Defensora de Género

50 años de la dictadura: mujeres y niñas frente a los derechos humanos

Las estudiantes por los DDHH. Con Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, las mujeres siempre fueron las protagonistas de los reclamos. Foto: juan obregón

Esta semana estuvo centrada en la rememoración de los 50 años del inicio de la última dictadura militar, que terminó con el gobierno de Isabel Perón. Esta fecha es muy triste para los argentinos, porque fue el comienzo de la más sangrienta y prolongada dictadura, en la que además de eliminar y violar los derechos humanos de la población, asumió el gobierno con un marco claro de cambios que aplicaron y que impactaron en lo político, social y económico. Fue una dictadura que realmente significó cambios importantes y que aún están vigentes en nuestra sociedad. A 50 años quedan muchas cicatrices sin cerrar; cicatrices que exigen mucha voluntad y necesidad de perdonar y superar el odio y la venganza, que es lo habitual en quienes han sufrido directa o indirectamente estas violaciones que fueron muy crueles, incluso difíciles de imaginar. 

Es interesante que el rechazo a la dictadura se mantenga en la población en altos porcentajes, a pesar de que dos tercios de la población nació después del 1976, que no vivió directamente su impacto, pero que logró entender lo ocurrido a través de la memoria familiar y social. 

La movilización fue masiva y eso indica el rechazo. Fue tan grande el número de personas desaparecidas y de niñas y niños que nacieron en cautiverio y que fueron criados muchos por los propios victimarios de sus padres, que cuando recuperaron su verdadera identidad tuvieron vivencias muy encontradas por el afecto parental que vivieron y el rechazo al papel directo o indirecto de persecución que tuvieron frente a sus padres biológicos. Hoy son adultos que tienen la herida latente, si bien muchos lo resolvieron, pero nunca lo olvidan. Por todo esto son muchas las personas que tienen algún conocido, pariente o colega que lo recuerda y esa es una forma de mantener la memoria viva. 

A eso se suman las distintas actividades de memoria que distintos sectores, grupos y partidos políticos realizan. 

Frente a esto el único mensaje del Gobierno fue un video referido solo a lo reconocido durante el gobierno de Kirchner, ignorando que esto se hizo y fue posible durante el gobierno de Alfonsín 20 años previos, con dos testimonios: uno de una hija apropiada que denunció haber sido obligada a hacerse el ADN y que para evitarlo emigró a Chile, pero denuncia que la buscaron con la Gendarmería y que niega que su padre de apropiación sea un victimario. El otro, el del hijo de un militar de alto rango eliminado en 1974. Ambos como ejemplos de las otras víctimas de los ataques a los militares, algo que el Gobierno viene reivindicando desde la campaña electoral. Muy pobre y limitada respuesta del Gobierno.

La movilización tuvo distintos motivos o causas, hubo los que priorizaron marcar la oposición al Gobierno, estos eran principalmente los vinculados a partidos políticos, grupos sindicales y de izquierda que dieron el tono de los reclamos que plantearon en la plaza al Gobierno, que abarcó todos los pendientes como el reclamo por las leyes aprobadas y no cumplidas, el congelamiento de los salarios, el aumento de los servicios que están ahogando a los sectores medios y bajos, el desempleo y el cierre de empresas. Todos problemas que, si bien son compartidos por la gran mayoría de los que se movilizaron, no fue en todos los casos el objetivo central para marchar, que fue mantener la memoria. 

Algo llamativo fue el predominio de mujeres y familias que se movilizaron. Esto no es casual porque las mujeres fueron siempre las principales protagonistas de los reclamos: las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo son el ejemplo, pero aparte de ellas, fueron en general hermanas, hijas, esposas, amigas las que en forma insistente reclamaron y plantearon abiertamente la denuncia por la desaparición de mujeres y hombres y el reclamo de recuperar los niños y niñas apropiados. Las mujeres son muy sensibles a la vigencia de los derechos humanos, porque sus derechos no son viables sin la vigencia de estos. Y en estos días hay una percepción clara de que los derechos de las mujeres no se están reconociendo. 

El cierre de todos los programas y las actividades del gobierno nacional para atender las necesidades de las mujeres y niñas, son ya una percepción sentida. La delegación de la responsabilidad de atender estas necesidades en las provincias y municipios puso en evidencia las dificultades que tienen estas, porque no solo algunas no tienen interés político, la gran mayoría no tienen los fondos necesarios para hacerse cargo, tampoco cuentan con la cantidad de personal y carecen de la capacitación que en general era provista por el Estado nacional. La provisión de insumos es también otra gran limitación, la dependencia de provincias y municipios del gobierno nacional es mucho mayor. Por eso las mujeres no necesitan ser motivadas políticamente, ellas tienen sus motivos muy claros y reclaman por la vulneración de sus derechos. 

El domingo pasado en diario PERFIL la nota en la sección 50/50 “Menstruar en situación de calle: otra cara de la desigualdad” informa sobre cómo viven mujeres y adolescentes en situación de calle durante los ciclos menstruales. Esta población ha crecido y continúa creciendo por la situación de pobreza. La necesidad de estas mujeres para usar un baño para higienizarse y ni qué decir sobre contar con algún método que les permita retener la menstruación en forma higiénica y segura para no tener que limitar su movilidad. Sin llegar a estos grupos, en los sectores más carenciados se registra un aumento del ausentismo escolar en adolescentes mujeres los días que menstrúan por no contar con métodos para contener la pérdida menstrual. Esto es algo que el Estado y los provinciales deben considerar y atender. En varias localidades grupos de adolescentes fabrican toallas de tela que regalan a sus compañeras, pero esto no tiene alcance a todo el país. Es parte de una política de integración escolar y laboral para tener en cuenta.