COLUMNISTAS
Ingeniería del caos

Volvé Adorni, Javier te necesita

El enojo presidencial es directamente proporcional a su caída de imagen pública. En los últimos días se transformó en una estrategia que puede reflotar una vieja estrategia que hace años ya le dio resultado.

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Ex-Adorni. | Pablo Temes

“Dejad que os llamen racistas. Dejad que os llamen xenófobos. Dejad que os llamen nativistas. Consideradlo un honor”.

Steve Bannon, en un Congreso del Frente Nacional francés

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“La humanidad debe poner fin a la guerra, o la guerra pondrá fin a la humanidad” / “las armas de la guerra deben ser abolidas antes de que ellas nos abolan a nosotros”.

John F. Kennedy, discurso ante la Asamblea General de la ONU, 25 de septiembre de 1962

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1. Hay que estar atentos al siguiente movimiento: lo que comienza como batalla cultural puede terminar en guerra total. Lo que es un fenómeno barrial (palabra que también incluye barro) puede ser parte de un proceso geopolítico general, una transformación civilizatoria, signada por algunos conceptos básicos: desigualdad, aceleración, fin de las reglas, caída de los principios de la Ilustración que dibujaron la modernidad y se tornaron un ideal compartido.

2. De la caída de Manuel Adorni al decreto de necesidad y urgencia que habilita la expulsión de extranjeros que pronuncien ‘mensajes de odio’ contra argentinos, pasando por el curioso episodio de un gobierno de débil respuesta ante el gesto de los jugadores de la Selección nacional de exhibir una bandera que decía que las islas son argentinas, por los exabruptos guionados del Presidente en Brasil, y los naturales contra José Ignacio de Mendiguren, pueden observarse dos fenómenos. Uno puntual y uno más estructural, ambos muy atendibles.

3. El primero es que la causa Adorni le funcionó a un gobierno que pugna por una estabilidad económica cuyo efecto secundario es la caída de la actividad y pocas, exiguas o nulas mejoras en el bienestar de la sociedad, como una suerte de escudo. Tal como demostró la secuencia que no terminó de impedir el Mundial, terminada la cuestión ‘cascada’, lo que sucedió es una caída en cascada de la imagen del Presidente y del Gobierno. El jefe de Gabinete se llevó una marca que se tornó imborrable una vez que se fue del gabinete. La alianza con la casta, con los políticos tradicionales, no alcanza. Uno de los especialistas más importantes del mundo en materia de ultraderechas, el holandés Cas Mudde, señala como un matiz a atender la fusión de las derechas clásicas con las ultras. Dice: “¿Y por qué seguimos considerando a partidos como el Likud israelí y el Republicano estadounidense como pertenecientes a la derecha tradicional, pero encuadramos a otros como el DF danés o el Partido del Progreso noruego en la categoría de la derecha radical populista? Este fenómeno de difuminación es todavía más pronunciado en buena parte de la Europa oriental, con partidos como la Unión Democrática Croata o la letona Alianza Nacional o el Partido Demócrata Esloveno”. Cuidar la identidad democrática es un desafío para la centroderecha clásica. Especialmente en un momento en que las encuestas demuestran que la sociedad está pidiendo otro tipo de soluciones.

4. El segundo fenómeno es menos coyuntural y más estructural. Se trata del regreso de una modalidad que a Javier Milei le sale muy naturalmente, y que habla de sus concepciones ideológicas y tácticas más profundas. Se trata del retorno de la ingeniería del caos como método. En Los ingenieros del caos (2019), Giuliano da Empoli sostiene que detrás del carnaval populista contemporáneo –Trump, Brexit, Salvini– no hay improvisación, sino un método: propagandistas, ideólogos y expertos en Big Data reinventan la propaganda para la era de las redes sociales con un objetivo preciso que, según cita el libro, ya no es unir a la gente en torno a un mínimo común denominador, sino inflamar las pasiones del mayor número posible de grupúsculos, y sumarlos después sin que ellos mismos lo sepan (da Empoli, Los ingenieros del caos, 2020).

5. La forma actual de la batalla cultural del Gobierno es también la demostración de su propia ideología. Aquella que lo aproxima más a los Peter Thiel y Elon Musk, los ultrapoderosos que sostienen a la ultraderecha.

6. Esta misma semana Juan Grabois abandonó su silencio y dio algunos datos –parciales– de su encuentro con el magnate dueño de Palantir. Definió al filósofo empresario, que sostiene un catolicismo más medieval que contemporáneo, como un ‘intelectual orgánico’ de uno de los poderes que, a través del aceleracionismo, avanzan sobre una mutación civilizatoria: el aceleracionismo transhumanista, el capitalismo que se replica a sí mismo, se expande hasta prescindir de los seres humanos. El Milei que grita es también el gatito mimoso de una tendencia que está en el eje de una transformación cultural, y que puede ser la verdadera huella que su gestión dejará en la historia argentina.

7. En una conferencia indispensable, El presente artificial, quién le teme a la Ilustración Oscura, la periodista Marta Peirano, el sociólogo César Rendueles y el filósofo Carlos Fernández Liria hablaron de Javier Milei. Señalaron que su histrionismo es parte de un método. Lo que alguna vez definimos como los raros peinados nuevos de los políticos de esta ideología actúa como acicate. Pero detrás hay un poder que se expresa.

8. Fernández Liria, en su libro Contra la ilustración oscura, explica en qué consiste ese conjunto de ideas: “Todo esto y mucho más marca el comienzo de una nueva era, “el fin de un mundo basado en normas”, como dijo el primer ministro de Canadá, Mark Carney. A partir de ahora, según el aforismo de Tucídides, ‘los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben’”. Y agrega, párrafos más tarde: “Gracias a esa ficción a la que llamamos ‘civilización’ todavía tenemos cosas tales como la escuela, la sanidad pública o el derecho laboral. En los tiempos que se avecinan comprobaremos cuál es el saldo de haber renunciado a esa ficción internacional de ‘un mundo basado en normas’”. De esto se trata el fondo de la cuestión.

9. Esta misma semana, ante los exabruptos, quien compartió la fórmula presidencial con el Presidente, Victoria Villarruel, manifestó: “Me preocupa profundamente que el presidente de la Nación replique insensateces e inventos. Tengo genuina preocupación por su estado y por las persecuciones imaginarias que replica en Argentina y el exterior”. No somos psicoanalistas. Aun así, nos llama la atención la palabra “genuina”. Es más, la pregunta por el “estado” también puede tener otras resonancias: la explicación puede ser menos psicológica que política: un método y una idea del Estado, que es parte de un experimento global del que la Argentina es parte. Barro, más que barrio. Si estuviéramos todos enojados con Adorni, el escamoteo ideológico sería más sencillo.

10. Aun así, el riesgo real es el otro: ser partícipes de un experimento que puede terminar muy mal.