silencios

A Dios

Sin condena. Héctor Pinamonti murió sin un fallo condenatorio. Foto: cedoc

Para profeta, Antonio Machado, poeta. “Quien habla solo espera hablar a Dios un día”. A esta altura de la edad, de la necesidad, del amistoso soliloquio, ya sería hora entonces de verlo venir. Dar la cara como hombre, si alguna vez lo fue, con un divino rostro de mujer, o darse el gusto si elige ser percibido como quiera. Descalzar las sandalias, desnudarse de la túnica con la que presume de sabiondo, o de suicida, caer al bar vestido como se debe en verano. Jogging negro, dos tiras blancas, ojotas estampadas, camiseta de la Selección. Trucha, pero con las tres estrellas. 

Intermediarios coimeros que piden diezmos, abstenerse. Cuervos de alas negras vuelen de esta mesa junto a la ventana. No apta para papanatas, teócratas, dogmáticos, ayatolás, rabinos, obispos, imanes, sumos sacerdotes, pastores, cienciólogos, testigos sordos, ciegos, mudos, cómplices por acción, omisión, silencio, favores, o negocios, de los que bombardean, asesinan, reprimen, persiguen minorías, protegen terroristas, amparan pederastas, cometen crímenes atroces contra la humanidad. 

A otros huesos con sus perros. La información que circula a la velocidad de la luz descubre la mentira, alumbra la penumbra de los pactos espurios, la opacidad de los cónclaves, la trama del poder, las miserias ocultas bajo las sotanas, el disfraz con que se invisten de autoridad. Ya no tendrán que pasar siglos para que pidan perdón por la inquisición, torturar herejes, denigrar a Galileo Galilei, condenar mujeres a la hoguera, homosexuales a la horca, encubrir pederastas.

¿Qué decirle si acepta un café, no? Se supone que ve, escucha, sabe quién es quién, no le cabe una. Por ahí, con tanto quilombo internacional, se perdió las noticias locales de esta semana. El Vaticano le dictó “prohibición perpetua” para manosear a Damían Rodríguez Alcobendas, cura de Nordelta acusado desde 2004 por abuso sexual agravado de menores. No está preso. En Córdoba, a los 93 años, murió el sacerdote, también violador de menores, Héctor Orlando Pinamonti. La Iglesia reconoció que era culpable en 2021. No fue preso. La Justicia terrenal tarda, los delitos “prescriben”. Nunca van presos.

¿Están hechos a tu imagen y semejanza? Hipócritas, manipuladores, psicópatas, asesinan en tu nombre. ¿Hay que perdonarlos porque no saben lo que hacen? ¿Cómo es esto de que sos el creador, el diseñador del universo, el gran arquitecto, el de la misericordia infinita, el más grande por el que muchos se inmolan, se convierten en mártires matándose, detonando inocentes al grito de “a la mierda” para poder disfrutar de los beneficios de un paraíso all inclusive a la vez que, cuando saludan, esos fanáticos te desean que “la paz sea contigo”?

No te mientas. Sos un “busca” más. Como cualquiera de acá abajo. Oficio decente, incierto, duro si los hay. Cada día hay que salir a ganarse el mango cargando con la cruz de las facturas pendientes. Anunciar la merca, parábolas, versículos, sermones, dejar la estampita en el asiento, recordarles a los señores pasajeros de este bondi a ninguna parte cuánto más les costaría bancar el misterio de no saber por qué, ni para qué, si tuvieran que pagar sesiones de terapia, comprar pastas, falopa cortada, ilegal, o fumarse una fe trucha, cancerígena, en los kioscos evangélicos. Por si fuera poco, se llevan diez bolsas de residuos tamaño cincuenta por setenta. Útiles para tirar en un contenedor ajeno la mierda propia que se va juntando.

La calle está dura en la ciudad vieja. Pesebre, cunita, moisés con colecho de tu infancia. Antes que dudosas profecías, tal vez te rinda más la poesía. Voceá, hacé flamear en tus manos papeles escritos con versos olvidados, letras que nos dicen. Los desesperados, asomados a las ventanas, atraídos por la melodía, van a adorar la Canción para vagabundos de Raúl González Tuñon. “Inofensiva locura, sin razón de vagabundo / todo nos falta en el mundo / todo, menos sepultura / Prosigamos, si Dios quiere / nuestro camino sin Dios / que siempre se dice adiós / pero una sola vez se muere…”.

Mandá mensajito cuando llegues. Hacete una selfie.

*Escritor y periodista.