El repunte de la inflación por la guerra en Irán, las políticas arancelarias del presidente Donald Trump, un mercado laboral estancado y el aumento de la desigualdad fueron temas clave para los votantes de las elecciones de medio término del martes pasado.
Con la mayoría de los hogares bajo el impacto de condiciones económicas más duras, estaba claro que los republicanos tendrían una ardua batalla en las urnas.
“Los votantes estadounidenses fueron a las urnas pensando en sus bolsillos”, dijo el jefe economista de EY-Parthenon, Gregory Daco.”Casi todos los votantes, de todas las edades, niveles educativos, etnias y procedencias políticas, votaron teniendo en cuenta la economía”, agregó.
La inflación, impulsada por los estímulos económicos durante la pandemia y las bajas tasas de interés, alcanzó en 2022 un pico interanual del 9% bajo el entonces presidente Joe Biden, y comenzó a descender cuando la Reserva Federal (Fed) volvió a subir las tasas.
Sin embargo, comenzó a subir de nuevo en 2023 antes de alcanzar el objetivo a largo plazo del 2%, fijado por la Fed. Desde que Trump volvió a ser presidente en 2025, la inflación permaneció alta. Primero, por sus políticas arancelarias que trastocaron el comercio mundial; luego, por la guerra contra Irán. La inflación al consumidor alcanzó en mayo un máximo en tres años del 4,2% interanual y se ha mantenido cerca de ese nivel desde entonces.
En la política estadounidense, los altos precios del combustible pueden tener un efecto desproporcionado y, hasta el miércoles, los consumidores pagaban, en promedio un 38% más por los combustibles, en comparación con el 28 de febrero, cuando Trump inició la guerra.
Daco destacó que para la mayoría de los votantes no se trataba solo de que los precios fueran altos, sino de que llevaban más de cinco años así.”Es como una piedrita en el zapato que al principio no te hace daño de ningún modo, pero con el tiempo se convierte en una cada vez más molesta, y creo que eso es lo que estás viendo con la inflación”, señaló.
En el otro extremo del espectro macroeconómico, los economistas han caracterizado el mercado laboral estadounidense con la expresión “low-hire, low-fire” (pocas contrataciones, pocos despidos): estable, pero con escasas oportunidades de crecimiento o movilidad para la mayoría de las personas. Más importante aún, gran parte de los salarios no han seguido el ritmo de la inflación, lo que significa que la mayoría de los trabajadores han visto sus ingresos erosionarse.








