El triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil abrió interrogantes sobre el avance de la derecha en América Latina y el alcance de la denominada ola azul. Para el politólogo y sociólogo Gabriel Puricelli, las elecciones se definen principalmente por factores nacionales, aunque los gobiernos de derecha mantienen una cooperación internacional que puede fortalecer sus posiciones políticas.
En una entrevista en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190) Puricelli analizó las diferencias entre las estrategias de la derecha y el progresismo, la búsqueda de liderazgos con mayor claridad programática y las dificultades de la oposición argentina para consolidar una alternativa al gobierno de Javier Milei. En ese escenario, destacó el crecimiento de Myriam Bregman en las encuestas y sostuvo que la dirigente está ubicando a la izquierda trotskista en un lugar que no ocupa en ningún otro país del mundo.
Gabriel Puricelli es un licenciado en Sociología, egresado de la Universidad de Buenos Aires. Cursó una maestría en Estudios Internacionales en el Instituto Torcuato Di Tella. Se desempeña como profesor en la especialización en Estudios Contemporáneos de América y Europa en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Además, ejerce como coordinador del Programa de Política Internacional en el Laboratorio de Políticas Públicas.
Hola, Gabriel, ¿cómo estás? Acá Agustino Fontevecchia te saluda.
¿Cómo están? Buenos días.
Muy bien. Quería charlar un poco. ¿Cómo estás viendo el panorama, calculo que sociopolítico, en la región y en el contexto del triunfo de Lula en Brasil? Quizás la pregunta que me parece más relevante hoy, y yo creo que tengo una opinión, es el triunfo de Lula frente a lo que era una casi victoria segura de Bolsonaro. Es el triunfo de Lula y es el primer gran acto de resistencia, digamos, contra la ola azul. Marca un quiebre y se viene algo distinto hacia adelante. Es un caso aislado. ¿Cómo lo estás leyendo vos?
La premisa para responder tu pregunta es que las elecciones se definen por coordenadas nacionales. Creo que es oportuno decir esto después del análisis tan extenso que compartió con vos recién Gustavo Marangoni. Las elecciones realmente se definen en coordenadas nacionales. Lo que el electorado de cada país decide, con bastante independencia de lo que sucede en otros países, tiene, sí, implicancias para la política internacional. Para la política internacional no resulta para nada indiferente que haya prevalecido Lula y no haya triunfado Flávio Bolsonaro, porque, efectivamente, Brasil, sexta economía del mundo, es un contrapeso muy importante para el despliegue de la doctrina de Donald Trump y Estados Unidos. Si hubiera habido un cambio de gobierno, las consecuencias para la política internacional hubieran sido notorias. Pero yo no me adelantaría a hilar lo que seguramente será, el martes que viene, una derrota de los republicanos en Estados Unidos con el triunfo de Lula, para decir que inevitablemente en elecciones sucesivas en otros lugares se va a dar el mismo resultado. Lo vamos a poder comprobar rápidamente si hay una continuidad o no con las elecciones españolas del 29 de noviembre. Pero justamente, para reforzar mi argumento de que las elecciones se definen en coordenadas nacionales, seguramente el accidente de tren, el nuevo accidente de trenes en España, sea un factor que esté muy presente en la cabeza de todos los españoles cuando vayan a votar. Y eso mismo hace que los españoles no estén pensando ni en lo que pasó en Brasil ni en lo que pasó en Estados Unidos.
Comparto y, de todas maneras, pongo sobre la mesa una característica dual de estos movimientos sociopolíticos de época, porque yo también creo que lo de Lula es una particularidad de Lula como candidato y del proceso de la elección de Brasil, de haber podido utilizar recursos extraordinarios para hacerlo, pero también de tener el carisma y las herramientas para sumar 10 millones de votos. Pero después uno va hacia atrás y mira el continente, por lo menos Sudamérica, y es real lo de la ola azul, que lo podemos comparar con lo que fue la ola rosa, ¿no? Y después mira lo que es Milei, lo que es Bolsonaro, lo que es Trump, y ve que hay un hilo conductor estético, yo creo que más estético que político-ideológico. Entonces, en algunos momentos estos procesos son domésticos, pero en otros momentos tienen empuje regional.
Sí, por supuesto. Estos líderes y, particularmente, la internacional reaccionaria, que es la que está predominando en el campo de la derecha, cooperan de manera muy intensa entre sí. Entonces, una vez que han logrado ser electos, a veces con variaciones muy pequeñas de la opinión doméstica —porque Abelardo de la Espriella es, sin ninguna duda, el presidente más extremista que haya elegido Colombia nunca, pero su elección no es el resultado de lo que en Estados Unidos se llama un landslide, ¿no?—, ganan por una diferencia mínima. Pasa lo mismo, por una diferencia mínima, todavía inferior, ínfima, en el caso de Perú con Keiko Fujimori. Una vez que son electos, entre los mandatarios de la internacional reaccionaria la cooperación es muy intensa. No se da necesariamente lo mismo entre los mandatarios que coincidieron como progresistas al mismo tiempo. Recordemos el conflicto que opuso durante un año largo a Néstor Kirchner con Tabaré Vázquez. Recordemos que durante los primeros cuatro años de Néstor Kirchner las relaciones con Brasil no fueron las mejores y no avanzó demasiado el Mercosur. Es decir, lo que vemos es que los pueblos votan con bastante independencia de lo que pasa en el país de al lado. Y después hay unos líderes que deciden cooperar intensamente. Esos son los de la internacional reaccionaria. Paradójicamente, los progresistas, que teóricamente vienen de una tradición internacionalista, han tendido a cooperar menos, a potenciarse menos entre sí.
Sí, sí. Y yo tengo la teoría, lo vengo planteando en algunos editoriales y en algunas columnas, de que es una cuestión de tiempo que empiecen a aparecer los llamados “Milei zurdos”, que creo que no son parecidos a lo que han sido históricamente los partidos de izquierda o, inclusive, en Argentina, el partido de Myriam Bregman y la izquierda del FIT tradicional. Creo que algo todavía no emergió, algo que surge de una combinación, como decía antes, estética y tecnológica. Y creo que en algún momento van a cambiar la tendencia, van a empezar a aparecer estos liderazgos. No sé qué opinión tenés sobre ese concepto.
No, creo que efectivamente hay una búsqueda en los electorados, tanto de derecha como progresistas, de mayor nitidez y mayor contundencia programática. Y estamos viendo en las elecciones de Estados Unidos, sobre todo en las internas del Partido Demócrata, un avance de la izquierda del partido, donde la renovación que traen estos candidatos de izquierda no es su condición de ser programáticamente más progresistas que el ala centrista del Partido Demócrata, sino, como vos decís, que traen una estética. Pero, sobre todo, traen una nitidez programática. Recuperan temas que la socialdemocracia en Europa y el progresismo, más genéricamente en América Latina, tendieron a dejar de lado, que son los temas que en Estados Unidos se llaman bread and butter issues, las cuestiones que se discuten en la mesa familiar. Vemos en la recuperación del Partido Democrático en Italia, con un liderazgo más nítido como el de Elly Schlein, un fenómeno de esas características. El hecho de que, ante un escenario tan adverso, haya logrado sostenerse durante ocho años Pedro Sánchez, siendo claramente el más nítidamente socialista, o el hombre más nítidamente de izquierda en la familia socialista en Europa, también abona esa tesis. Creo que es el tiempo de la nitidez, y no voy a decir el tiempo de la radicalidad, porque, en este sentido, la radicalización de los sistemas políticos es enormemente asimétrica. Los candidatos más izquierdistas en los partidos progresistas hoy se sitúan donde estaba la socialdemocracia en los años 60, mientras que la extrema derecha no le hace asco a ninguno de los temas que hicieron popular a la extrema derecha en la segunda década del siglo XX.
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Y en términos de nitidez, hagamos una lectura de Argentina, ¿no? O sea, creo que comprendo tu concepto de nitidez cuando pensamos en Milei. ¿Alguien más tiene nitidez? ¿Alguien más puede plantear nitidez? ¿Cómo ves el ecosistema argentino?
La verdad es que no veo en este momento que nadie esté aprovechando, o pudiendo aprovechar, las condiciones que son muy adversas por la situación económica, por la agresividad del gobierno de Milei y por las divisiones internas del peronismo, para que emerja ese tipo de liderazgo. Creo que podemos identificar en el Parlamento algunas figuras que han aprovechado su presencia allí para perfilarse con claridad, pero que, por el momento, no pasan de ser parlamentarios destacados. Se me ocurren Natalia de la Sota, de Córdoba, y Esteban Paulón, de Santa Fe, que ahora ha sido candidato en la ciudad de Buenos Aires. Pero, por el momento, no se cruzan las condiciones de la organización de la oposición, de un sistema político con menos ruido y menos fragmentación, como el que tiene la Argentina, para que esa nitidez tenga efecto. Por supuesto, olvido mencionar a Myriam Bregman, que está poniendo a la izquierda trotskista en las encuestas en un lugar que la izquierda trotskista no ocupa en ningún lugar del planeta. Y creo que ese es un mérito para destacar, aunque, por supuesto, dado el perfil programático de esa fuerza, dado que se trata de una fuerza reacia a las alianzas que ellos llaman frentepopulistas, es una nitidez que puede rendir hasta 100 puntos. Le puede servir tranquilamente para duplicar sus resultados y, siendo así, ya sería un resultado extraordinario e histórico, pero probablemente no para cambiar las coordenadas de la política argentina. Insisto, me parece que para que la nitidez pague en Argentina hace falta que se ordenen otros factores antes, porque los ejemplos que yo di antes muestran que la nitidez de Pedro Sánchez paga, pero porque antes de Pedro Sánchez está el Partido Socialista Obrero Español. La nitidez de Elly Schlein en Italia paga, pero porque antes está el Partido Democrático y la vieja tradición del Partido Comunista Italiano. Los candidatos de Estados Unidos brillan y se aproximan cada vez más al poder porque existe el Partido Demócrata. En Argentina, el gran partido de oposición, que es el peronismo, no está contribuyendo a que emerjan esos liderazgos, no está interactuando con esos liderazgos de modo tal de alimentarse mutuamente entre el poder organizativo, la identidad fuerte que tiene el peronismo y estos liderazgos emergentes.
Clarísimo, Gabriel. Muchísimas gracias por tu aporte. Seguiremos en contacto. Te mandamos un saludo.
Gracias a ustedes por la convocatoria.
LMM








