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Fabio Wasserman: “Mitre fue el fundador de la idea de la Revolución de Mayo como origen de la Nación”

El doctor en Historia analiza el proceso revolucionario y propone una relectura del Cabildo Abierto. El protagonismo perdido de la figura de Castelli. El fundamental rol de la Generación del 37. La apropiación de la historia que hicieron el kirchnerismo y el macrismo.

ENTREVISTA A FABIO WASSERMAN 20220527
Fabio Wasserman es doctor en Historia y se especializa en el estudio de la Revolución de Mayo. | Rodrigo Lloret

Doctor en Historia, investigador independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) en el Instituto Ravignani de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y coordinador del equipo “Temporalidad” de la Red de Historia Conceptual Trasnacional Iberconceptos, Fabio Wasserman se especializa en historia política y cultural Argentina e Iberoamericana de los siglos XVIII y XIX y esta semana participó de la Agenda Académica de Perfil Educación. “Cuando en la segunda mitad del siglo XIX Argentina se constituye, la Revolución de Mayo va a seguir figurando como mito de origen de la Nación. Ahí va a ser muy importante la obra historiográfica de Bartolomé Mitre, su biografía sobre Belgrano y la historia de la Independencia Argentina, porque Mitre va a construir una explicación, una interpretación y una narración del proceso histórico que pone a la nacionalidad como sujeto. Argumenta que, ya en la era colonial, estaba prefigurada la idea de Nación Argentina, que tenía un territorio destinado, que la sociedad tenía determinadas características que las distinguían de otras partes de América y que en 1810 aparece una especie de toma de conciencia de la nacionalidad y por eso la ruptura con la monarquía”, sostuvo.

Docente de “Historia Argentina I” en la Facultad de Filosofía y Letras de UBA y de “Historia Conceptual Latinoamericana” en la maestría en Historia Conceptual de la Universidad de San Martín, Wasserman es autor de una decena de libros, ensayos y papers sobre historia argentina como “Mayo de 1810: entre la crisis y la revolución”Una pregunta en dos tiempos: ¿Qué hacer con la Revolución de Mayo?; “Entre Clio y la Polis: conocimiento histórico y representaciones del pasado en el Río de La Plata (1830-1860)” ; “Juan José Castelli. De súbdito de la corona a líder revolucionario” y El barro de la historia. Política y temporalidad en el discurso macrista. “El kirchnerismo, sobre todo Cristina Kirchner, ha hecho un uso muy intensivo de la historia en la construcción de su identidad y en sus políticas públicas. No hace más que recuperar la tradición muy fuerte de la política pública del siglo XX. En parte del discurso del kirchnerismo se le dio un lugar muy importante a distintos momentos del pasado, incorporando lo que fue el revisionismo de las décadas del sesenta y setenta como gran referente historiográfico de Cristina Kirchner y, a partir de eso, se fueron incorporando nuevas dimensiones. Por ejemplo la reivindicación del rol de la mujer, el tema de Malvinas, la juventud de los setenta, la defensa de los derechos humanos”, agregó.

–En  Mayo de 1810: entre la crisis y la revolución usted plantea que la identidad americana ya venía construyéndose en las últimas décadas del siglo XVIII a partir de la mirada peyorativa que se construía en ciertos círculos del establishment europeo sobre los americanos. También sostiene que las Invasiones Inglesas en Buenos Aires contribuyeron a elaborar una mirada patriota de lo que más tarde sería la Revolución de Mayo. ¿Cuándo se construye y en base a qué se construye la noción de identidad argentina?

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—Por distintas razones, las élites criollas se identificaban todavía como españoles americanos, se concebían como súbditos leales de la monarquía española. Pero había motivos de resentimiento con España y con los españoles porque había restricciones que tenían los americanos para acceder a distintos cargos. Por ejemplo, un cura era muy difícil que llegara a obispo, un oficial sabía que nunca iba a llegar a general. Y en los sectores populares también había un sentimiento antiespañolista muy fuerte, porque los españoles nacidos en España tenían más derechos que los americanos. Esos resquemores, esas disputas, a veces violentas, no propiciarán la constitución de una comunidad política separada. Alentaban la búsqueda de mayor autonomía en relación a la monarquía. Con las Invasiones Inglesas se produce algo muy importante para la historia del Río de la Plata. Se va a movilizar una parte importantísima, cuanto menos cuantitativa, de la población masculina de Buenos Aires y dentro de las milicias, muchos de sus oficiales van a ser criollos. Aparece un actor que, teóricamente, no debería estar en la vida pública: los sectores populares encuadrados en milicias. Y esos oficiales criollos van a tener una fuente de poder alternativo a los funcionarios españoles. Así se van a generar una serie de cambios en las relaciones de poder en Buenos Aires. Muchas veces se dijo que ahí está el origen de la Revolución de Mayo y hay elementos para decir eso. No es casualidad que Saavedra haya sido el primer presidente de la Junta, porque era el comandante del Cuerpo de Patricios, que era la milicia más importante. Pero lo mismo sucedió en Caracas, en Santiago de Chile y en Bogotá. Los movimientos juntistas se dieron de forma más o menos simultánea. ¿Cómo se puede explicar que se dé más o menos de forma simultánea y que la causa revolucionaria solo se haya dado en Buenos Aires? Lo que pasó en Buenos Aires hay que entenderlo dentro de un marco de una crisis mucho más amplia que la crisis de las monarquías. Lo que cambia al comienzo del siglo XIX no es tanto la lealtad a la monarquía, sino que la monarquía está en crisis y al estar la monarquía en crisis empieza a aparecer la búsqueda de alternativas políticas. Muchas de ellas dentro de la monarquía, pensando en una idea de mayor autonomía, pero sin perder la lealtad al monarca. La crisis en Buenos Aires fue muy evidente. Las autoridades y las fuerzas militares no pudieron repeler las Invasiones Inglesas, entonces hay una idea de que hay algo que la Corona no podía estar asegurando, que era la seguridad de sus propios súbditos. Ese es un aspecto. Mucho más importante, porque va a ser para toda la monarquía y todo el Imperio Español, las abdicaciones de Bayona en 1808, en la cual lo que termina sucediendo es que Napoleón Bonaparte logra que el trono de España vaya para su hermano José, entonces deja a la monarquía española sin una autoridad legítima, y eso empieza a generar sublevaciones en la misma España y juntas en la propia España. En ese marco empieza a cobrar forma una identidad que pasa de un patriotismo genérico, americano y español, a un patriotismo cada vez más americano. Eso se va delineando a esa dirección. Pero no aparece lo argentino. Ni siquiera en 1816 con la Declaración de la Independencia. La construcción de la nación y de la identidad argentina es un proceso que ocupa gran parte del siglo XIX.

25 de mayo
Wasserman sostiene que hay que volver a pensar el impacto que tuvo el Cabildo Abierto en el proceso histórico revolucionario.

—En Juan José Castelli. De súbdito de la corona a líder revolucionario, usted trabaja sobre la figura de un prócer que no ocupa el lugar que han tenido Manuel Belgrano, Cornelio Saavedra o Mariano Dorrego. ¿Cuál es la particularidad que presenta Castelli?

Castelli es una figura extraña, en el sentido de que está en el panteón de los patrióticos pero no ocupa un lugar central. No es Moreno, no es Saavedra tampoco Belgrano. Tiene que ver, me parece, con que, a diferencia de Moreno, no dejó tantos textos escritos. Moreno hizo muchas cosas muy importantes, pero todos sus textos en la segunda mitad de 1810 en La Gaceta, donde él logra buscarle un rumbo a la Revolución, son muy importantes. Castelli ahí no ocupó un rol tan importante, pero su rol fue muy importante en muchos momentos de la Revolución. Los repaso brevemente: es al que eligen para ser el que va a justificar el Cabildo Abierto el 22 de mayo porque ante la ausencia de autoridades legítimas el poder retrovertía al pueblo. O sea, los revolucionarios lo eligen a él para que sea el que lo argumente. No es Belgrano. Menos Moreno. Vos ves cómo juran en el momento de la Junta, el que jura primero es Saavedra, detrás de él está Castelli, y los símbolos son muy importantes en esa época. O sea que él tenía un lugar muy importante, y así era reconocido. Después lo que va a pasar es que cuando se produce la contrarrevolución en Córdoba, y el Ejército captura a Liniers y a las autoridades militares y civiles de Córdoba y les dan la orden de fusilarlos, los jefes de la expedición no lo hacen, porque era una decisión muy complicada fusilar a Liniers. Era alguien muy importante, muy reconocido, muy popular. Y ahí la Junta decide enviar a alguien, que es Castelli, y él asume las decisiones de la Junta, las lleva a cabo. Entonces ahí también ocupa un lugar muy importante. Por eso mismo lo eligen a él jefe político del ejército que va al norte, y en ese marco va a tener mucho poder, porque va a estar al frente de un ejército que después de Suipacha logra ocupar todo el Alto Perú. En el Alto Perú va a promover una política filoindigenista, de abolición del tributo y otras cuestiones. Y después de la derrota de Huaqui pierde todo eso. Podría haber sido alguien que incluso derrote al ejército que lo derrotó en Huaqui. No es que estuviese predestinado a ser derrotado, podría haber pasado otra cosa. A partir de la derrota entró en desgracia en el marco de las luchas facciosas entre la dirigencia revolucionaria. Y ya en 1812 él está de nuevo en Buenos Aires, es sometido a proceso y muere de cáncer de lengua. Castelli tampoco tuvo fortuna con las biografías, no hay muchos papeles de Castelli.

—En Una pregunta en dos tiempos: ¿Qué hacer con la Revolución de Mayo? usted plantea que por “su estrecha asociación con los inicios de la propia nación” se ha construido una “suerte de mito de origen” en torno a la Revolución de Mayo. ¿Cuál sería el origen de ese mito?

—El mito de origen es muy interesante. La Revolución se presentó a sí misma como una ruptura con el pasado y eso permitió varias cosas interesantes de entender. No se sabía cuál era la autoridad legítima. No se sabía a quién obedecer. Era un momento de mucha incertidumbre. Una vez que se asume la Primera Junta y se constituye la Revolución, aparece un nuevo norte, un nuevo horizonte. Y esto es muy importante, porque empieza a cargarse de contenidos políticos e ideológicos. Empiezan a cargarse valores como la idea de igualdad, de libertad y, posteriormente, de independencia. Ahí la Revolución aparece como una ruptura muy importante. Y ya en 1811 se conmemoraba. En 1813, ya se consagran como Fiestas Mayas. Y de ahí en más es muy importante la Revolución como ese punto de partida de una nueva historia en la que todos se reconocen. Pero en los primeros tiempos del siglo XIX no es la Argentina. Es el nuevo origen de las Provincias Unidas. No es casualidad el nombre de Provincias Unidas de Sudamérica: eso implicaba la posibilidad de incorporar otros pueblos. Cuando ya en la segunda mitad del siglo XIX Argentina se constituye, la Revolución de Mayo va a seguir figurando como mito de origen de la Nación. Ahí va a ser muy importante la obra historiográfica de Bartolomé Mitre, su biografía sobre Belgrano y la historia de la Independencia Argentina, porque Mitre va a construir una explicación, una interpretación y una narración del proceso histórico que pone a la nacionalidad como sujeto. Argumenta que, ya en la era colonial, estaba prefigurada la idea de Nación Argentina, que tenía un territorio destinado, que la sociedad tenía determinadas características que las distinguían de otras partes de América, y que en 1810 aparece una especie de toma de conciencia de la nacionalidad y por eso la ruptura con la monarquía. En el siglo XX eso también va a ser retomado cuando la Argentina se constituye en un país con una fuerte tasa de inmigración, una sociedad que se renueva profundamente y aparece la necesidad de crear símbolos, estructura de sentimiento, valores vinculados a la identidad nacional. Ahí la Revolución de Mayo sigue estando, en el momento del Centenario. El relato de Mitre es el fundador de la idea de la Revolución de Mayo como origen de la Nación y sigue siendo muy importante en la forma en que los argentinos concebimos nuestra relación con el pasado, poniendo a Mayo como ese punto de origen. El relato de Mitre tiene una narración atractiva. Mitre, de algún modo, es el creador de ese sentido intelectual de la Nación Argentina.

ENTREVISTA A FABIO WASSERMAN 20220527
Doctor en Historia y docente de la UBA y de Unsam, Wasserman ha publicado una gran variedad de libros, ensayos y papers.

—¿Por qué se refiere a un mito?

—Mito en el sentido de que trasciende el hecho. Está buena la pregunta, porque a veces se piensa en un mito como algo falso. Pero si un mito funciona es porque toca algo de lo real. Sino, no funciona. Hay algo que remite a las experiencias y a la historia que tiene que dar cuenta de algo concreto, porque de lo contrario no funcionaría. Mito en el sentido de origen. Porque en 1810, frente a la idea del desgobierno, surge una alternativa. Y esa alternativa empieza a ser asumida como una comunidad que rige sus destinos, con decisiones políticas, con decisiones bélicas en la guerra. Es la Revolución la que orienta. En ese sentido es un mito: da sentido y orienta trascendiendo los hechos. Por ejemplo es muy interesante observar algo que muchas veces no se tiene presente. Obviamente, es una sociedad que sigue siendo católica, muy fuertemente católica. Era impensable no ser católico. No era una opción. Ser súbdito de la Corona española era ser católico. Y eso siguió manteniéndose, incluso los revolucionarios más radicales eran católicos. Cuando uno lee los sermones que había en esa época, de los clérigos que apoyaban la Revolución, que eran la mayoría, se encuentran interpretaciones providenciales. Y uno puede ver ahí también lo mítico, que remite a lecturas bíblicas. Se hacen referencias a los éxodos bíblicos para señalar semejanzas. Incluso hay algunos sermones que son impresionantes, donde dicen que hay que pasar por las penurias para que en el futuro se puedan constituir, Por eso, por distintos lugares uno puede ver el carácter mítico, como algo simbólico que trasciende los hechos.

—En Entre Clio y la Polis: conocimiento histórico y representaciones del pasado en el Río de La Plata (1830-1860) usted analiza el “momento romántico” que se ha construido en base a la elite ilustrada posrevolucionaria y propone una revisión crítica de esa elaboración. ¿Qué puede aportar una nueva reflexión sobre ese momento fundacional de la historia argentina para el presente?

—La historiografía dice que hay que darle más importancia al momento de la crisis. Por ejemplo, de poner foco en 1810 a ponerlo en 1808, el momento de la crisis de la monarquía. Y las interpretaciones historiográficas de los últimos treinta años tienden a eso. Y, por momentos, parece que la Revolución desapareciera, se disolviera. Yo creo que no es así. Lo que hay que hacer es volver a ajustar la perspectiva. Que el origen de la crisis haya sido una revolución, no quiere decir que no fuera una revolución. En realidad casi todas las revoluciones surgen en crisis. En crisis del orden existente. Pueden estar más pensadas de antemano, promovidas o no, pero surgen en medio de una crisis. Y ahí me parece que son muy importantes algunos aspectos de lo que aparece con la revolución, como la cuestión de la soberanía. Una comunidad que va a hacerse cargo de su destino, que va a regir sus territorios, sus recursos. La segunda es la dimensión americana. Si sacamos el foco de la historia argentina esto es algo que solo puede entenderse en un marco americano e incluso todas las idas y vueltas y conflictos que hay. En tercer lugar, hay algo en la idea de que las cosas tal como están no necesariamente están  destinadas a seguir estando del mismo modo. Pueden ser modificadas. Eso abre un intersticio en la historia que permite que la acción humana provoque transformaciones en función de búsquedas de nuevos valores, ideales, formas de relaciones sociales. Eso me parece que es algo valioso de recuperar, y en ese sentido la política como un modo de intervenir en el mundo, de plantearse nuevos horizontes. Si uno ve lo que era la sociedad muy poco tiempo antes y lo que va a ser después, en muchos aspectos no cambió, y por eso a veces se dice que no hubo una revolución. Pero, sin embargo, en muchos otros aspectos sí cambió, y fueron cambios muy significativos. En el plano de las identidades, de los valores, y, por supuesto, en el plano de la construcción de un orden político distinto. La Generación del 37 es muy importante porque como generación política-intelectual es la más importante en la historia argentina: Alberdi, Mitre, Sarmiento, Echeverría. Es difícil encontrar un grupo que tenga tanto peso en la definición de cuestiones políticas, intelectuales y culturales. No solamente por sus talentos, sino por la situación y el momento en que vivieron. Ellos fueron los que terminaron de darle forma a la idea de Mayo como el origen de la Nación. Ellos se presentan como la primera generación nacida junto con la Revolución, con lo cual ya no estaban atravesados por las disputas entre unitarios y federales, sino que podían presentarse como una generación superadora. Es muy importante lo que hicieron los románticos para la forma en la que concebimos a la Revolución de Mayo.

ENTREVISTA A FABIO WASSERMAN 20220527
El investigador del Conicet advierte que las Invasiones Inglesas permitieron un cambio que impacta en los revolucionarios.

—En El barro y la historia. Política y temporalidad en el discurso macrista usted analiza la presencia de la historia en el relato del macrismo. ¿Qué análisis puede hacer de la relacion que se observa en el kirchnerismo y en el macrismo por parte de la apropiación de la historia?

El kirchnerismo, sobre todo Cristina Kirchner, ha hecho un uso muy intensivo de la historia en la construcción de su identidad y en sus políticas públicas. No hace más que recuperar la tradición muy fuerte de la política pública del siglo XX. En parte del discurso del kirchnerismo se le dio un lugar muy importante a distintos momentos del pasado, incorporando lo que fue el revisionismo de las décadas del sesenta y setenta como gran referente historiográfico de Cristina Kirchner y, a partir de eso, se fueron incorporando nuevas dimensiones. Por ejemplo la reivindicación del rol de la mujer, el tema de Malvinas, la juventud de los setenta, la defensa de los derechos humanos. Y, a la vez, se promovieron muchos espacios institucionales en el ámbito de la cultura, de la educación, de la comunicación. En cuanto al macrismo, me interesaba ver que se planteó muy fuerte y explícitamente la idea de que el pasado no importa y lo que importa es el futuro. Pero yo empecé a ver que el discurso del macrismo está articulado con interpretaciones y representaciones del pasado argentino. El libro que yo hice tiene una primera parte donde explico toda esta orientación futurista, pero tiene una segunda parte, que es menos evidente y es más de reconstrucción, en la cual reconstruyo lo que es una especie de relato histórico del macrismo que está atrás de su discurso. Que no está desplegado como una narración completa, pero es una explicación de por qué la sociedad argentina es como es. Eso tiene que ver con la idea de que, para el macrismo, Argentina es un país que se constituyó en el siglo XIX, que tenía un destino de grandeza y se retoman las figuras de la Generación del 37 y la Generación del 80. Luego hay un agujero en el medio, porque nadie sabe qué hacer con del discurso de Yrigoyen. Y, de pronto, en el 45 con el peronismo llaga la debacle y los famosos 70 años de decadencia. Es una explicación histórica. Es una interpretación de la sociedad argentina a partir de su historia. No es que no le prestan atención a la historia, le dan mucha más atención a lo que ellos quieren señalar como el problema de Argentina, que es el populismo. Y eso lo afilian al primer peronismo.

—Esta sección se titula “Agenda Académica” porque propone brindarle a investigadores y docentes universitarios un espacio destacado en los medios de comunicación masiva. La última pregunta tiene que ver, precisamente, con el objeto de estudio: ¿por qué decidió dedicarse a la historia de la Revolución de Mayo?

—Yo empecé a estudiar historia sin saber que me iba a dedicar al estudio de la historia. Empecé a mediados de los ochenta, con una militancia política, me interesaba la historia y en ese momento no era un horizonte poder dedicarse a la investigación y a la docencia. Después muy joven entré a dar clases de Historia Argentina del Siglo XIX y me quedé en el período. Luego hice la tesis doctoral, entré al Conicet y desarrollé mi carrera. A mí me interesa estudiar la Revolución de Mayo porque es un momento fantástico para entender cómo una sociedad se deshace y se rehace. Porque me interesa ver qué es lo que construye sentido en la sociedad, por qué la gente piensa lo que piensa y hace lo que hace. El siglo XIX es muy interesante porque permite ver ese deshacer y rehacer de una manera muy fuerte.