Tendencias

El regreso de los nombres

El logo de Editorial Perfil Foto: Cedoc Perfil

No es fácil encontrarle nombre a la época. Lo contemporáneo se escapa del presente. Sin embargo, en todas partes hay intentos de definición. Los “ismos” inundan las redes: tecnofeudalismo, algoritismo, datocentrismo, hipercapitalismo, posthumanismo, antropocentrismo, extraccionismo (de datos), infocapitalismo…

Filósofos, periodistas, políticos, mediáticos, instragramers, en streaming, podcast, casi todos en algún momento le buscan un título a nuestro tiempo. 

Pero las etiquetas se vuelan con facilidad, no hay representación que aguante. ¿El algoritmo es necesariamente representativo? ¿Marca una tendencia o la desmantela? 

La calle es una respuesta, no hay cómo disfrazarla. Es más cercana e inmediata. Con sólo abrir la puerta, ya estamos en una realidad tangible. No hay pantalla equiparable a las medialunas recién hechas, ni tampoco un like que supere al “¡buenos días!”. Hace poco noté una tendencia que me llamó la atención, justamente relativa a los nombres. Negocios y perros llamados como personas. Ayer escuché a alguien que llamaba a Luis a los gritos, y cuando me di vuelta era un pitbull que se había escapado detrás de Alicia, una chiguagua recién salida de la peluquería. 

También sucede con negocios, extrañamente llamados “Osvaldo” (que a su vez es el nombre del perro del dueño), Haydée, José, o Don Julio (éste último en homenaje al amigo del padre), barberías que tienen el nombre del dueño, o del hijo.

 ¿Qué está pasando con tantos nombres, que además vienen con el tufillo de otras generaciones? “Afectividad al palo”, pensé. Entre perros y negocios, se volcaba toda una necesidad de homenajear, recordar, rendir culto, etc. Me impactó la profusión de nombres propios buscando singularizar espacios en una época que intenta definirse a sí misma a través de rótulos enajenantes. Es cierto que si decimos “voy a lo de…” y resulta que es un bar o una barbería, lo comercial adquiere un sentido más humano, alguna identidad posible. Incluso para los nacimientos se piensa en apelativos de otras épocas, como si se añorara lo que portan: historia, tiempo, pertenencia. Y ahora que se puede elegir, incluso hay menos nombres disruptivos. 

¿Se buscará de esta manera la proximidad que escapa a las grandes definiciones?