La conciencia de Patricia, la lealtad de Facundo y la prosperidad de Peter
Hay una lógica intrínseca entre las internas del oficialismo, el descontrol del Estado y el proyecto libertario.
“No soy de aquí/Ni soy de allá/No tengo edad/Ni por venir/Y ser feliz, es mi color de identidad”. Facundo Cabral, “No soy de aquí ni soy de allá”.
“No hay relaciones sociales sin espacio, de igual modo que no hay espacio sin relaciones sociales.” Henri Lefebvre, “La producción del espacio”.
“Y aunque hoy esa nueva alianza entre el posfascismo y las élites globales es innegable, sigue estando marcada por tensiones y contradicciones.” Enzo Traverso, “Jacobin” (edición en castellano).
“En el país donde reinaba la oscuridad apareció la luz.” Isaías 9, citado por Lilita Carrió.
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1. Tres ejes para comprender la semana. La “objeción de conciencia” de Patricia Bullrich, las implicancias del caso Facundo Leal y el artículo del presidente Javier Milei y Federico Sturzenegger citando el ejemplo de Compañía Holandesa de Indias para decir que la Argentina brindaba una oportunidad para la IA (sumada a la presencia de Peter Thiel en Argentina). Tres signos, tres síntomas del devenir de la gestión libertaria.
2. La objeción de conciencia tiene una historia larga y no precisamente libertaria. Nació como instrumento de resistencia religiosa frente al Estado: los primeros objetores eran pacifistas, disidentes, mártires. Es, en su origen, una herramienta de los débiles contra los poderosos. Que hoy la use una senadora del partido gobernante para resistir una orden del Ejecutivo dice algo sobre el estado de la coalición, pero dice algo más sobre las contradicciones internas del proyecto libertario.
3. Cabría preguntarse cuál es el rol de la corrupción en un gobierno conducido por un “topo que viene a destruir el Estado desde adentro”, tal como se autopercibe el Presidente. El caso Leal, el hilo en una madeja que incluye al peronismo mendocino por lo menos, abre una red en la que la afirmación de la “moral como política de Estado” se torna ideológica y no ética. Los secretos que esconde –o no tanto– el extitular del Orsna son los de una gestión que también se desarrolló como la oportunidad de generarse negocios. En el camino de la destrucción de un Estado, la ineficiencia es un elemento central. Sabido es que la insatisfacción democrática explica la ira de gran parte de la sociedad: ineficacia para resolver problemas y negocios personales. Los libertarios lo llaman casta. Es también su condición de supervivencia. Que el síntoma de todo esto sea un señor de apellido Leal sería un chiste si no constituyera la puerta de una tragedia.
4. Ideología libertaria. El Gobierno que recibe a Peter Thiel –el magnate de la IA aplicada a la defensa, fundador de Palantir y principal financista del movimiento neorreaccionario– eligió como modelo fundacional a la Compañía Neerlandesa de Indias Orientales. La VOC. La Vereenigde Oostindische Compagnie, fundada en 1602, fue la primera corporación multinacional de la historia. Sus innovaciones jurídicas fueron revolucionarias: responsabilidad limitada, personería legal propia, ejércitos privados, capacidad de declarar guerras y administrar territorios. Un Estado paralelo con bandera propia. Lo que el artículo omite es el resto: ese Estado arrasó con las poblaciones que resistieron. La isla de Banda fue despoblada en 1621. La VOC fue el primer experimento de soberanía privada sostenida por la violencia.
5. En su libro Fascismo tardío, el filósofo italiano Alberto Toscano analiza lo que llama la libertad fascista: esa concepción de la libertad que no es la emancipación de todos, sino la desregulación para los que ya tienen poder. No es la libertad del ciudadano –esa construcción lenta, trabajosa, que va de Atenas a la Revolución Francesa, de T.H. Marshall al Estado de bienestar–, sino la libertad del propietario, del inversor, del enclave. Una libertad que, paradójicamente, requiere disciplina total hacia dentro del movimiento.
6. La idea de enclave define a la ideología libertaria en su estado actual: que desaparezcan los Estados para que surjan enclaves con legislación propia, leyes propias, moneda propia. El historiador canadiense Quinn Slobodian estudió estas ciudades autodirigidas en su libro Crack-Up Capitalism, propias de un anarquismo capitalista. Allí cita a Balaji Srinivasan: “La caída de San Francisco catalizará el ascenso de las ciudades start-up. Habrá quienes opten por trabajar a distancia desde áreas periurbanas o rurales [...]. Pero otros se reagruparán en torno a unas nuevas ciudades temáticas”. También dio publicidad a Próspera –en la que él mismo invirtió– como modelo de ese futuro.
7. Próspera es un enclave privado en la isla hondureña de Roatán, respaldado por Peter Thiel. Tiene gobierno propio, régimen fiscal propio, seguridad privada y puertas biométricas. Los trabajadores hondureños que la construyeron no pueden vivir en ella. Cuando el gobierno de Xiomara Castro intentó cancelar su marco jurídico, Próspera demandó al Estado por casi 11 mil millones de dólares (dos tercios del presupuesto nacional). Es, en miniatura, el experimento que Milei ofrece escalar.
8. El filósofo Carlos Fernández Liria explica la línea argumental de este tipo de emprendimientos sociales: “Estamos ante reyes filósofos que planean un nuevo asesinato de Sócrates. Toda la filosofía habla de cómo conseguir que el pueblo razone. Ese proyecto político ha sido sustituido por la idea de convertir los países en empresas con un jefe ejecutivo que actúe como monarca en un mundo completamente desregulado”.
9. Joseph Conrad navegó el Congo en 1890 y escribió El corazón de las tinieblas como testimonio de lo que vio. No trata sobre la corporación que celebran Milei y Sturzenegger, sino sobre el Congo belga, la colonia personal del rey Leopoldo II de Bélgica, que entre 1885 y 1908 fue administrada no por un Estado, sino por una empresa privada, la Société Anonyme Belge pour le Commerce du Haut-Congo, con una brutalidad que escandalizó incluso a los estándares coloniales de la época. Se estima que entre cinco y diez millones de congoleños murieron bajo ese régimen. Hubo una película que versionó a Conrad y retrató el horror de lo que ocurre cuando el poder opera sin contrapeso ni ley. Su nombre lo dice todo: Apocalypse Now. Cuando el poder no tiene rostro humano responsable, no hay a quién pedirle cuentas. Es lo que Milei ofrece al mundo desde el Financial Times.