Juan Pablo Lohlé, exembajador argentino en Brasil entre 2003 y 2011, analizó en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190) el regreso de Luiz Inácio Lula da Silva a la presidencia brasileña por cuarta vez y los desafíos que enfrentará su gobierno. Con una extensa trayectoria diplomática, también se refirió al vínculo entre Lula y Donald Trump, y a la importancia de la experiencia política y la capacidad de negociación para construir acuerdos.
En este contexto, Lohlé advirtió sobre el deterioro de las relaciones entre la Argentina y Brasil, marcado por las diferencias ideológicas entre Javier Milei y Lula y la ausencia de embajadores en ambos países. Además, planteó la necesidad de recuperar el diálogo diplomático y destacó el papel que podrían desempeñar los empresarios, los dirigentes políticos y la sociedad civil para recomponer un vínculo estratégico para la región.
Juan Pablo Lohlé cuenta con una extensa trayectoria en las relaciones internacionales de la región. Fue embajador ante la OEA entre 1989 y 1991. También fue embajador en España entre 1992 y 1993. Su labor en territorio español le valió ser condecorado con la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil en 1993. Además, estuvo al frente de la representación del país en Brasil por un período prolongado, desde el año 2003 hasta 2011. Actualmente, ejerce como director del Centro de Estudios Políticos y Económicos Internacionales.
Juan, sos la persona ideal porque fuiste el embajador del primer Lula y ahora está el cuarto Lula. ¿Te sorprendió el resultado? ¿Cómo imaginás que puede ser esa longevidad como resultado del gobierno en Brasil?
Bueno, creo que la experiencia es un factor fundamental. Creo que Lula, además de la experiencia, tiene su trayectoria sindical, que básicamente es una trayectoria de negociación. Y en eso creo que él es un experto. De hecho, él ya dijo que va a gobernar para 215 millones de habitantes. Eso ya es un mensaje. Creo que la victoria tiene que ver básicamente con haber despertado el alma del pueblo brasileño, porque también, a diferencia de lo que piensan algunos técnicos en campañas, yo creo que hubo gente que lo votó que no lo había votado antes. Y ese es un porcentaje que por ahí no es muy grande, pero que es significativo en el resultado final. O sea que el Lula de antes era un Lula con energía natural y este es un Lula que, además, se muestra energético. Él está convencido de que tiene que ejercer y creo que lo va a hacer. Tiene que tomar medidas totalmente diferentes a las que tomó antes. Por eso, tiene que hacer un gabinete, yo diría, más aperturista en lo ideológico, ser más pragmático en lo que la sociedad brasileña depositó en los votos de Bolsonaro, pero sin perder de vista los votos que lo apoyan a él.
¿Qué es diferente de este hombre un cuarto de siglo después? Un hecho verdaderamente inédito en la política mundial. Vos lo viste cuando llegaste en 2003, que ya hacía un par de años que había asumido, pero pasaron 25 años entre que fue presidente por primera vez y vuelve a ser presidente ahora por cuarta vez. ¿Qué cambió de esa persona?
Lo más significativo es que la edad no le cambió las convicciones. Creo que la apelación de él a la racionalidad del sistema político brasileño fue fundamental. Creo que fue fundamental que Bolsonaro se equivocara al decir de entrada que iba a modificar la Constitución, porque nadie sabe dónde iba a parar eso. Creo que fue fundamental que ajustara el plan Bolsa de Familia en el corto período en que lo hizo, porque eso estaba pendiente. Es fundamental que haga las reformas económicas y que hoy esté predicando que hay que modernizar Brasil con todo el sistema digital que viene para adelante. Además, que hay que ajustar el gasto público, que llegó a su tope. Desde el punto de vista del carácter, lo veo mucho más aplomado a Lula. Como que exuda experiencia. Esa es la sensación que tengo.
¿Sabiduría, sería?
Sí, sí. Sabiduría de la edad. Hay un trabajo que hizo hoy una colega tuya en el que me pidió una observación parecida a la tuya. ¿En qué cambió Lula? Bueno, cambia en la solidez de su experiencia y eso lo transmite con su gestualidad, lo transmite en cómo responde a preguntas difíciles, lo transmite frente a la dificultad de repechar una derrota. Esto es lo que traduce Lula hoy.
La trastienda del silencio oficial: por qué el Gobierno no se pronunciará sobre el triunfo de Lula
Hoy a la mañana y de madrugada nos despertamos con versiones respecto de que Flávio Bolsonaro, quien tenía que devolver hoy su pasaporte, habría cruzado por vía terrestre a la Argentina. Luego fue desmentido por la migración argentina y, por lo menos, por la migración brasileña, que lo desmintieron oficialmente. Lo que no quiere decir que no haya podido cruzar de una manera no oficial, sin pasar por un puesto fronterizo. Recién entrevistaba a Sergio Moro y también a Michel Temer, y les preguntaba cómo resolver el tema de las pésimas relaciones entre Argentina y Brasil. El hecho inédito de que llevamos un tiempo sin embajador brasileño en Buenos Aires y viceversa. Simultáneamente, el presidente argentino es el único latinoamericano o sudamericano que no reconoció el resultado electoral de Lula. Con toda tu experiencia, ¿qué recomendarías? ¿Qué es lo que hay que hacer?
Bueno, yo lo que creo es que, si todos los presidentes de la región que no son afines a la ideología de Lula lo han saludado y algunos lo han felicitado, lo mínimo que podría hacer es eso. Y, a partir de ahí, promover, desde el punto de vista de los acuerdos diplomáticos, la restitución de los embajadores. Por ahí, la Argentina tiene que hacer algunos cambios para que eso funcione. En realidad, yo creo que la mimetización del canciller argentino con lo que se produjo en San Pablo no ha sido buena. Creo que tampoco el canciller está ayudando. Me parece que Mauro Vieira tiene una visión un poquito más abierta en ese sentido y no sé quiénes son los que pueden influir en Milei para que, por lo menos, encuentre una salida. Porque, de un lado, uno ve que Trump encontró una salida. Dijo que no le gustó, que estaba amañada, pero que él tiene buena relación con Lula y no lo nombra a Bolsonaro. A Trump no le gustan los losers, es decir, los perdedores. Entonces, le tiró un centro a Lula, diciendo que él se lleva bien con Lula, que alguna vez dijo que tenía química y demás. Creo que Brasil es lo suficientemente importante para Estados Unidos como para tener una buena relación diplomática. Esto me tocó vivirlo a mí también cuando estaba Tom Shannon de embajador de Estados Unidos en Brasil. El presidente era Lula también y creo que tuvieron una buena relación durante toda esa época. O sea que yo creo que Estados Unidos debiera mejorar la relación con Brasil por un hecho fáctico, por el peso específico. Y Milei tendría que mirar también eso, porque la Argentina no está en condiciones de rivalizar hoy con Brasil y la rivalidad ideológica no tiene sentido. A pesar de que el Gobierno acá diga que las economías funcionan bien, las economías funcionan bien, pero funcionarían mucho mejor si las relaciones entre los presidentes fueran formalmente buenas.
Juan, cuando en el gobierno anterior estaban cruzadas al revés las relaciones, es decir, había en Brasil un gobierno de derecha y en la Argentina un gobierno peronista, decidieron mandar a Scioli porque suponían que Scioli, con su flexibilidad absoluta, era quien podía lograr llevar adelante unas relaciones más allá de las ideologías. El embajador es central. ¿Se debería elegir un embajador equivalente a lo que fue Scioli en aquel contexto, pero adecuado para este contexto? Un embajador que tuviese la capacidad de establecer un vínculo con Lula, con Mauro Vieira y con Itamaraty, que más allá de la ideología se base en la empatía personal. ¿Es clave el carácter de un embajador en estas circunstancias?
Totalmente. Es muy importante que el embajador tenga buena circulación entre el Gobierno y la sociedad brasileña. Esto es fundamental. Ahora, depende también de cuál sea la intención del Gobierno, porque, si Milei quiere polarizar con Lula, no estará en su mente promover esto. Lo real es que Scioli lo logró con Bolsonaro, pero no logró que Fernández mejorara la relación con Bolsonaro. Sin embargo, eso dio un espacio durante un tiempo en el cual la relación tenía un canal razonable, diría yo, pero no como ahora, que ni siquiera hay embajadores.
¿Quién, a tu juicio, sería o quiénes podrían ser personas indicadas para, por lo menos, mejorar la relación entre los países? ¿Qué embajador, que no conocemos, podría cumplir esa función?
Básicamente, debiera ser un político. Incluso, el mejor político que tenga La Libertad Avanza podría ser un buen embajador para cumplir esa misión, porque debiera ser una persona de confianza del presidente y tener la habilidad de poder gestar estos vínculos. Y eso no es difícil de conseguir. Siempre hay gente que, por sus propias características y personalidad, está adecuada para eso. Probablemente, podría ser un político o también podría ser un diplomático con experiencia.
O sea, tendría que ser alguien que tenga línea directa con el presidente argentino, para sentir que realmente se pasa, digamos, una conexión directa entre el presidente de un país y el presidente del otro. ¿Te estoy entendiendo?
Eso sería muy bueno, pero también con el canciller, porque la línea de la Cancillería tiene mucha interrelación. Cuando la relación fluye, muchas de las secretarías de la Cancillería están permanentemente vinculadas con Brasil. Hay reuniones de empresarios, reuniones de técnicos y reuniones de especialistas. Eso funciona mucho y yo creo que todo eso funciona mejor si la relación de los presidentes está bien intermediada.
El peronismo se envalentona con el triunfo de Lula de cara al 2027
Juan, yo creo que no va a suceder eso, entonces vamos a pagar un costo. Dejame plantear una pregunta. Porque, en el caso de las hipótesis, el dinero es una cuestión fundamental. En el caso de la Casa de Brasil en la Argentina, ¿hay algo que podría hacerse desde el sector privado y la sociedad civil para paliar de alguna manera esta situación? Todos los argentinos que recibieron la condecoración de Río Branco podrían crear una especie de asociación de amigos de Brasil. ¿Qué podría hacerse?
Bueno, yo creo que los factores de poder argentinos que tienen intereses en Brasil son importantes. Hay un dato muy claro: cuando Trump impuso las tarifas a Brasil, se movieron las cámaras empresarias brasileñas y estadounidenses, tanto en Estados Unidos como en Brasil, para hacer un lobby en Washington para que esa disposición se cambiara. Y lo lograron de alguna manera. Lograron incluso que Lula y Trump dijeran, en una reunión en la que se cruzaron en Naciones Unidas, que entre ellos había buena química. Y ahí vino la reunión bilateral, donde concurrió Lula con todo su gabinete y Trump con todo su gabinete. Yo creo que esto es una cuestión de disposición. Y creo que el factor empresario es fundamental. ¿Qué es lo que veo yo? Y lo dije hoy a un colega de ustedes: los factores de poder en la Argentina no saben qué hacer en lo internacional. No saben qué hacer en lo interno y creo que saben mucho menos qué hacer en lo externo. Esta es la realidad. Entonces, hay que ponerse de acuerdo en algo. Este lobby que vos creés es posible, porque además puede tener representación en la prensa y en los medios de comunicación. Yo estoy hablando de que, desde hace rato, los presidentes son accesorios a la relación de los países, porque los presidentes van y vienen. En cambio, los países permanecen. Esta interrupción de dos mandatos en la relación con Brasil, los errores de Fernández con Bolsonaro, sumados a los errores de Lula con Lula y de Lula con Milei, alguien los tiene que mediar. Y bueno, yo creo que hay gente de los dos países que lo puede hacer. Soy más optimista que vos.
Veo, veo, veo. Pero bueno, habrá que poner, por lo menos, el optimismo de la voluntad. Juan Pablo, muchísimas gracias. Te mando un abrazo enorme y nos veremos en algún momento en Buenos Aires.
Bueno, muchas gracias por la entrevista y me alegro de que puedas hacerme esta entrevista desde allá.
Muchísimas gracias.
LMM





