Entre los pasaportes más fuertes de América Latina
La semana pasada se publicó el Henley Passport Index 2026, uno de los rankings internacionales más utilizados para medir la movilidad global de los ciudadanos. Esto se logra calculando la cantidad de países a los que un pasaporte de un país determinado permite ingresar sin un visado previo.
En esta nueva edición, el pasaporte argentino se volvió a ubicar entre los mejores posicionados del mundo. Con un total de 169 destinos a los que permite ingresar sin visa previa, Argentina aparece en el puesto 16° a nivel global, una ubicación que la mantiene dentro del grupo de países con mayor acceso internacional y la consolida como uno de los pasaportes más fuertes de América Latina.
El dato fue rápidamente destacado por algunos medios del país como una confirmación de la buena posición relativa del país en el escenario global. Sin embargo, al igual que ocurre con otros casos de la región, una lectura más fina de la información muestra que el resultado requiere ser puesto en contexto.
En primer lugar, si se observa la evolución histórica, Argentina es un país que generalmente se mueve dentro del top 20 del ranking desde hace casi dos décadas. Salvo un período puntual de retroceso entre 2010 y 2012, el pasaporte argentino ha mantenido una posición alta y relativamente estable, con picos destacados en los últimos años. De hecho, 2024 marcó el mejor desempeño histórico en términos absolutos, cuando el país alcanzó el acceso sin visa a 174 destinos, el nivel más alto desde que se elabora este índice.
Desde entonces, sin embargo, el recorrido es distinto al que sugiere la posición en el ranking. En 2025, el puntaje descendió a 172 destinos, y en 2026 volvió a caer hasta 169, lo que implica una pérdida acumulada de cinco accesos en apenas dos años. Es decir, Argentina recupera en 2026 la misma posición que había logrado en su pico histórico (2024), pero lo hace con un nivel de movilidad sensiblemente menor. La mejora o estabilidad en el ranking no se traduce, en este caso, en una mayor apertura efectiva.
La explicación de este fenómeno no está en un deterioro exclusivo del pasaporte argentino, sino en el contexto internacional más amplio. En la edición 2026 del Índice, varios países que integran el bloque alto del ranking registran caídas significativas en su acceso sin visa. Pasaportes como los de Israel, San Marino, Brunei o Barbados perdieron entre tres y cinco destinos en un solo año, mientras que otros países europeos y del Caribe también ajustan a la baja. Frente a ese deterioro generalizado del segmento superior, Argentina cayó menos que sus pares y logró sostener su posición relativa.
Este análisis más fino permite detectar una tendencia que atraviesa a buena parte del ranking: lejos de una expansión sostenida de la movilidad internacional, el índice 2026 refleja un mundo más restrictivo, con revisiones constantes de exenciones, mayores controles migratorios y ajustes en los regímenes de ingreso. En ese contexto, conservar posiciones no necesariamente implica avanzar, sino resistir mejor que otros un proceso de cierre gradual.
La conclusión, por lo tanto, es menos triunfalista de lo que sugieren los titulares centrados exclusivamente en la ubicación en la tabla. Argentina sigue ocupando un lugar destacado en el ranking global de pasaportes, pero lo hace después de haber alcanzado su máximo histórico en 2024 y con un nivel de acceso inferior al de hace apenas dos años. La fortaleza del pasaporte argentino no radica hoy en una mayor apertura, sino en su capacidad de mantenerse competitivo en un escenario internacional que parece cada vez más exigente.
*Director de Análisis e Investigación en gormanlee.com