U nos robots humanoides tocan música de lobby de hotel en pianos eléctricos en el histórico Beijing Hotel que en sus más de cien años alojó a figuras como Mao Zedong, Richard Nixon y Kim Jong Un. El contexto es la séptima Cumbre Mundial de Medios, organizada por la agencia de noticias china Xinhua, y el foco es, naturalmente, la inteligencia artificial. A través del evento, China busca proyectarse como referencia global en un mundo dominado por la IA y la robótica. A la vez, debe descifrar cómo preservar el rol humano en esa ecuación, algo fundamental para un país de más de 1.400 millones de habitantes. De los casi 500 delegados de 112 países que viajaron hasta Beijing, la gran mayoría proviene del Sur Global, por lo que los discursos y las perspectivas de buena parte del grupo no reflejan la visión tradicional de las estructuras de poder de Occidente, concentradas casi exclusivamente en el hemisferio norte. Casi no hubo referencias a las elecciones de medio término en Estados Unidos, donde Donald Trump vio cómo los demócratas se quedaron con ambas cámaras del Congreso, y mucho menos a la visita del papa León XIV a la Argentina. La pregunta de fondo viene por otro lado: ¿cuánta IA y a qué velocidad?
Hay un contraste marcado con el escepticismo que atraviesa el debate en Occidente sobre la implementación plena de la IA en todos los planos de la vida humana. Mientras el papa León advierte sobre la necesidad de preservar lo que nos hace humanos, y los medios discuten las temáticas éticas y de modelos de negocios que plantea el uso de la IA, en la Cumbre Mundial de Medios ni siquiera se planteó hasta dónde deberíamos llegar. Xinhua y la empresa de robótica Ubtech presentaron lo que llamaron los primeros “conductores de noticias robots humanoides biónicos” del mundo, Xinyan y Xinyu, introducidos con un film futurista en pantallas gigantes y emergiendo finalmente de un plato volador para dar su primer resumen de noticias ante el mundo. Fueron diseñados con la colaboración de Zhang Yimou, uno de los directores de cine más importantes de China, que también dirigió las ceremonias de apertura y clausura de los Juegos Olímpicos de 2008 y 2022 en Beijing. Zhang fue convocado específicamente para resolver el problema del “valle inquietante” (en inglés, “uncanny valley”): la idea de que, a medida que los robots se vuelven más parecidos a los humanos, empiezan a generar cierto rechazo e incomodidad. Aunque de cerca Xinyan y Xinyu no parecen del todo humanos, están bastante bien y, desde la distancia del escenario, podrían confundirse con sus “primos” biológicos. Incluso surgió la pregunta de si podrían considerarse colegas en la redacción.
Durante la Cumbre no se habló de la implosión del modelo de negocios de los medios de comunicación tradicionales. Muchos de los asistentes trabajaban para agencias estatales y organizaciones académicas. Tampoco estuvo sobre la mesa el análisis económico de los superlaboratorios de IA, justamente cuando Anthropic se prepara para salir a bolsa por miles de millones de dólares y, supuestamente, demuestra que el modelo de negocios puede ser rentable. Tiene sentido que no se toquen estos temas en el marco de la disputa entre China y Estados Unidos por la supremacía en IA. Mientras Estados Unidos concentra su estrategia en la frontera tecnológica y a la vez intenta restringir la distribución de chips avanzados y de tecnología de semiconductores, China va en la dirección opuesta: busca seducir a los mercados con modelos de código abierto más baratos. Con el respaldo total del Partido Comunista, el ecosistema de IA del país produce modelos y un sinfín de hardware asociado, entre ellos robots humanoides, autos autónomos y voladores, y otros gadgets, con la intención de armar una red amplia de usuarios que rivalice con el crecimiento de los gigantes estadounidenses. El presidente Xi Jinping impulsa marcos de gobernanza global mientras intenta establecer sus propias reglas por fuera de la jurisdicción de Estados Unidos. El debate gira en torno a cómo implementar la IA, no si está bien hacerlo.
De ahí se llega al problema de la desinformación, ya que la proliferación de contenidos generados por IA vuelve cada vez más inútiles los intentos de controlar los ecosistemas informativos. Existen varias propuestas para hacer detectable el contenido de IA, por ejemplo mediante marcas de agua digitales, pero cuesta imaginar métodos eficaces para combatir el uso de tecnologías cada vez más robustas y baratas en manos de actores maliciosos. Aunque sin relación directa con la desinformación, un participante de la Cumbre señaló que, mientras Estados Unidos y China miden fuerzas, un país mucho más pequeño logró el mayor robo de la historia, en referencia a los US$ 6.300 millones en criptomonedas sustraídos del exchange Binance y atribuidos a TraderTraitor, un grupo de ciberguerra vinculado al Grupo Lazarus de Corea del Norte. La moraleja: una vez que el genio salió de la lámpara, los resultados desproporcionados e inesperados pueden pasar a ser la norma.
Debatir el futuro de los medios en China es algo contraintuitivo. El periodismo es un pilar de las democracias liberales y requiere libertad de expresión para ejercerse. Esa libertad, por supuesto, está fuertemente limitada en China, mientras que en muchos de los países que participaron de la Cumbre existen regímenes híbridos donde ciertos líderes o espacios políticos se perpetúan en el poder. Sin embargo, el periodismo existe dentro de un ecosistema de medios, donde convive una combinación de herramientas, oficios, disciplinas y filosofías. Crear contenido y hacer periodismo persiguen objetivos distintos, aunque sus procesos se superponen en gran medida. Muchas de las tecnologías que moldean el presente y el futuro del periodismo se están desarrollando en China. Y mientras muchos de los nuevos líderes de Occidente dedican su tiempo a atacar a la prensa, el gobierno chino busca activamente una relación con periodistas y organizaciones de medios de todo el mundo. Más allá de la posición ideológica de cada uno, la influencia china en el mundo de los medios, los contenidos y el periodismo será sustancial.
Al mismo tiempo, es valioso ver de primera mano cómo se debaten cuestiones como la ética de la IA y los riesgos de la desinformación desde el “otro” centro de poder global. Los costos y beneficios del boom de la IA los asumirá toda la humanidad, en distinta medida. La puja entre superpotencias se trasladó por completo a ese terreno, y sus contornos delimitan hoy la carrera armamentista, con el potencial dual de la destrucción total de la humanidad o de la creación de una superinteligencia que nos lleve hacia la próxima frontera. Los medios y el periodismo están atravesados por esos mundos, moldeados por la carrera y a la vez moldeándola. Buena parte de eso está pasando en China.
La versión en inglés de este artículo puede leerse en la edición de hoy de Buenos Aires Times.








