En una nueva emisión de Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), el politólogo Facundo Cruz, analizó las claves estadísticas de la remontada de Lula da Silva en Brasil y reveló que solo dos oficialismos en el mundo lograron revertir un segundo puesto en un balotaje desde 2020, además explicó cómo el PT movilizó a tres millones de nuevos votantes y advirtió que Javier Milei quedará en una posición similar a la de Sergio Massa en 2023.
Facundo Cruz es licenciado en Ciencia Política por la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), magíster en Análisis, Derecho y Gestión Electoral y doctor en Ciencia Política, ambos títulos obtenidos en la Universidad Nacional de General San Martín. Trabaja en consultoría política e investigación aplicada con foco en elecciones, partidos políticos y democracia. Dicta clases de grado y posgrado en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Torcuato Di Tella, es coordinador general del Observatorio Pulsar e integrante del Centro de Investigación para la Calidad Democrática.
Hola, Facundo, bienvenido a Modo Fontevecchia.
Muchas gracias por la invitación.
Estuvimos durante todo el programa charlando sobre lo que pasó en Brasil desde un punto de vista electoral y qué extrapolación podemos hacer para la región y la Argentina. Y uno de los temas que creo que hoy está en disputa es que, como el debate por lo general es binario en las personas y no es complejo, muchos empezaron a decir: "Se terminó la ola azul", o sea, se terminó la dominancia hegemónica victoriosa electoral de los partidos de derecha o extrema derecha, y lo de Lula marca un cambio de viento, un cambio de época casi, que esperan que se vea reflejado en otros procesos electorales. Yo creo que es un análisis muy simplista, pero además tenemos en el horizonte muy cercano que tuvimos elecciones en Israel, tuvimos elecciones en Estados Unidos, tenemos elecciones en España, y todo eso nos prepara el momento para entrar en el proceso electoral nuestro el año que viene, y todos estos procesos están atravesados justamente por una polarización extrema. Entonces, quizás con esa intro —que fue más un comentario que una pregunta, perdón—, danos tu lectura de lo que pasó y lo que estás viendo.
Te voy a contestar con una muletilla usual entre politólogos, y es que es más complejo. La realidad es que estamos analizando las elecciones de la pospandemia con el espejo de lo que fueron las elecciones de la prepandemia. Y veníamos acostumbrados a ciclos políticos largos. Si tomamos primero la transición a la democracia en América Latina, vamos a ver que los primeros gobiernos fueron gobiernos de transición y después, a partir de la década del 90, comienza el ciclo político del Consenso de Washington. Y el grueso de la región, salvo algunas excepciones, estuvo gobernado por gobiernos de corte de centroderecha, ubicados en el centro, o algunos que tuvieron una metamorfosis entre el proceso electoral y la asunción del gobierno, como el caso del peronismo bajo el liderazgo de Carlos Saúl Menem. Después, con el comienzo de la década del 2000, empieza el ciclo político largo de la centroizquierda o la "ola rosa" —que en realidad comienza unos años antes con la victoria de Hugo Chávez en Venezuela—, y después vino un ciclo también, dentro de todo, largo, de gobiernos de centro y centroderecha. ¿A qué voy con esto? A que antes de la pandemia estábamos acostumbrados a estos ciclos largos. En la pospandemia lo que tenemos son ciclos políticos cortos, producto de una alternancia recurrente. Entonces, los gobiernos ya no tienen dos o tres mandatos para implementar reformas, sino que tienen uno solo. Con lo cual es complejo hablar de una ola de derecha, o una ola de izquierda, o una ola que inicia o una ola que se corta, porque en realidad lo que estás teniendo es cierta sincronización en varios países, en donde van apareciendo gobiernos de derecha o de centroderecha, gobiernos de izquierda o de centroizquierda, y eso aparece como consecuencia general de la alternancia corta en cada uno de los países Yo no lo clasificaría como una oleada, sino más bien como un proceso de transición hasta que los sistemas políticos globales se acomoden. Porque esto no es algo que tampoco afecte solamente a América Latina: las derrotas de los oficialismos están concentradas en Sudamérica; en el resto del mundo los oficialismos todavía son competitivos y ganan más elecciones que las que pierden —en menor medida que en la prepandemia, pero siguen ganando más de lo que pierden—, y la realidad es que tenemos que esperar a que se acomoden los ciclos políticos, los procesos políticos y los sistemas políticos en la pospandemia.
Fueron un montón de temas. A ver: si uno saca una foto pintando de rojo y azul el mapa de Sudamérica, si llegaba a ganar Flávio Bolsonaro había una conversión total, ¿no? Entiendo que más allá de si después eso se convertía en una situación hegemónica, creo que indudablemente hubo una tendencia, ¿no?
Bueno, a ver: vos tendrías una oleada si esa ola también fuera una ola larga y abarcara a todo el continente. Vos lo que tenés o lo que estamos viendo es Sudamérica, y en Sudamérica tenés mayoría de gobiernos de centroderecha o de centro, incluso. También es difícil, por ejemplo, clasificar el gobierno de Rodrigo Paz en Bolivia; todavía no queda claro si va a ser un gobierno de centroderecha o de centro, acaba de comenzar su presidencia. Paraguay, por ejemplo: el Partido Colorado es el partido dominante, casi hegemónico de la política paraguaya. Es un gobierno que ha gobernado junto con el mercado, pero también ha implementado ciertas políticas redistributivas y tiene a su lado un competidor, que es el Partido Liberal, que se ubica más en la centroderecha. El Partido Colorado históricamente es un partido de formación nacional-popular; lo que ocurre es que es un partido político que ha gobernado muchos años en Paraguay y es prácticamente el establishment paraguayo. La disputa política en Paraguay está al interior del partido, no entre los partidos. También sería medio difícil clasificarlo como un gobierno de derecha o al extremo de la derecha. En Uruguay está gobernando el Frente Amplio y en Brasil acaba de ganar Lula. Es cierto que tenés un mapa sudamericano más pintado de azul que de rojo, pero creo que es difícil hablar justamente de estas oleadas porque lo que creo es que son ciclos cortos. Yo hablaría de una ola cuando tenemos ciclos políticos más largos.
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Bueno, podríamos buscar un nuevo término que implique una pequeña olita. "Maremoto en una palangana", me dijo alguna vez Eduardo Duhalde. Ahora, hay una tendencia, que es una estética —yo la llamo estética más que ideología— de la nueva derecha, que claramente fue de cero a cien muy rápido y que hoy se ha constituido como una fuerza política de envergadura en Latinoamérica y, yo diría, en gran parte de Occidente, que gana y pierde elecciones, pero gana bastantes. Y el otro día perdió. Y perdió, diría, para usar una metáfora futbolera, porque Lula tiró todo el equipo para adelante y metió un gol de cabeza en el minuto 95. ¿Qué quiere decir eso?
Bueno, Lula es un mito político, es un mito político viviente. Lo del domingo pasado creo que es singular por dos razones. Primero, y referenciado a lo que veníamos charlando recién, por esta ola de derrotas oficialistas. Yo recién te decía que a nivel global los oficialismos siguen siendo competitivos —ganan menos que antes de la pandemia—, pero mirá Europa, por ejemplo, que es una región que vos podés comparar con América Latina porque las credenciales democráticas son similares. Si vas a ver África o vas a ver Asia, tenés muchos regímenes autoritarios con elecciones o regímenes políticos híbridos, donde la cancha está mucho más inclinada a favor del oficialismo; y en África y en Asia los oficialismos ganan 9 u 8 de cada 10 elecciones. Entonces, sacando un poco esos casos y tomando Europa, en Europa de cada 10 elecciones, 6 las ganan los oficialismos y en 4 hay derrotas. Ahí seguís teniendo una mayoría de victorias oficialistas antes que derrotas. Si vas a América, a todo el continente, desde América del Norte hasta Sudamérica, de cada 10 elecciones los oficialismos ganan 5, tomando en cuenta legislativas, presidenciales y elecciones generales. Y si vas a Sudamérica, las victorias oficialistas son 3 de cada 10. Entonces, las derrotas oficialistas están concentradas justamente en Sudamérica, lo que te decía antes. Lula rompe un poco este patrón: es uno de los pocos presidentes de la pospandemia que logra romper esta tendencia más derrotista de los oficialismos. Y aparece un segundo dato. Si vos tomás todos los balotajes que se celebraron a nivel global desde 2020 hasta 2026, hubo 43 balotajes en total, en elecciones de sistemas presidenciales y semipresidenciales. De esos 43 balotajes, hubo 13 en donde el oficialismo llegó segundo, entró segundo al balotaje. Y solamente dos candidatos presidenciales lograron revertirlo, es decir, que salieron segundos pero salieron después primeros en el balotaje: uno es el caso del candidato polaco de derecha del partido Ley y Justicia en 2025, y el segundo caso es Lula, a nivel global.
Ahora, analicemos eso tratando de extrapolarlo a lo que puede llegar a pasarle a Milei el año que viene. O sea, vos entrás en un balotaje en un ecosistema de mucha polarización como el segundo. En el caso de Brasil, fue con solo dos candidatos competitivos; en el caso de Milei, cuando gana, fue en el caso de tres fuerzas políticas competitivas, ¿no?, lo cual lo hace un poco distinto. Acá, pensando en el año que viene, probablemente haya dos fuerzas y media competitivas, pero más fragmentación, o sea, es un ecosistema distinto. Llevando por el escenario de lo que podría darse de acá a las elecciones en Argentina...
¿qué podemos aprender del balotaje brasilero para un posible balotaje argentino? Bueno, primero hay que esperar a que se configure la oferta. Lo que tenemos hoy es demanda electoral, un tipo particular de demanda electoral, pero la oferta todavía no está montada sobre esa demanda electoral y hay que ver cómo se empieza a mover esa demanda en virtud de la oferta, si es que se mueve. Pero ¿qué podemos aprender del balotaje y qué pasa con esto de salir primero o salir segundo? Lo que logró Lula, yo antes te decía que es singular por dos cuestiones. La primera ya te la mencioné. La segunda es que Lula es el único candidato en la democracia brasileña, desde el retorno a la democracia en Brasil, que logra un salto de participación electoral entre la primera vuelta y el balotaje: logró casi dos puntos porcentuales de aumento de participación electoral, son casi 3 millones de votantes más. Porque en Brasil casi siempre la misma cantidad de gente que vota en la primera vuelta vota en el balotaje; no aumenta como en nuestro caso en Argentina. Entonces, lo que logró ahí Lula fue mover a los desmovilizados. De hecho, el dispositivo político del PT apuntó a tres tipos de electores: a los desmovilizados, que eran los que no habían votado en la primera vuelta y tenían que movilizar para el balotaje; a los indecisos, que habían votado en blanco o voto nulo; y a los ajenos, que habían votado a los terceros candidatos. Entre desmovilizados e indecisos, Lula capturó la mayoría de esos votantes. Y de los ajenos, capturó una porción un poco menor, pero destacada, sobre todo de quien salió tercero. Entonces, vos ahí tenés una estrategia política que lo que llevó fue a convocar a una parte importante del electorado brasileño a que votara al candidato oficialista. Y esto es un aprendizaje para el balotaje nuestro del año que viene. Lo que uno esperaría de los candidatos presidenciales el año que viene, tanto del oficialismo como del opositor o quienes lleguen al balotaje, es que traten de capturar los votos de las terceras fuerzas, pero sobre todo de capturar a los desmovilizados y a los indecisos. ¿Qué hizo Lula para lograr esto? Bueno, básicamente implementó un conjunto de políticas públicas, tanto antes de la primera vuelta como entre la primera vuelta y el balotaje. Anteriormente, Lula también había tomado medidas con un decreto y medidas administrativas en Brasil respecto de las apuestas en las plataformas. Ofreció toda una batería de políticas públicas que fue a atender demandas sociales concretas. Y al mismo tiempo generó encanto, generó afecto, generó cercanía, le habló a la ciudadanía. Hubo un dispositivo político, como estamos viendo en la pantalla, que básicamente movió a la ciudadanía: no fue solamente una campaña en redes, fue una campaña en el territorio. Pero para eso uno tiene que acercar una propuesta positiva a la ciudadanía para lograr capturar a desmovilizados y ajenos. Va a depender de que el dispositivo político de oficialistas y opositores el año que viene apunte a estos tres electorados, pero al mismo tiempo logre combinar una campaña territorial con una campaña digital que vuelva a despertar el encanto con la política.
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Claro. Entonces, haciendo lo que no querés que haga, que es un contrafáctico sobre lo que va a pasar: Milei va a ser candidato del oficialismo e imagino que va a lograr unificar la oferta de derecha y de centro, que implicaría retener a Patricia Bullrich, tener una alianza con el PRO y que no haya mucho suelto desde los radicales. Y luego, en la principal oposición, podemos imaginar que en algún momento de fondo acuerden en el peronismo y tengamos a Kicillof de candidato, y después tengamos a dos o tres fuerzas más: alguna que puede ser de los gobernadores, o de Córdoba, o algo más de centro, la fuerza de izquierda y algún intento de sorpresa. Y asumiendo que entre las dos principales fuerzas se llevan —decime si los números los pongo bien— dos tercios y el otro tercio lo dividimos entre el resto, la disputa es entre el uno y el dos. ¿Cuánto cambia para Milei, entonces, llegar primero o llegar segundo en un ecosistema de 30 o 35 puntos para cada una de esas fuerzas? ¿Mucho, poco, todo?
A ver, te redoblo la apuesta.
¿Está mal mi ejemplo?
No, el ejemplo está perfecto y hoy, con cómo asumimos que va a ser la oferta el año que viene, los estudios de opinión pública te están mostrando que la distribución de la intención de voto es la que vos indicás: entre el 60 y el 70% se distribuye entre La Libertad Avanza y el peronismo, y el 30 o 40% restante entre terceras fuerzas, indecisos o quienes no saben si van a ir a votar todavía. Pero el punto es que el año que viene Milei va a estar en el lugar de Sergio Massa en 2023. En 2023, Sergio Massa tuvo que salir a dar respuestas por la economía y por el estado de la economía, sobre todo en el último semestre antes de las elecciones de 2023. El año que viene, Javier Milei va a tener que hacer lo mismo: salir a dar respuestas al electorado sobre el estado de la economía en esos últimos tres meses —un año, tal vez—, que es lo que queda en la memoria más cercana de cuando los ciudadanos argentinos van a votar. Entonces, si da una respuesta acorde y creíble, toma lo de Lula —por ejemplo, que implementó determinadas medidas previo a las elecciones que terminaron, como vemos con el diario del lunes, impactando positivamente en el voto al oficialismo— y al mismo tiempo logra recuperar un poco ese encanto que tuvo en la elección de 2023, entonces tendría buenas chances el año que viene para reelegir. Pero tiene que combinar toda esta serie de elementos, y sobre todo tiene que dar una respuesta creíble a la ciudadanía en términos de por qué la economía está como está y qué es lo que debería esperar la ciudadanía argentina si él logra ser reelecto, que es lo que tuvo que hacer Sergio Massa entre las PASO de 2023 y la primera vuelta de 2023. Y cuando lo hizo, estuvo muy cerca de ser presidente electo en primera vuelta. Después, cuando llegó al balotaje, el oficialismo peronista cumplió con la regla que teníamos de la política argentina, que es que el peronismo, cuando llega al balotaje, pierde las elecciones. Había un solo antecedente, el año 2015, pero confirmado con el año 2023, el peronismo cuando llega al balotaje como oficialismo pierde las elecciones. Ahora, tal vez Javier Milei se ubique en esa tradición argentina que tiene al peronismo llegando al balotaje y perdiendo las elecciones. ¿Qué quiero decir con esto? Que si no logra dar una respuesta creíble de por qué la economía está como está y cómo va a estar en un futuro, bueno, va a estar en el mismo lugar que Sergio Massa en 2023: al dar una respuesta que no termina siendo convincente, el grueso del voto opositor se nuclea detrás de una alternativa peronista en un balotaje y pierde la elección. Pero va a depender de que tome en cuenta un poco lo que venimos charlando sobre la elección en Brasil.
Me pareció muy didáctico y te agradezco que te hayas prestado a ponerle ciencia a mi futurología. Con eso llegamos al final del programa. Muchas gracias, Facundo.
A vos por la invitación, un placer.
LP









