Escenas

Formas del recuerdo

El logo de Editorial Perfil Foto: Cedoc Perfil

En la alborada de mi confusa adolescencia gocé de un par de experiencias perturbadoras que me place mencionar. La primera fue cuando, en pleno verano, abrí la hoy extinta revista Siete Días y en una doble página me topé con noventa o noventa y nueve o cien o ciento un fotogramas que en perfecta sucesión desplegaban la narrativa visual de Carne, o Fuego, o Furia Infernal, o vaya uno a saber qué película del tándem Isabel Sarli y Armando Bo, cuya proyección en cines la dictadura militar de Lanusse había prohibido, sin advertir que su interdicción dejaba resquicios para que un editor astuto saltara la barrera y un adolescente enardecido contemplara durante meses los fotogramas minúsculos de un ejemplar ya viejo de esa publicación semanal, encontrando a fuerza de fantasía lo que la dificultada realidad no permitía ver del todo. En esta experiencia primaba la imagen. (En el curso del tiempo, Isabel Sarli me condujo a varios gustos y destinos, entre ellos el de descubrir, junto a mi amigo Claudio Barragán, en el cine Devoto, una gran película de Eric Rohmer, La coleccionista, que pasaban en función doble junto a otra de la Sarli, y que otro astuto, esta vez el dueño de la sala, rebautizó La coleccionista de placeres ardientes).  

La segunda experiencia fue la lectura de un cuento de Germán Rozenmacher. No recuerdo el título ni el argumento. Trataba, creo, de un marido celoso, que a la distancia veía o tal vez imaginaba a su mujer acostándose o siendo acariciada por otro hombre. De esa escena me queda una frase: “sus muslos musculosos y dorados”. El efecto de lectura que se convirtió en recuerdo de una intensidad. 

La tercera fue encontrarme con la escena donde Hamlet le reprocha a su madre el apurado matrimonio con el nuevo rey Claudio, que asesinó a su hermano para quedarse con el reino de Dinamarca y con la viuda. Aquí, su lujuria verbal y su obscena brutalidad multiplica los sentidos y convierte a Hamlet en el padre de su propia madre, en un Edipo celoso y en un vengador del honor paterno. Una escena inolvidable en una obra tan perturbadora que me pasan los años y vuelvo una y otra vez al texto, como una experiencia plena sobre el mal, la simulación, la locura, la pasión y la muerte.