Vas a entender que acá no se jode. Ninguno de los salames que fueron hasta ahora tienen el peso que tengo yo. Vas a entender que tu préstamo te va a salir más caro que toda tu vida”. La frase, escalofriante, sale de boca de un prestamista que operaba en el conurbano bonaerense, principalmente en El Palomar, Moreno, General Rodríguez, Ituzaingó, Trujui y Caseros. La víctima se animó a grabarlo y a denunciarlo, y la investigación determinó que quien hablaba lideraba una red que otorgaba créditos informales con tasas que superaban el 100% mensual: el “crédito gota a gota” que da pie a amenazas terroríficas como ésta: “Te voy a arruinar a vos y a tus hijos si no pagás. ¿Te queda claro?”
La DDI de San Isidro los detuvo luego de once allanamientos simultáneos ordenados por la fiscal Paula Hertrig, de la UFI de Boulogne, por asociación ilícita, usura, extorsión y amenazas. “María” -nombre ficticio de la víctima- había pedido $250.000 para comprar alimentos y útiles escolares para su hijo menor.
Situaciones como la de ella se multiplican en el conurbano y en barrios populares de la Ciudad. La operatoria es calcada: se presta dinero sin ningún aval y se acuerda un pago mensual, semanal o diario, en plazos tan cortos que el deudor no toma noción del interés que le van a cobrar. Es parte del engaño.
Estas redes suelen estar vinculadas, aunque no siempre la Justicia logre probarlo, con el narcomenudeo. Muchas veces el verdadero negocio no es cobrar la deuda, sino quedarse con los bienes del deudor a la fuerza. Motos, autos, electrodomésticos e incluso la vivienda son confiscados mediante amenazas a quienes no logran estar al día con los pagos. Así, un préstamo de 200 o 300 mil pesos puede transformarse en un auto o una casa que los delincuentes convierten en un nuevo búnker para el expendio de drogas. La Procelac ya en 2018 calificó a los “créditos gota a gota” como “usura”, delito previsto en el artículo 175 del Código Penal, con penas de seis meses a cinco años de prisión.
A diferencia de años anteriores, cuando el usurero operaba “de boca en boca”, hoy suman el anzuelo de las redes sociales: abren perfiles simulando ser financieras legítimas -con nombres como “Planes Cred”- con posteos que apelan a la esperanza, como “¿Querés progresar pero nadie te apoya?”
Los niveles de violencia también cambiaron: lo que antes era “un apriete” hoy son amenazas explícitas y brutalidad con armas de fuego. No es casual que la semana pasada el ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, lanzara un dato impactante: “Se duplicaron los tiros en las piernas”, parte de una actividad paralela en auge vinculada a la venta de drogas: la usura y los préstamos ilegales. En 2025, Argentina fue escenario de múltiples operativos que desarticularon redes “gota a gota” en el conurbano, en CABA y en otras provincias. En agosto, la Policía de la Ciudad desarmó una banda que otorgaba microcréditos al 300% mensual y se adueñaba de bienes de sus víctimas. Se incautaron millones de pesos, armas y autos de alta gama.
En septiembre, una investigación por homicidio reveló que la víctima integraba una banda que usaba Mercado Pago para dar créditos informales: tras su muerte, sus compañeros le cortaron un dedo para acceder a su celular y seguir prestando.
Cómo nacieron los créditos “gota a gota”. Es imposible saber si Diego Murillo Bejarano fue consciente del impacto que tendría su “picardía” cuando se quedó con el negocio del narcotráfico en la Medellín de los noventa, tras la caída de Pablo Escobar. Don Berna, como le decían, quedó al frente de las “oficinas” de la ciudad, los puntos de acopio del dinero de las mafias. El efectivo a su disposición era descomunal: departamentos llenos de dólares hasta el techo, en billetes de baja denominación. Don Berna pensó en prestar ese dinero y le puso nombre a la operación: créditos gota a gota.
Al principio, los destinatarios fueron familias del barrio y el objetivo no era ganar dinero sino lavarlo. El interés era bajo, e incluso inexistente. Pero con la extradición de Don Berna a Estados Unidos y la llegada de narcos “sin códigos”, los intereses se dispararon y la modalidad se exportó a la región.
Con la morosidad como tema central de la conversación política, y la usura narco en ascenso, la pregunta es de manual: ¿cómo piensa el Estado resolver un problema que toca al narcotráfico, la caída del trabajo en blanco, la desbancarización y la pobreza que empuja a los barrios populares a manos de los prestamistas ilegales?






