La economía argentina atraviesa un período de estancamiento, con un consumo deprimido, inversiones en niveles históricamente bajos y una actividad que no logra consolidar una recuperación. En ese escenario, el politólogo y consultor político Gustavo Marangoni analizó el rumbo económico del gobierno de Javier Milei, las perspectivas para el próximo año y los desafíos electorales del oficialismo. “La economía está estancada”, sostuvo, al describir un panorama marcado por las dificultades para trasladar el crecimiento de las exportaciones al conjunto de la actividad.
En diálogo con Agustino Fontevecchia, en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), Marangoni también evaluó el nivel de respaldo al Gobierno y las posibilidades de una eventual reelección presidencial. Según explicó, el oficialismo conserva un núcleo de apoyo que podría permitirle competir en 2027, incluso si la economía mantiene un desempeño moderado. “El Gobierno tiene 35-40% de apoyo”, afirmó, y advirtió que la estrategia electoral dependerá tanto de la evolución económica como del nivel de rechazo que logre generar la oposición.
Gustavo Marangoni es politólogo, docente universitario y consultor político. Es licenciado en Ciencia Política por la Universidad del Salvador, magíster en Relaciones Internacionales por FLACSO y doctor en Ciencias Políticas por la UCA. Fue vicepresidente y posteriormente presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires entre 2011 y 2015. Es socio fundador y director de la firma de opinión pública MIR Asociados, desde donde elabora informes de coyuntura y encuestas electorales.
Hola, Gustavo, ¿cómo estás? Te saluda Agustino Fontevecchia. Bienvenido a Modo Fontevecchia hoy.
Hola, Agustino, buen día. Muchas gracias por la comunicación.
Bueno, queríamos escuchar tu opinión. Acá veíamos tu metáfora de la economía Xuxa, un pasito para el frente y otro para atrás. Danos tu interpretación de la situación.
La economía está estancada, más allá de que ya se repite en la profesión económica que dos trimestres consecutivos constituyen técnicamente una recesión y que, a lo mejor, el cuarto trimestre levanta un poquito. Pero ni siquiera es un serrucho, es un serruchito: cae un poquito, baja un poquito, cae un poquito. Esto es consecuencia de lo deprimido que se encuentra el consumo, que es el principal motor de la economía, y, por supuesto, también de la inversión, que está en uno de sus pisos históricos. El único driver, la única locomotora que tiene esta economía y que anda fuerte, que está full, es la exportación. Pero es una locomotora que no tiene fuerza para traccionar a todo el conjunto de los vagones. Por lo tanto, está medio desenganchada de toda la formación. Eso es lo que explica este desempeño modesto, con las permanentes recalibraciones de cuánto va a crecer la economía. Al principio de 2026 se hablaba de tres puntos, tres puntos y medio; después se bajó a dos y medio, después a dos, y ahora está más cerca del uno y medio. Todo indica que el año que viene, si no hay una modificación, probablemente sea lo mismo o un poquito menos modesto. Esta es la foto de una película de la economía argentina que ya de por sí lleva más de una década y media prácticamente estancada, porque estamos en los niveles de 2011 y 2012. Desde ahí, todo es una suerte de inmovilidad frenética.
Sí, es interesante la postura. ¿Qué opinión tenés respecto de qué debería hacerse distinto y si se pudiera? Porque, si analizamos un poco la postura de Milei y calculo que la de Toto Caputo en conjunto con Milei, lo que vemos es un planteo doctrinario con algunas medidas, principalmente el superávit a toda costa, sin importar si es sostenible en el tiempo ni qué es lo que cortan con la famosa motosierra. Al mismo tiempo, hay un control intenso sobre el dólar, que ayuda con lo que sería una de las anclas para mantener contenida la inflación. Después está este planteo falaz de que no hacen política productiva, porque, en verdad, la política productiva la dedican bastante a lo que es el RIGI, que incluye la mayoría de los proyectos orientados al extractivismo y a la exportación, pero no, de ninguna manera, a sectores como el industrial o los que generan consumo. Yo planteaba ayer, hablando con otro economista, que sería interesante postular —el gobierno de Milei, obviamente, no lo haría— el RIGI del empleo y el salario, que parece ser lo que finalmente más afecta a la economía argentina.
Aquí, Agustino, entramos netamente en definiciones de carácter político. Para el Gobierno, todo es bajar la inflación y el resto vendrá por añadidura. Para bajar la inflación, ya sabemos la receta que ha elegido: anclar el tipo de cambio. La baja de la actividad, por supuesto, también actúa como un ancla; la baja de los ingresos de los asalariados, formales o informales, funciona como un ancla contra la inflación. Entonces, si el Gobierno parte de este supuesto, yo te diría que es prácticamente lo que resume el epítome de toda la política económica: bajemos la inflación y, con eso, políticamente tendremos rédito el año que viene y, económicamente, cuando la economía esté absolutamente estable, florecerán las inversiones, etcétera. Por supuesto que hay muchos que creen, creemos, que puede haber otras alternativas. Pero lo cierto es que el Gobierno está abrazado a esta meta, a este camino, y no es que no escuche las otras campanas. De hecho, las escucha y las rebate, generalmente de una manera bastante agresiva, de una manera que tiende a descalificar a cualquier interlocutor, inclusive a aquellos que están relativamente allegados a su universo conceptual. Así como hay gente que tiene intolerancia a la lactosa, el Gobierno tiene intolerancia a la crítica. Entonces, ni siquiera Cavallo, Kachanowski o Carlos Rodríguez, que comparten el ideario liberal y la intención de abrir la economía, pero mantienen o proponen algunas reservas y modificaciones, son bien aceptados. Inmediatamente se los descalifica y se los pone en determinado lugar. Antes se hablaba más de "conchano"; ahora, lamentablemente, los epítetos suelen ser mucho más gravosos. Pero no importa. Lo que vemos es que el Gobierno ya le hizo un rumbo y es muy difícil que lo cambie, porque el Presidente está abrazado a eso y entiende que le da rédito. Entonces, cuando a algunos les dicen: «Bueno, pero el arco cada vez se aleja más», porque, en principio, 2024 y 2025 iban a ser los años en los que la economía iba a despegar de manera brutal, después dijeron que los mejores meses empezaban en abril de este año. Pero los mejores meses no empezaron en abril de este año y ahora el arco ya está en 2028, cuando eventualmente se reelija Milei, dentro de la intención del oficialismo. Siempre está la idea de que, si la realidad no llega, es un problema de la realidad. Hay un planteo un poco hegeliano: "Estas son mis ideas. Si coinciden con la realidad, bien; y si no, peor para la realidad".
Sí, me parece que la mayoría de los gobiernos más o menos operan en ese plano. Una pregunta que nos hacíamos el otro día era hasta qué punto la ecuación político-económica de Milei le puede resultar positiva o negativa el año que viene. Si una parte del análisis dice que la gente vota con el bolsillo y mira su metro cuadrado, y ese metro cuadrado en la mayoría de las personas está hoy peor, otra parte sostiene que la gente está harta de lo tradicional y buscó en Milei, por un lado, esperanza y, por otro, canalizar la bronca. Yendo ya con tres años y medio de gestión a una campaña, ¿cómo entendés vos que puede jugarse ese partido entre esas dos variables?
Tiene que combinar un poco de las dos. Porque, cuando vos mirás los distintos estudios de opinión, las encuestas, el índice de confianza en el Gobierno de la UTDT, etcétera, todos coinciden en que el Gobierno tiene actualmente entre 35% y 40% de aprobación. Está en el piso: supo conocer otros momentos en los que llegó al 57% o 58%, pero ahora hace rato que está tan estancado en ese piso como la economía.Por un lado, ese es el medio vaso lleno: no está mal para arrancar una campaña de reelección. ¿Dónde está el medio vaso vacío? En que, si llega una segunda vuelta, el otro 60% está muy disconforme. Por eso creo que el Gobierno apunta a la modificación, suspensión o eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), porque entiende, no solo desde lo político, que lo pueden perjudicar, sino también desde lo económico. Si la elección empieza antes y hay incertidumbre respecto del resultado, los mercados, como un poco ya han comenzado a demostrar, pueden profundizar sus movimientos en los próximos meses por temor a que eso termine jugando en contra del Gobierno. Ahora, hay gente que, como bien decías vos, vota por el resultado del bolsillo, pero hay otros que son más resistentes a eso. Porque, a lo largo de la historia argentina, y no nos vayamos tan lejos, desde 1983, desde la restauración democrática, muchos gobiernos que fueron a la reelección no lo lograron, pero fueron en pésimas condiciones y obtuvieron volúmenes importantes de votos. Por ejemplo, yendo de atrás para adelante, Sergio Massa fue a las elecciones con una inflación de tres dígitos y sacó el 44%: el 37% en la primera vuelta y el 44% en el balotaje. Mauricio Macri, en 2019, en medio de una corrida cambiaria, sacó el 40% o el 42% en la primera vuelta. Me podrán decir, y con razón, que ambos perdieron. Es cierto, pero demuestran que, aun con resultados y un entorno desfavorables, hay otros elementos que tienen que ver también con el rechazo a quien está enfrente. Entonces, creo que el Gobierno sabe que ese 40% podría ser alcanzable aun en una economía de tono mediocre, pero para eso necesita inspirar miedo en la oposición y que, por supuesto, esta oposición no tenga la alternativa de una segunda vuelta en la que, finalmente, los votantes, independientemente de los acuerdos dirigenciales, se podrían unir para terminar este capítulo.
Gustavo, clarísimo. Muchas gracias por tu análisis. Volveremos a estar en contacto y te mando un abrazo.
Un fuerte abrazo para vos. Gracias por llamar.
LMM









