Aspectos

La foto o la película

Transformaciones. Superávit fiscal y desaceleración inflacionaria. Foto: AFP

La actual situación del país no es la óptima, si bien es precedida por uno de los peores períodos gubernamentales que le cupo sufrir, coronados por su conductora efectiva presa. La realidad es que la Argentina actual se ha trazado un camino.

Salir de décadas de decadencia y atraso, de falta de esperanza en que ese largo proceso de autodestrucción se inició y consolidó.

Si bien hay sectores que tienden a construir un nuevo modelo de país, y ya están logrando resultados espectaculares, los frutos de esa transformación estructural de la economía argentina, no se han hecho tan visibles, ni han llegado con profundidad a los grupos mayoritarios de la población.

Muchos argentinos, en especial los más desprotegidos, sufren carencias, en algunos casos, crecientes respecto a un pasado cercano.

No obstante, cabe analizar no solo la fotografía de la actualidad, sino la película que la ha precedido y condicionado, y que llevo al país a un camino de auto destrucción simbolizado por un proceso inflacionario autodestructor (25 % mensual) y muestras de corrupción por doquier, que constituyen el piso desde donde se está intentando, en el proceso iniciado en diciembre de 2023, una salida sólida, removiendo las causas fundamentales del deterioro económico.

Decisión que conlleva los profundos costos sociales que se están padeciendo.

Es una realidad que en las propias bases del sistema económico se están produciendo cambios de envergadura, a fin de ofrecer certidumbre a un genuino proceso de inversión.

Las transformaciones económicas operadas en los últimos dos años resultan para muchos, no solo en el orden nacional, sino en el exterior, sorprendentemente significativas, entre tantas otras: superávit fiscal, desaceleración inflacionaria, derrumbe del riesgo país, reforma del Estado y desregulación, incentivo para las grandes inversiones (RIGI), reducción o eliminación de tributos y aranceles distorsivos, etc.

Por su parte en el orden social se han logrado desterrar males enquistados por largo tiempo, a partir de la aplicación exitosa del protocolo antipiquetes para garantizar la libre circulación, y haber dado fin a la intermediación social, desmantelando las estructuras que permitían a organizaciones sociales y políticas actuar como intermediarios de los planes de asistencia estatal (“gerentes de la pobreza”).

Como contracara, se observa que la actual conducción gubernamental, especialmente en cuanto a su aspecto comunicacional y político, exhibe facetas que no dan lugar al elogio.

Nada favorece la exhibición de falta de empatía frente a aquellos que sufren este proceso de cambio, o que no coinciden con el actual modelo de gestión, deparando indiferencia, agresión o insultos.

La democracia permite, casi incentiva el disenso, fundamental para evitar gobiernos de pensamiento único. La historia mundial, y también la local ha provisto acabadas muestras del daño que producen regímenes intolerantes.

No resulta claro para quien esto reflexiona, asumir posiciones cerradas frente a reclamos muy sensibles de la sociedad, llámese entre otros, discapacitados, hospitales o universidades. No supone conceder todos los reclamos, sino posibilitar vías de diálogo, aparentemente obturadas.

Quizás habría que reasignar prioridades para hacer menos difícil la transición.

Se señalaba más arriba: la necesidad de empatía oficial ante los padecimientos reales de muchos argentinos, constituye condición para sostener y poder proyectar en el tiempo, este intento fundamental de cambio que se produce en el país.

De otro modo, la continuidad del proceso iniciado hace dos años, podría, para una nueva decepción de aquellos que lo deseamos, verse seriamente comprometida.

Volver a la noria de décadas de atraso y carencia de horizonte…

¡Sería lamentable!

* Economista. Presidente honorario de la Fundación Grameen Argentina.