La Argentina atraviesa una transformación demográfica que se aceleró durante la última década. Según explicó Rafael Rofman en Ronda de Economistas (RDEco), el país comenzó su transición hace aproximadamente 150 años, cuando empezaron a descender tanto la mortalidad como la natalidad. Sin embargo, “en la última década se aceleró fuerte la baja de la fecundidad”, un fenómeno que sorprendió por su velocidad y despertó preocupación.
El especialista señaló que existe una tendencia recurrente a convertir los cambios demográficos en motivos de alarma. Para ilustrarlo, recordó las advertencias de Thomas Malthus a fines del siglo XVIII sobre el supuesto riesgo de que el crecimiento poblacional superara la disponibilidad de alimentos. Aquella preocupación perdió fuerza con los avances tecnológicos de la Revolución Industrial.
La caída de la fecundidad y las proyecciones demográficas de la Argentina
En la actualidad, el temor aparece en sentido contrario: la posibilidad de que nazcan cada vez menos personas. Frente a esas interpretaciones, Rofman cuestionó las proyecciones lineales basadas en períodos cortos. “Proyectar el largo plazo en base al corto plazo es un error grosero”, afirmó, y explicó que los fenómenos sociales tienden a moderarse y encontrar nuevos equilibrios.
El escenario argentino, sostuvo, apunta a una estabilización poblacional. “Somos unos 47 millones de habitantes hoy en día” y, hasta donde permiten proyectar los datos, durante las próximas décadas el país podría mantenerse en un rango de entre 45 y 50 millones de personas.
Envejecimiento poblacional: el desafío que enfrentará la economía argentina
Rofman aclaró que la caída de la natalidad no es un fenómeno exclusivamente argentino, sino parte de una transición demográfica global. La Argentina presenta indicadores similares a los de varios países europeos y latinoamericanos, aunque todavía se encuentra por delante de Brasil y detrás de Chile, Uruguay y Costa Rica en este proceso.
La principal consecuencia será el cambio en la composición etaria: habrá menos niños y una mayor proporción de adultos mayores. “Se dio vuelta, ya está, eso pasó y no vuelve”, resumió al describir el paso de sociedades con altas tasas de natalidad y menor esperanza de vida a otras con menos nacimientos y vidas más prolongadas.
Actualmente, la Argentina atraviesa el denominado bono demográfico, una etapa en la que aumenta la proporción de personas en edad de trabajar. Sin embargo, esa tendencia comenzará a revertirse alrededor de 2037, cuando disminuya el peso relativo de la población económicamente activa.
Productividad, educación e infraestructura: las claves para sostener el crecimiento
Ante ese escenario, el especialista planteó que el principal desafío será lograr que cada trabajador produzca más, sin necesidad de extender su jornada laboral. “La única manera de resolver la discusión del crecimiento económico de largo plazo en un contexto de envejecimiento de población es con un aumento muy sostenido de la productividad”, enfatizó.
Para conseguirlo, identificó tres herramientas fundamentales: capital humano, capital físico y tecnología. La primera comprende las habilidades y los conocimientos de los trabajadores, con el sistema educativo como punto de partida. La segunda incluye infraestructura y capital de trabajo para las empresas. La tercera requiere incorporar avances tecnológicos que permitan producir más con los mismos recursos.
Rofman advirtió que la Argentina presenta dificultades en los tres frentes y que resulta urgente revertir esa situación. “Necesitamos darle vuelta con urgencia”, sostuvo, aunque reconoció que se trata de un problema cuyos efectos más importantes se sentirán en el mediano plazo.
Finalmente, vinculó la productividad con la posibilidad de mejorar la distribución de los ingresos y atender las desigualdades. Sin desconocer la complejidad de ese debate, dejó una definición central: “Si la torta no crece no hay nada para discutir”. Así, planteó que anticiparse al envejecimiento poblacional exige decisiones económicas y educativas desde el presente.





