El año 2005 fue un momento excepcional en la historia del grupo U2. La felicidad de haber ganadocasi 300 millones de dólares se disipó de improviso cuando su país, Irlanda, derogó la ley quedesfiscalizaba el trabajo de los artistas y comenzó a aplicar una nueva política impositiva. Ellíder del grupo, Bono –que era conocido por su militancia a favor de la anulación de la deudadel Tercer Mundo–, decidió confiar la gestión de los ingresos de U2 a la consultorafinanciera Promogroup, con sede en un paraíso fiscal de insospechable reputación: Holanda.
Promogroup, que tiene en su cartera a los artistas y deportistas más cotizados del mundo, ganósu prestigio por haber asesorado a los Rolling Stones para que sólo pagaran 450 millones de dólaresde impuestos en los últimos 20 años, una cifra que representa apenas 1,6% de sus ingresos.
Su astucia consiste en utilizar las ventajas fiscales que proponen las Antillas Holandesas a los“inversores extranjeros”. Unas 20 mil empresas y 1.800 grandes multinacionales–incluyendo algunos iconos como Starbucks, Exxon, Nike y Subway– operan total oparcialmente desde esas cinco islas diminutas ubicadas frente a Venezuela, según John Orr, vocerode la Agencia Holandesa de Inversiones Extranjeras.
A pesar de esa intensa actividad, Holanda no figura en la lista de los 45 países o territorios“no cooperativos” en material fiscal, difundida en París por la OCDE (Organización deCooperación y Desarrollo Económico). Sin embargo, la discreta ayuda a la evasión fiscal quepractican las Antillas Holandesas no difiere de las operaciones que realizan los otros paraísosfiscales que existen en el mundo (ver infografía).
Conocidos como mailbox companies, corporate shells, tax havens, las actividades opacas de esos“bajos fondos de la finanzas internacionales” serán uno de los temas prioritarios queanalizará la próxima cumbre del G-20, convocada para el 2 de abril en Londres.
Acusados de complicidad en la evasión y fraude fiscal, blanqueo de dinero mafioso y corrupción,esos centros financieros offshore fueron denunciados como uno de los grandes responsables de lacrisis financiera que estalló en julio de 2007 y que en menos de 18 meses llevó al mundo a la peorrecesión económica después de la gran depresión de los años 30. Accesoriamente, también se lesimputa facilitar las transferencias de fondos que permiten financiar el terrorismo islámico.
Los recientes escándalos de fraude y evasión fiscal que estallaron en Luxemburgo, Liechtensteiny Suiza –sumados a la crisis– agotaron la paciencia de los grandes países occidentales,especialmente Estados Unidos, Alemania, Francia y, en menor medida, Gran Bretaña. Los paraísosfiscales hacen perder a las grandes economías industrializadas entre 300 mil y 500 mil millones dedólares anuales de recaudación impositiva, según estimaciones del GAFI (Grupo de Acción FinancieraInternacional). Ese organismo, creado en 1989 por el G-7 para luchar contra el lavado de dinerosucio y la financiación del terrorismo, creó una lista de países y territorios no cooperativos(PTNC) que individualiza 43 países. Pero esa nómina incluye también, sorpresivamente, algunospaíses que “autorizan la propuesta de servicios offshore a partir de ciertos puntos de suterritorio”: Estados Unidos (por la flexibilidad que existe en el estado de Delaware, Irlanday Gran Bretaña (por Gibraltar y las islas de Man, Guernesey y Jersey).
El aspecto más alucinante es que, tanto las grandes empresas como los principales bancosmundiales utilizan abiertamente las facilidades que ofrecen los paraísos fiscales. Citigroup, queera el mayor banco mundial hasta que estalló la crisis, posee 427 filiales en centros offshore tanexóticos como Saint-Kitts & Nevis, Macao y Turca & Caicos. Bank of America tiene 311 y elfrancés BNP Paribas, 189. Las 40 principales empresas francesas tienen –en total– 1.470filiales en esos centros offshore, según un estudio de la revista Alternativas Económicas.
Los paraísos fiscales, sin embargo, no sólo sirven para eludir impuestos sobre las ganancias,sino que algunas empresas los utilizan también para maquillar su contabilidad o, directamente, paraocultar sus pérdidas, como se advirtió durante los famosos escándalos de Vivendi Universal, Enron,Parmalat y Worldcom. La falsa contabilidad de Enron se evaporaba en una galaxia de 800“sociedades pantalla” radicadas en múltiples islas microscópicas del Caribe.
La existencia de esos paraísos es tan vieja como la historia del comercio mundial. Desde laépoca de los puertos francos en la Grecia antigua, el sistema financiero internacional siempre tuvoesos “agujeros negros” que actuaban con toda impunidad sin suscitar la menor objeciónde parte de los gobiernos. Ese fenómeno se multiplicó y se agudizó en los últimos años como unarespuesta a las exigencias de la globalización.
“En un mundo donde el éxito o el fracaso de un producto se define por una diferencia depocos céntimos cuando llega al consumidor, es fácil comprender las razones que indujeron a algunasempresas a buscar el amparo de paraísos fiscales”, explicó el especialista H.C. Thaler en sulibro Guía práctica de los paraísos fiscales y bancarios. La reducción de las cargas impositivasofrece una decisiva ventaja comparativa para resistir la competencia que plantean –porejemplo– algunos productos textiles o electrónicos fabricados en Asia, donde la mano de obratiene una incidencia insignificante en el costo final de la producción.
La incomprensión histórica que existe entre el Estado y el contribuyente terminó por generar uncuadro de hipocresía social que sólo contribuyó a complicar las cosas y disipó todas lasposibilidades de entendimiento.
Tanto Gran Bretaña como Francia y Alemania –los tres países que se disputan el título decampeón mundial de la evasión fiscal– fingían hasta ahora ignorar la existencia de eseproblema. La prueba es que, de los 350 libros y más de 10 mil artículos que se escribieron sobreese tema en los últimos diez años, la gran mayoría fue editada en Estados Unidos.
Los paraísos fiscales no sólo son aprovechados por las empresas y mafiosos. Las grandes fortunasprivadas también suelen acudir a esos oasis fiscales, como dicen los alemanes: los principalesclientes son los 793 billonarios (con una fortuna superior a 1.000 millones de dólares) queaparecen en la última lista publicada por la revista Forbes y otros 10 millones de personas quetienen más de un millón de dólares, según el Informe sobre Riqueza Mundial que publica anualmenteMerrill Lynch y CapGemini.
“La cantidad de grandes fortunas prácticamente se duplicó en los últimos diez años.Durante ese período, su patrimonio (…) pasó de 16,6 a 33,3 billones de dólares”,aseguraba el último informe divulgado poco antes del estallido de la crisis.
Ningún especialista puede decir con exactitud el dinero que transita por los paraísos fiscales ybancarios. Sin embargo, los expertos del GAFI calculan que los activos depositados en esos centrosbancarios alcanzan un volumen de 10 billones de dólares y que 50% de los flujos financierosinternacionales cruza por paraísos fiscales antes de terminar –sin mácula– en NuevaYork, Londres o París.
Cada vez que miran esas estadísticas, los dirigentes de los grandes países occidentales sientenque un escalofrío les recorre la espina dorsal.
Ahora, la Unión Europea (UE) está preocupada por las actividades opacas que se realizan con todaimpunidad en los diminutos Estados que proliferan en el continente: Suiza –que durante casitres siglos tuvo el monopolio de las cuentas numeradas y el secreto bancario– enfrenta desdehace algunos años la agresiva competencia de Liechtenstein, Luxemburgo, Mónaco, Andorra, Austria ylas islas anglo-normandas (Jersey, Man y Guernesey). Jersey, que practica un asombroso perfil bajo,se especializó en acoger a las cell companies, de compleja estructura legal, que permiten asociardiferentes actividades y múltiples inversores, y los trusts creadores de algunos famosos productostóxicos que llevaron a los bancos de Estados Unidos al borde de la catástrofe.
Suiza, Liechtenstein y Luxemburgo aceptaron hace algunos días levantar el secreto bancario, enciertos casos muy precisos, para ayudar a luchar contra el fraude fiscal. Pero ese gestoconstituye, a juicio de los expertos, una concesión mínima para calmar la ofensiva de EstadosUnidos y la UE.
Pero el fenómeno no es nuevo. Desde hace años, Europa y Estados Unidos tratan de combatirlo, oal menos reducirlo. “Si Europa no es capaz de curar el cáncer que la corroe, jamás podrátener una vida económica sana”, advirtió Jacques Delors en 1988, cuando lanzó la primeracampaña de la UE contra los paraísos fiscales. El mismo año, el presidente norteamericano GeorgesBush (padre) prometió una cruzada similar, destinada a luchar contra el narcotráfico. Pero esasbuenas intenciones sólo sirvieron para agregar nuevas lajas al camino del infierno. Veinte añosdespués, la crisis demostró que la actividad de los paraísos fiscales dentro y fuera de Europacomenzaba a convertirse en una grave amenaza para la estabilidad de la economía mundial.
“Hasta el momento, nos limitamos a usar armas livianas. A partir de ahora, soy partidariode recurrir a la artillería pesada”, comentó hace pocas semanas el director general del FondoMonetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn.
Para lanzar esa ofensiva, Strauss-Kahn cuenta con la determinación anunciada por la cancilleralemana, Angela Merkel; el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y sobre todo Barack Obama. En 2007,cuando era un simple senador, Obama firmó el Stop Tax Haven Abuses Act (Detengan los abusos de losparaísos fiscales), un proyecto de ley destinado a limitar la evasión fiscal, que le provoca alTesoro una pérdida de recaudación de unos 100 mil millones de dólares, según un informe del Senadonorteamericano. Son entre 20 mil y 25 mil millones en Alemania y de 10 mil a 15 mil millones enFrancia.
La cumbre del 2 de abril aportará pistas concretas sobre el plan de ataque contra los paraísosfiscales. Pero, desde ahora, gobiernos y economistas coinciden en la necesidad de regular losfondos especulativos (hedge funds) que operan desde la penumbra jurídica que ofrecen esosrefugios.
Otro serio motivo de preocupación son los grandes consultores internacionales, en particular losBig Four: KPMG, Ernst & Young, PricewaterhouseCoopers y Deloitte Touche Tohmatsu. Ese tipo deempresas, que operan a la vez como verificadoras de cuentas y consejeras de inversiones,monopolizan el mercado de las 500 multinacionales más poderosas del planeta. KPMG, por ejemplo,tiene en las islas Caimán un gabinete de 240 personas. Las otras tres también están presentes.
La tercera pista que estudia el G-20 es terminar con la ambigüedad e hipocresía del sistemabancario. La mayoría de los grandes bancos que se acogieron a los planes de rescate organizados porEstados Unidos y Europa tienen una enorme red de filiales en los centros offshore, incluyendo losde peor reputación. “No es normal que los bancos que salvamos de la quiebra sigan trabajandoen los paraísos fiscales”, bramó Sarkozy.
El arma de destrucción masiva sería prohibir toda transacción con los paraísos que figuran enlas listas negras de la OCDE o del GAFI. Pero, por el momento, nadie se atreve a patear elhormiguero por temor a crear un caos incontrolable que podría desestabilizar por largo tiempo lasfinanzas internacionales.
*Desde París.




