opinión

La caja de Pandora de Adorni y la tormenta perfecta

Como firmaron el apoyo Karina y Caputo, se supone que la unidad es total.

Invitada. Todo se hubiera resuelto con una declaración sencilla de Milei: “Yo invité a la esposa de Adorni para que nos acompañara a los Estados Unidos”. Foto: cedoc

Decía Vernet (José María, el “Tati”), exgobernador santafesino peronista, que lo peor para un dirigente político cuando lo derrotan en una elección no es salir último ni perder votantes, sino “la cara de boludo que te queda esa noche al conocerse el resultado”. Se regocijaba sobre sí mismo, irónico. La expresión resulta asimilable al caso Manuel Adorni, quien evoluciona como el toscano de un tormentón imparable, con el rostro bobalicón desfigurado por un imprevisto. Por su culpa, claro: un experto en comunicaciones que no sabe lo que declara, que se corrige torpemente y se hunde en un vaso de agua por bagatelas dinerarias. Aun así, cualquier acción penal se imagina inocua, según los abogados. Pero no importa la llegada, sino el proceso del escándalo.

Curioso doble rasero de la sociedad para medir el abuso de Adorni si se confronta su vuelo en el avión presidencial llevando a su esposa como un polizón con otros viajes de ejecutivos provinciales: una veintena de gobernadores a los que nadie interroga ni cuestiona por los invitados que portan en vuelo. Como si solo en la Capital reinara Dios, o su custodio fuera el elegido esperado por la religión judía (según declaró un importante rabino de esa comunidad). Quizá la caja de Pandora política que hoy representa Adorni se hubiera resuelto con una declaración sencilla de Javier Milei: “Yo invité a su esposa para que nos acompañara a los Estados Unidos”. Difícil imputarle un delito a ese manifiesto, más concluyente y esclarecedor que la observación presidencial referida a los “costos marginales” que implicaba la inclusión de la mujer en el viaje. Lo traicionó la economía en exceso al mandatario.

Tampoco alcanzó para bajar la temperatura un comunicado público de todos los protagonistas del Gobierno solidarizándose con el jefe de Gabinete. Como firmaron ese apoyo Karina Milei y Santiago Caputo, se supone que la unidad oficialista es total –por lo menos en este caso– y que la derivación del brote mediático y político hasta ha servido para eliminar grietas y divisiones blindando al equipo. Finalmente, son todos empleados del Estado y mañana “te puede tocar a vos”: la licencia a la esposa de Adorni ocurrió en todos los gobiernos, con más exageración en anteriores. Basta recordar solamente los viajes al Sur los domingos para llevarle los diarios porteños a la familia Kirchner o, según ella confesó en su libro, cuando en pleno vuelo un día obligó a los pilotos a volver a Río Gallegos porque se había olvidado los cosméticos.

Dolida por estas comparaciones, la Casa Rosada se ofendió esta vez con el turbión del episodio Adorni –lo cual iba a ser una obviedad porque la señora figuraba en el plantel público del viaje– y protestó debido a que el affaire degradó la cuantiosa promesa de inversiones por 15 mil millones de dólares anunciadas en la Argentina Week, en un cónclave empresarial de nota en Nueva York. Plausible compromiso asumido en gran mayoría por capitales argentinos y capitostes como los Bulgheroni, Sigman, Gómez Minujín, Mindlin y un José Luis Manzano que partió rápido de la Gran Manzana para festejar sus 70 años en Suiza. El contagio inversor no se propagó fuertemente a los internacionales, pero al menos derrumba el concepto repetido de que “pondremos plata en el país una vez que los argentinos la traigan del exterior”. Faltan más capítulos de la novela: se destapó una fronda que no figuraba en lo inmediato.

En la semana del viernes 13, Adorni acopló ese episodio aéreo a otro anterior, sospechosamente archivado por un desconocido y justamente conocido cuando el prestigio del jefe de Gabinete sufrió un revés. Alguien guardó por varias semanas el video del viaje de Adorni, su familia y un amigo, obtenido en el aeropuerto de San Fernando abordando un vuelo privado hacia Punta del Este. Otra tontería secreta del funcionario: si viajaba por avión de línea hasta lo habrían aplaudido el resto de los pasajeros, ya que la administración Milei goza de buena salud entre aquellos que viajan de vacaciones a ese rincón del Uruguay.

La publicidad de esta escapada familiar se sumó a la administración de asientos en el avión presidencial: revuelo sobre gastos y canonjías, voluntarios para presentarse en la Justicia y el presunto experto en comunicaciones enredándose en aclaraciones odiosas, tipo “Perón, el primer trabajador”. Solo así puede entenderse que “se ha deslomado” en la gestión, verbo que luego envió a la basura, pidiendo perdón por haberlo utilizado y olvidándose de que ya regía la nueva ley laboral de su gobierno, que particularmente no habilita demasiadas quejas del sector trabajador.

Tampoco lo ayudó como hábil declarante su amigo periodista que lo acompañó en el viaje, quien tiene tres programas en el canal oficial y le dio albergue en la Parada 22 de La Brava. Ninguno parece haberse enterado de que en momentos de carestía ni en la Casa Blanca se recibe a funcionarios con una Pagani o un Lamborghini. Esa exhibición de poder personal, aunque mínima, ya se vivió en el país con Carlos Menem y su capricho con la Ferrari.

Por supuesto que la baratura de los dos viajes y la exhibición de prebendas son atribuibles a Adorni. Único responsable. Sin embargo, en el mundo de las conspiraciones internas, el funcionario ha pasado a ser una víctima, haya o no comunicados oficiales. En particular por el video del aeropuerto de San Fernando: el hecho de que algún pícaro grabó el momento en que la familia Adorni subía al avión privado. Ese testigo fílmico, seguramente de algún organismo de seguridad o inteligencia, escondió la grabación a la espera de cierta oportunidad para difundirla: ocurrió el rescate justo cuando alcanzó titulares adversos el vuelo de la esposa del jefe de Gabinete en la comitiva oficial a los Estados Unidos.

Doble trompazo, palo y carambola para enviar a la tronera a una bola llamada Adorni que hace tiempo se ilusiona con competir electoralmente en la Capital Federal en contra de la familia Macri. El golpe de los aviones ha marchitado ese sueño y nadie cree en una operación del disipado Mauricio, tampoco de su primo Jorge. La investigación –si la hubiera– podría avanzar sobre los beneficiarios del atoramiento de Adorni como posible candidato porteño dentro de su propio ámbito. Es lo que se estila cuando policialmente se avanza sobre la culpabilidad en un crimen.