A fines de los noventa, la Patagonia encontró en Italia un “embajador” inesperado: uno de los cantantes más populares y queridos, Lorenzo Cherubini, conocido como Jovanotti, había recorrido aquellas tierras lejanas en bicicleta y contado su aventura en un libro (Il grande boh!) publicado en 1998.
Los miles y miles de sus fans, sobre todo jóvenes, que hasta entonces lo habían seguido por sus canciones, se enamoraron también de esa Patagonia de viento, ripio y horizontes interminables. El ídolo que había puesto a bailar a toda una generación les abría ahora las puertas de un mundo que él mismo estaba descubriendo. Era el comienzo de una historia de amor con la Argentina que duraría mucho más que un viaje.
Casi treinta años después, el pasado 22 de octubre, Jovanotti y su banda dieron un explosivo show en el Teatro Coliseo de Buenos Aires, con las entradas agotadas. Entre las canciones, la star de la música italiana incluyó en su repertorio Muchacha ojos de papel de Luis Alberto Spinetta, quien a su vez había tocado en varias ocasiones en ese mismo Teatro.
La elección no fue casual, y tampoco lo fue el escenario: detrás de ese encuentro hay varias décadas de viajes, música y una relación muy especial con la Argentina.
Para quienes crecimos en Italia, Jova –así lo llamamos sus fans– ocupa un lugar que difícilmente podría explicarse con una lista de éxitos. Lo conocimos en los 80, con sus gorras enormes, un rap irreverente y una energía que a muchos les parecía destinada a durar poco. Todo lo contrario: duró, y sobre todo jamás dejó de cambiar. De temas cuales Ragazzo fortunato y Penso positivo a A te, pasando por músicas que fueron absorbierdon al funk, a los ritmos latinoamericanos y a la canción de autor, Jovanotti fue encontrando una música para cada edad.
Creció con nuestra generación sin quedarse anclado en la juventud ni convertirse en un artista solemne. Sus canciones fueron cambiando mientras cambiaban nuestras vidas. Hoy, a los 60 años muy bien llevados, sigue experimentando, escuchando nuevas músicas y buscando otros caminos. Para muchos de nosotros sigue siendo el más querido, precisamente porque nunca nos ha pedido que nos quedemos en los veinte años.
También siguió pedaleando. La Patagonia no quedó como un episodio pintoresco de su juventud. A principios de 2020 recorrió unos cuatro mil kilómetros en bicicleta entre Chile y la Argentina, filmando el viaje que luego se convirtió en Non voglio cambiare pianeta, una serie para RaiPlay que se estrenó cuando toda Italia estaba confinada por la pandemia. Mientras nadie podía salir de casa, volvíamos a cruzar con él la Cordillera y la Pampa, esta vez desde una pantalla.
En 2025 le preguntaron qué viaje le gustaría repetir. Sin dudarlo un minuto eligió a la Argentina: “Strade senza fine, persone gentili” (Caminos interminables, gente amable). Recordó las rutas y la hospitalidad de quienes encontró en ellas.
En Buenos Aires, la cercanía con Italia suele narrarse desde la inmigración: abuelos, apellidos, recetas familiares. Pero el vínculo no se agota en lo que la Península dejó aquí. También sigue creciendo en dirección contraria: Jovanotti escucha música argentina. Ha expresado su admiración por Spinetta, Charly García y Fito Páez y, este mismo octubre, elogió a Milo J: su curiosidad no quedó detenida en los artistas que escuchábamos hace treinta años. A lo largo de su carrera las puertas al rap –y no sólo– estuvieron, y lo siguen estando, abiertas.
El Teatro Coliseo también tiene una historia de encuentros. Propiedad del Estado italiano, forma parte del Palazzo Italia, que alberga diversas instituciones vinculadas con la presencia cultural italiana en la Argentina. Desde hace décadas recibe en su escenario a artistas de ambas nacionalidades. Y fue desde la terraza del antiguo teatro donde en el 1920 se realizó la primera transmisión radial a nivel nacional. El 22 de junio de 1969, es justamente aquí, en el Coliseo, que Almendra presentó por primera vez Muchacha.
La icónica canción de Spinetta regresó al Coliseo cincuenta y siete años después, en la voz de un italiano que la conoce y la admira. El recital de Jova encontró así en el Coliseo mucho más que una sala de conciertos: un escenario cuya propia historia refleja los profundos vínculos culturales entre Italia y la Argentina. Un papel que el Teatro sigue desempeñando desde hace décadas, tendiendo puentes entre artistas, públicos y tradiciones de ambos países.
*Docente italiana en Argentina.
consultoraconnectar.com








