miércoles 06 de julio de 2022
AGENDA ACADéMICA Agenda Académica

Eduardo Donza: “El principal problema del empleo no es la desocupación, es la precariedad laboral”

El especialista en mercado de trabajo y desigualdad analiza el impacto de la pandemia en el sector. Microformalidad, economía social y "trabajadores pobres". Los efectos del cierre de aulas en la salida laboral de los jóvenes. Y la "latinoamericanización" que sufre Argentina.

03-06-2022 15:04

Doctorando en Sociología, magíster en Generación y Análisis de Información Estadística, investigador del Programa del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), donde dirige el Área de Trabajo y Desigualdad, y del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Eduardo Donza se especializa en mercado de trabajo y desigualdad social y esta semana participó de la Agenda Académica de Perfil Educación. “El principal problema del empleo no es la desocupación, es la precariedad laboral. Esto ocurre porque el mercado de trabajo depende de la estructura productiva. Por más políticas de empleo que se puedan desarrollar, si la estructura productiva no acompaña, no se van a generar más puestos de trabajo de calidad. Cuando se analiza la estructura productiva argentina, tenemos que un 15 por ciento trabaja en el sector público, cerca de un 35 por ciento en el sector privado formal y casi un 50 por ciento en un sector microinformal”, sostuvo.

Docente de “Políticas de Trabajo y Empleo” en la carrera de Relaciones Laborales en la Universidad Nacional de La Matanza y de “Metodología de la Investigación” en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Donza es autor de varias decenas de ensayos, entre libros, informes y papers, como “Crisis y parcial recuperación del empleo en tiempos de Covid-19. Brechas estructurales en los mercados laborales de la Argentina urbana (2010-2021)”, “El núcleo duro de la marginalidad laboral en la Argentina: 2010-2014” y “Estado de la situación del trabajo infanto juvenil. Niños, niñas y adolescentes entre 5 y 17 años en la Argentina urbana”, “Inserción sectorial, precariedad e ingresos laborales en la Argentina urbana (2020-2016)”, y coautor de “Capacidad de Desarrollo Hurbano y derechos laborales en la población urbana al final de la década 2010-2019. El desafío de la Argentina frente a la pandemia social y sanitaria” y “Deterioro del empleo y trabajadores pobres en tiempo de Covid-19”. “El sector microinformal es un problema central en el mercado de trabajo de toda la región. Pero lo que es solo argentino, es la decadencia que se observa en este sector o lo que algunos autores analizan como el proceso de latinoamericanización del mercado laboral en Argentina. Hace algunas décadas había aspectos que eran propios de América Latina pero no se veían en Argentina. Es un fenómeno que se refiere a la venta ambulante, a cocinar y vender comida en la calle, a los que limpian parabrisas o a los cartoneros”, completó

—Argentina tenía siete millones de trabajadores registrados en 1974. Hoy la cifra es similar, a pesar de que se duplicó la población. ¿Cómo se explica este fenómeno?

Se explica por una tendencia de la precarización en el mercado de trabajo. En la actualidad, casi el 50 por ciento de los trabajadores no participan del sistema de seguridad social, que es el indicador que se usa para identificar la precariedad laboral, los trabajadores no registrados. Cuando uno toma los asalariados, al 32 por ciento de los asalariados no se les realiza el pago jubilatorio. Y cuando uno analiza a los trabajadores por cuenta propia, casi el 70 porciento no paga aporte como autónomos o monotributistas. El principal problema del mercado de trabajo no es la desocupación, es la precariedad laboral. Esto ocurre porque el mercado de trabajo depende de la estructura productiva. Por más políticas de empleo que se puedan desarrollar, si la estructura productiva no acompaña, no se van a generar más puestos de trabajo de calidad. Cuando se analiza la estructura productiva argentina, tenemos que un 15 por ciento trabaja en el sector público, cerca de un 35 por ciento en el sector privado formal y casi un 50 por ciento en un sector microinformal.  Esto es la informalidad medida desde la estructura productiva. Esto retoma los estudios de tipo estructuralistas, de la CEPAL en la década del  50 y del 60. Lo empezó Prebisch, después lo ha seguido Pinto. Lo toma toda la teoría del subdesarrollo que planteaba Fernando Henrique Cardozo y Faletto, aquello de que el problema principal en los países subdesarrollados es esta dualidad en la estructura productiva. Hay una parte de la estructura productiva que tiene alta productividad, que genera buenas ganancias, que tiene a gran parte de sus trabajadores protegidos, es decir que son trabajadores que están declarados en la seguridad social, que tiene estándares de generación de bienes y servicios de calidad internacionales. Y otra parte de la estructura productiva que es de establecimientos chicos, que poseen baja productividad y de trabajadores por cuenta propia de baja calificación. Entonces, lo que vemos es que la persona que está desocupada muchas veces se inventa un trabajo. Pueden ser los recicladores de residuos, comúnmente conocidos como cartoneros, la venta ambulante, los jóvenes que limpian un parabrisas en una esquina y que piden una contribución, una actividad casi rayando con la mendicidad. Tenemos así una parte de la estructura productiva que va por una autopista y la otra va por una colectora, que cada tanto tiene un lomo de burro o un pozo que detienen la marcha. De ahí viene la dualidad de la que no hemos podido salir en el mercado de trabajo en la Argentina. Al contrario, vemos que se agrava cada vez más.

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Donza advierte sobre el fenómeno de la precarización laboral que presenta la Argentina y su impacto en la economía social.

—Acaba de citar a Cardozo y Faletto, con su ya clásico Dependencia y desarrollo en América Latina, que analiza la inserción de la región en el capitalismo occidental de las últimas décadas del siglo pasado. ¿Cuál es la diferencia entre la situación que describe sobre el mercado laboral argentino y el regional?

El sector microinformal es un problema central en el mercado de trabajo de toda la región. Pero lo que es solo argentino, es la decadencia que se observa en este sector o lo que algunos autores analizan como el proceso de latinoamericanización del mercado laboral en Argentina. Hace algunas décadas había aspectos que eran propios de América Latina pero no se veían en Argentina. Es un fenómeno que se refiere a la venta ambulante, a cocinar y vender comida en la calle, a los trabajadores que limpien parabrisas o a los cartoneros. Mientras en América Latina los procesos fueron inversos, porque si analizamos países grandes, como Brasil, pero también países más chicos como Paraguay, Chile, vemos que hubo un mayor desarrollo y progreso, que se fue afianzando en una mayor incidencia de las clases medias. En cambio, en la Argentina, que tenía una clase media más expandida, los procesos fueron inversos en lo que afecta al mercado laboral.

—En sus investigaciones sobre brechas estructurales en los mercados laborales de la Argentina urbana entre 2010 y 2021), usted demuestra que “la crisis socioeconómica derivada del Covid se inscribió en un contexto previo de desigualdades estructurales en el mercado laboral y de asimetrías productivas que nuestro país ha venido recreando durante las últimas décadas”. ¿Cuánto tiempo le llevará a la Argentina poder recuperar el mercado laboral a partir de estas dificultades anteriores a la pandemia?

—Para recuperar el mercado laboral hasta lograr un nivel de calidad aceptable y generar una tendencia de mejoras en forma sostenida, vamos a necesitar un mínimo de diez años. Porque, en lugar de mejorar, lamentablemente, en Argentina hay un agravamiento del problema laboral que ya venía de antes y que la pandemia profundizó. Hoy tenemos una estabilización en valores muy elevados del porcentaje de trabajadores en situación de precariedad laboral. Lo vemos en el sector microinformal, donde se marca mucho la precariedad. Y eso se ve muy claro desde décadas de 1970 y 1980, cuando finaliza el proceso virtuoso de la sustitución de importaciones. Desde entonces va creciendo este sector microinformal de la economía. No es que va ganando en sí, sino que decae la estructura productiva y los puestos de trabajo que se van generando, las posibilidades de empleo, las posibilidades de inventarse un trabajo, son en ese sector de menor calidad de la estructura productiva. Lamentablemente no pudimos salir de esa situación.

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Donza es sociólogo y dirige el Área de Trabajo y Desigualdad del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA.

—¿En Efectos de la pandemia Covid-19 sobre la dinámica del trabajo en la Argentina urbana usted sostiene que entre 2017 y 2020, el porcentaje de trabajadores pobres pasó de 15,5% a 27,4%. ¿Cuáles son las características principales de lo que se define como un “trabajador pobre” y desde cuando comenzó este fenómeno en la Argentina?

Por definición, la característica principal de un trabajador pobre es que está viviendo en un hogar en situación de pobreza. Es un proceso que comienza en los 90, que sufre la crisis de 2001 y que no logra recuperarse, a pesar de las mejoras observadas entre 2002 y 2008. Para ese sector la pandemia fue un golpe muy importante. Estamos en una tercera generación de niños y adolescente que no vieron que el esfuerzo de sus padres y sus abuelos fue bien retribuido por la sociedad. En términos de teoría podemos referirnos a una reproducción de la pobreza. Alguien que nace en un hogar en situación de pobreza y que no puede salir de esa situación, porque los trabajos que puede conseguir son trabajos que no le permiten salir de la pobreza. Así se rompe la idea del progreso de la distribución más equitativa de los ingresos, se rompe la idea de la movilidad social ascendente, que era un orgullo y uno de los emblemas que teníamos los argentinos. Un 14,8 por ciento de los jóvenes entre 18 y 24 años no estudia, no trabaja ni busca trabajo. Cuando uno analiza a ese  grupo de jóvenes ve que un 65 por ciento son mujeres, que posiblemente se están encargando de las tareas del hogar. Muchas están cuidando a sus hijos, porque hay también una problemática de maternidad de mujeres muy jóvenes o adolescentes, con valores realmente elevados. Otras pueden estar cuidando a los hermanos más chicos, porque los padres tienen que salir a trabajar. Se encargan, tal vez, de cuidar a un adulto mayor que está en la casa o una persona con discapacidad, porque no hay un sistema de protección estatal. Y eso también es una hipoteca para esa mujer, porque le impide, si quiere, participar del mercado de trabajo. Además, es necesario analizarlo a la luaz del proceso inflacionario tan fuerte que sufre Argentina, algo que muy pocos países tienen y que impacta negativamente en los salarios, los precios y las condiciones de empleo.

—En Calidad del empleo y heterogeneidad estructural. 2010-2021, usted sostiene que “en 2021, se observaron diferencias de la incidencia de la desocupación según el nivel educativo alcanzado: un 14,8% de los activos que no llegaron a culminar los estudios secundarios y un 5,9% de los que si los culminaron se encontraban desocupados”. ¿Cómo afectará la calidad de empleo el impacto que la pandemia tuvo en la educación argentina”?

—Uno de los golpes grandes que tuvo la pandemia fue en la fase educativa. El cierre de los establecimientos educativos, las limitaciones para empezar a abrirse. Ahí se marcaron fuertemente las desigualdades. Porque no fue lo mismo para los niños y adolescentes de sectores medios y altos, que tienen conexión a internet y una computadora en la casa, con familiares y padres que los podían ayudar, que los niños y adolescentes más pobres, que en algunos casos lo único que tenían era un celular y maestros que haciendo mucho esfuerzo les llevaban las tareas para realizar a las casas. No es solo lo educativo lo que se perdió. Porque la escuela también forma en habilidades blandas. En la escuela no solo se imparten conocimientos, también se adquieren habilidades que necesitamos para el mercado del trabajo. Como cumplir un horario de entrada y de salida, aceptar las reglas de conducta y los horarios, tener que salir al recreo y volver en un momento determinado, pedir permiso y respetar autoridad. Son habilidades blandas que después se van a necesitar para insertarse al mercado del trabajo. Y lo que vemos es que uno de los problemas muy serios en el mercado de trabajo, es que muchos jóvenes no pueden sostener un tiempo de trabajo muy intenso o cumplir horarios. Y eso impacta mucho más después de la pandemia.

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Donza asegura que la pandemia tuvo un fuerte impacto en la educación y un grave efecto en la salida laboral de los jóvenes.

—En los últimos veinte años, los planes sociales pasaron de 200 mil a 4,5 millones. A partir de sus investigaciones, ¿cómo afecta al mercado laboral el aumento de los planes sociales”

Hay que aclarar que los programas de política de empleo con contraprestación son estrictamente necesarios y deben contunar porque son la forma de aumentar los ingresos de muchas familias. En la actualidad, lo que surge de datos nuestros en la UCA, como del INDEC, tenemos un 8 por ciento de la población en situación de indigencia. Los más pobres entre los pobres. A los que los ingresos que tienen no le alcanzan para los gastos que tendrían que tener para su alimentación al considerar la canasta básica alimentaria. Si no existieran los programas de transferencias condicionadas en su generalidad, pasarían al 18 por ciento de la población. Y la pobreza aumentaría en 5 puntos. Pero no alcanza con ellos para salir de la pobreza, tiene que mejorar el mercado del trabajo. Muchas de esas personas la única posibilidad que tiene es tener un programa social. Solamente un 20 por ciento no realiza una contraprestación loboral o de formación. Con respecto a la reinserción laboral, sería mejor que todos puedan realizar una contraprestación laboral o una formación profesional que los tendría que acercar a algún trabajo genuino. Ese es el gran desafío actual: cómo hacer que los programas de empleo se convierten en empleos genuinos. Hay mucho prejuicio por parte de los empleadores de tomar a un beneficiario de un programa de empleo. Yo no creo que complique la inserción laboral el tener un programa de empleo. Lo que sí puede incidir es la situación social en la que se encuentra el destinatario del programa de empleo, esa situación sí que complica a la inserción laboral, no el programa en sí. Porque el mercado de trabajo, aunque con el tiempo fue perdiendo peso relativo, es el principal distribuidor de recursos en la sociedad. El trabajo es una actividad eminentemente humana. Una de las diferencias entre el resto de los animales y el humano, desde el punto de vista científico, es la capacidad de transformar la materia con un fin determinado y para un uso determinado. Y cuando se lo comercializa, aparece el trabajo.

—Esta sección se llama Agenda Académica porque busca darle a investigadores, docentes universitarios un espacio en los medios de comunicación masiva. La última pregunta tiene que ver, precisamente, con ese objeto de estudio: ¿por qué decidió dedicarse al mercado de trabajo y a la desigualdad social?

—Porque fue un área de investigación que siempre me interesó. El ámbito de las relaciones laborales es muy amplio y es el espacio de socialización de muchos de nosotros. Si pensamos en el lapso de nuestra vida laboral, descubrimos que estamos más tiempo en el trabajo que con nuestra familia. Estamos más tiempo en el trabajo que durmiendo. Si pensamos en nuestros compañeros de trabajo, en nuestros espacios laborales, aquellos que tenemos la suerte de trabajar desde jóvenes pensamos en todo lo que aprendimos y aparecen todos los recuerdos que tenemos. Hay una riqueza muy grande en el mundo laboral. A pesar de esto, para muchas personas el trabajo representó y representa sufrimiento, solo basta con recordar las “camas calientes” de la Revolución Industrial, los acontecimientos de los mártires de Chicago o nuestra Semana Trágica. Por eso es un área que me apasiona.