Facsímil del original
También hay que hacer alguna autocrítica. La reedición del Nunca más de Macri, con la excusa de ser una “reedición homenaje” (queremos un “facsímil del original”, dijeron, en la época de Avruj), quitó el segundo prólogo, de Rodolfo Matarollo, incluido bajo la gestión de Duhalde el “bueno” (para contrastar con el de Ernesto Sabato, a quien Jauretche le responde muy bien, por otra parte, cuando el primero se “sorprende” de ver llorando a su mucama en la cocina, cuando él fue a buscar una botella de champagne para celebrar con sus invitados la caída del peronismo, estuvo muy bien Jauretche en remarcarle a Sabato su “poca comprensión”, no era el único). Pero la gestión de Alberto no hizo nada por cambiar eso tampoco (como en tantos otros planos, para no indagar la integración regional, asunto que me compete más que ningún otro, sobre todo en Perú). El segundo prólogo al Nunca más sigue faltando. Y no es responsabilidad solo de Milei. Faltan muchas cosas en el peronismo. El vacío de ideas no es de ahora. Ese prólogo “faltó” durante todo el gobierno de Alberto. No se sabe por qué la Secretaría de Derechos Humanos nunca se ocupó de recuperarlo. Fue un error. Un “vacío”. Otro más. Boric llevó a Kast. Alberto nos dejó a Milei. Y muchos de quienes condujeron a este laberinto (Cafiero nieto) son diputados. El “vacío” se perpetúa. Tiene bancas.
En la gestión de Alberto fuimos con Zaffaroni a recibir un doctorado honoris causa en medio de las protestas en Perú, en la Universidad Andina del Cusco. Por una cuestión de altura, nos quedamos en Arequipa (Atenas de los Andes, como la llaman allá). Ese hecho académico nos sorprendió. Terminamos defendiendo, en medio de los incendios y las protestas, al primer presidente rural de la historia del hermano país. No era el plan. Nunca fuimos con esa idea. La gente nos pedía ayuda. No contamos con el apoyo de la Cancillería argentina de entonces (mucho menos ahora). Pero igual lo hicimos, conscientes de que una “idea” no se regala y de que un cargo alto o bajo no hace una diferencia (aunque a parte de la militancia le parezca que sí, muchos estaban en 2023 más preocupados por disputar qué lugar les tocaría en una lista). Para mí fue un real aprendizaje vivir desde “adentro” la diferencia entre el latinoamericanismo de “papel” (antes mi encono era con profesores como Gargarella, ahora no difiero con él por esto, porque no es funcionario, aunque sí difiero con él y con Juan García Amado en sus críticas a la reforma judicial mexicana, que debiéramos replicar en Argentina) y el latinoamericanismo en serio. Es muy fuerte constatar que tampoco los que se llenan la boca con “la integración”, cuando las papas queman, cuando hay que estar, están dispuestos a defender esa integración. Son pocos. Más fácil es atacar a Milei. Hay asuntos estratégicos que no estamos pensando. Los dejamos “pasar”. Fui a una unidad básica a dar una charla en Boedo. Un funcionario de la Cancillería de la época de Cafiero, que estaba allí sentado, defendió –o pareció defender– el golpe contra Castillo. Fue antes de que ganara Milei. Mi respuesta fue cortante: “Esto deben decir en la unidad básica del PRO. Es curioso que lo repitas vos”. Cuando salí de dar esa charla supe que no había forma de ganar esa elección. Porque ni siquiera sabemos qué banderas defendemos. La desorientación es total. Necesitamos volver a formar cuadros.
Hay que rediscutir. Tal vez sea hora de poner las cosas en su sitio. El peronismo necesita volver a discutir todo. Necesitamos un Scalabrini Ortiz. Un Julio Maier en la Procuración General. Un Horacio González ocupando bancas. Necesitamos volver a pensar. No hay acción sin pensamiento (aunque Rozichner hijo opine lo contrario, un poco desautorizando a ese gran filósofo que fue su padre, León Rozitchner). La falta de pensamiento, el vacío “crítico”, es la estrategia oficialista. No puede ser también la nuestra. Ellos usan disfraces, (son cosplayers y diputados), nosotros no podemos disfrazarnos de otra cosa.
*Abogado. Especialista en derecho constitucional.
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