividad económica.
En definitiva, modificar la política cambiaria no sería “gratis” en el cortoplazo. Sin embargo, y si bien es imposible predecir con precisión cuál podría ser la duración yprofundidad del shock negativo que enfrentaría la actividad económica durante la transición, esteaño existen varios factores que podrían ayudar a atenuar los costos de un eventual cambio. Larecuperación del contexto internacional (en especial, de Brasil y China), el boom agrícoladoméstico y el inminente canje de deuda en default le ponen un “piso” razonable alcrecimiento económico interno durante 2010, abriendo consecuentemente una ventana de oportunidadpara la implementación de un set de políticas menos inflacionarias.

También en Perfil