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RDEco: qué diferencia el rumbo industrial de Argentina de las estrategias de las principales potencias

En Ronda de Economistas (RDEco), los economistas Juan Graña y Pedro Gaite analizaron el impacto del modelo económico de Javier Milei en la industria, las empresas y el empleo. Ambos advirtieron que el crecimiento del agro, la minería y la energía no garantiza puestos de trabajo para toda la población y plantearon la necesidad de fortalecer la política industrial, la producción nacional y las cadenas de valor.

RDEco: qué diferencia el rumbo industrial de Argentina de las estrategias de las principales potencias
Industria | Captura
30-10-2026 | 19:53

La discusión sobre el modelo de desarrollo argentino y su inserción en la economía mundial volvió a poner en primer plano el papel de la industria manufacturera. En el análisis del modelo productivo, Rafael Rofman, especialista en demografía y economía, planteó la importancia de aprovechar el capital humano y los recursos disponibles para impulsar el desarrollo argentino.

La discusión también abordó el vínculo entre la actividad industrial, la innovación y la productividad, en un escenario internacional marcado por nuevas tensiones comerciales y transformaciones tecnológicas. En ese marco, Pedro Gaite destacó el peso de la industria manufacturera en la generación de innovación, mientras que Juan Graña se refirió a los desafíos de la transición tecnológica y ecológica.

Industria, innovación y apertura económica: el desafío de Argentina

Pedro Gaite señaló que muchas empresas industriales trasladaron sus operaciones al sudeste asiático y otros destinos, lo que generó consecuencias que exceden la pérdida de puestos de trabajo. En ese sentido, sostuvo: «A nivel mundial y en Argentina los datos son parecidos, entre el 70 y el 80% de la innovación se sigue dando en la industria manufacturera».

El economista explicó que las principales economías están recuperando políticas industriales, comerciales y científicas para proteger sus capacidades productivas. Sobre las consecuencias del traslado de las operaciones industriales, afirmó: «Se dieron cuenta que eso genera no solo un problema de empleo, sino también un problema de productividad».

Según el análisis, Estados Unidos, Europa y otras potencias están retomando estrategias de protección industrial y promoción tecnológica. Frente a ese escenario, Argentina aparece en una dirección diferente, con una apertura económica que puede exponer a las empresas locales a excedentes industriales provenientes de otros mercados.

Gaite cuestionó que el país avance hacia una apertura comercial indiscriminada en un contexto internacional en el que las principales potencias refuerzan sus políticas productivas. En esa línea, afirmó: «Argentina creo que está yendo muy a contramano de ese mundo».

También advirtió que las condiciones actuales son diferentes de las que existían durante la década de 1990, cuando predominaba una tendencia hacia la apertura comercial. Hoy, los países centrales buscan preservar sus industrias, desarrollar tecnología y fortalecer sus cadenas de valor.

En ese marco, la discusión no pasa únicamente por aprovechar los recursos naturales, sino por conseguir que esas actividades impulsen otros sectores de la economía. La articulación entre industria, ciencia y tecnología resulta fundamental para generar empleo y mejorar la competitividad.

Ciencia y tecnología: las capacidades que necesita el desarrollo productivo

Juan Graña abordó los desafíos que plantea la transición tecnológica y ecológica y la importancia de las capacidades científicas y tecnológicas para enfrentar las transformaciones globales. En ese escenario, el Estado necesita herramientas para definir una política productiva propia y adaptada a las tecnologías de cada época.

La inteligencia artificial, las redes, la electromovilidad y las energías renovables forman parte de esa nueva estructura productiva. Sin embargo, se advirtió sobre el debilitamiento de capacidades estratégicas en áreas como el sistema científico y tecnológico y ARSAT.

El debate también incorporó la necesidad de compatibilizar la estabilidad macroeconómica con las políticas de desarrollo. Si bien el equilibrio fiscal y la reducción de la inflación son objetivos relevantes, se planteó que no deberían utilizarse como argumentos para postergar las inversiones productivas.

En ese sentido, las decisiones económicas deben contemplar simultáneamente la estabilidad, el empleo y el fortalecimiento de las capacidades nacionales. La discusión no puede quedar atrapada en las urgencias coyunturales: «Hay que reintegrar la discusión» y avanzar sobre una estrategia que permita generar oportunidades laborales de calidad y sostener el crecimiento a largo plazo.

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