Milei quedó atrapado en Wonderland
Una parte del establishment sigue apostando por Milei. Otra parte se pregunta si él construye una realidad paralela como estrategia política o si de verdad cree que existe.
Para contener a los propios y sumar a los otros los gobiernos se valen de relatos que mezclan verdades, esperanzas más o menos fundadas y simples ficciones.
Max Weber sostenía que los gobernantes construyen narrativas para justificar la legitimidad de sus actos. Pero, en el fondo, esas narrativas sirven para justificar y legitimar las razones de los sectores que eligieron al gobernante.
Para que la fórmula funcione, el relato oficial tiene que ser lo suficientemente convincente y tener más puntos de contacto con la realidad que con la ficción. Y para que la mayoría que lo votó siga siendo mayoritaria, los que se consideran ganadores del modelo deben ser más que los que se perciben perdedores.
Una parte del establishment sigue apostando por Milei. Otra parte se pregunta si él...
Si todo sale de acuerdo al plan y se sustenta en el tiempo, el relato se consolida como hegemónico y se convierte en sentido común, como entendía Gramsci y aspira Javier Milei.
Épica. Milei retomó la construcción de un relato épico técnicamente similar a los de Alfonsín, Menem, Néstor y Cristina Kirchner, pero de contenido muy distinto.
Otra vez hay héroes (en este caso él, un rockstar), hay villanos (los “kukas”), hay sacrificio (el ajuste), hay lucha (contra el Mal), hay peligros (terroristas y golpes de Estado), hay redención (que libera al “pueblo” de las desgracias del pasado) y hay un futuro en el que el héroe vence y la sociedad se beneficia y le retribuye volviendo a votarlo.
A diferencia de aquellos mandatarios, él construyó su relato en un tiempo histórico en el que los requisitos para sustentar las verdades de ese relato ya no son tan exigentes.
No es que hasta ahora la ausencia de la verdad fuera un obstáculo para formular relatos oficiales, pero sí es cierto que cuando antes se descubrían las mentiras más alevosas de los gobernantes, el relato se resquebrajaba rápido y se volvía caricaturesco.
Eso cambió.
El líder de la principal potencia mundial, Donald Trump, contabilizó 30.573 afirmaciones falsas o engañosas en su primer mandato, según The Washington Post. No obstante, fue electo para un segundo período y todo hace prever que al finalizarlo habrá superado su anterior récord.
Milei es un fiel seguidor de esa estrategia comunicacional en la que lo que importa no es decir la verdad, sino generar atención, alimentar los sesgos de confirmación de sus propias audiencias y sumar, a fuerza de repetición, nuevas adhesiones de aquellos que quieren dejarse convencer con lo que escuchan.
Por eso, el problema no es la ficción con la que se construyen esos relatos políticos.
El problema es quedarse atrapados dentro de esa ficción.
En septiembre, el relato se enfrentó a una sucesión de malas noticias económicas.
Caída de la inversión y el consumo. Descenso del PBI en el segundo trimestre y posterior baja de la actividad económica con riesgo de completar dos trimestres negativos seguidos e ingreso a una recesión. Aumento del desempleo y de la pobreza, pérdida del poder adquisitivo, más cierre de empresas, crecimiento de la capacidad ociosa instalada y una morosidad que se mantiene alta tanto en las familias como en las empresas. Proyecciones inflacionarias al alza (2% en el mes, igual que la inflación mayorista de agosto) y nuevo descenso del Índice de Confianza del Consumidor. Aumento de un riesgo país que el viernes cerró en 655 puntos (máximo en el año) y un índice Merval que alcanzó su menor valor desde febrero.
Grandeza. A casi tres años de haber asumido, no es la realidad que se prometía. No condice con “El Año de la Grandeza Argentina” decretado por el Gobierno para 2026. Ni guarda relación con la afirmación del ministro Luis Caputo de que desde abril comenzarían “los 18 mejores meses que la Argentina haya visto en las últimas décadas”. Según la propia información oficial, al menos en los primeros seis meses de ese plazo eso no estaría sucediendo.
Milei está haciendo un esfuerzo sobrehumano para refutar una realidad que está fundada en los datos provistos por el mismo gobierno que él preside.
De Nueva York a París, pasando por IDEA y un par de reportajes, presentó su propia realidad. No es la del país real, pero es la de un país en el que sería más fácil vivir:
“Estamos en niveles máximos de PBI”, “los indicadores están arrojando cualquier cosa, el consumo está en máximos históricos”, “la economía generó 520.000 puestos de trabajo”, “hay US$ 75.000 millones de reserva” y “la economía argentina creció tres o cuatro veces más que el promedio”.
Para aportarle épica a un relato jaqueado por la economía real, el Presidente buscó resaltar la grandeza y las dificultades de su lucha. Afirmó que sufrió “siete intentos de golpe de Estado”, que “la quinta de Olivos recibió el tratamiento de una base militar porque tengo enemigos muy pesados en el mundo” y que “deportamos 10.000 terroristas el año pasado y 20.000 este año”.
Atrapado en Wonderland, pasa horas en las redes sociales replicando videos de IA en los que es un superhéroe atlético y exitoso.
Aplausos. Según las crónicas de los últimos eventos en los que participó; los empresarios, gobernadores, diplomáticos e inversores que lo aplauden en público son los mismos que ironizan sobre él y sus dichos en privado.
... construye una realidad paralela como estrategia política o si de verdad cree que existe
Entre ellos están los que critican el modelo, pero reivindican medidas puntuales de su presidencia; los que quieren que su plan funcione y esperan que eso finalmente suceda, y los que ya perdieron esa esperanza. La duda en todos esos casos es si Milei construye una realidad paralela como estrategia política o si de verdad cree en lo que repite.
Teniendo en cuenta su tendencia a imaginar universos que los demás no ven (creerse la reencarnación de un gladiador romano, un perro muerto con el que habla, dialogar con el “Uno” a través de su hermana, perros clonados que lo asesoran, etc.), es posible que también tenga la necesidad de creer que ese país maravilloso que describe, realmente existe. Y que las fuerzas del Mal lo quieren destruir con terroristas y golpes de Estado.
Y es probable que luego esas creencias sean guiadas por la estrategia comunicacional de Santiago Caputo. Bajo la consigna de que, sea cierto o no lo que dice, igual puede servir para mantener vivo el relato oficial.
De hecho, una parte importante del establishment y de la sociedad le cree. Ya sea porque forman parte de los beneficiados por su modelo o porque, sin serlo, toman por cierto lo que dice quien los gobierna y a quien probablemente hayan votado.
Más allá de sus verdades, mentiras y achaques, el relato de Milei aún aparece competitivo en términos electorales. Dentro de un año deberá medirse contra otros relatos y relatores. ¿El de un mileismo sin Milei, el de un peronismo sin Cristina, el de un nuevo outsider que lo hará distinto, el de un candidato que seduzca al electorado del medio?
Detrás de cada narrativa y de cada candidato se esconderán de nuevo las necesidades simbólicas y prácticas de los diferentes sectores sociales. Puede que el que gane no sea el mejor, pero será el que mejor intente reflejar a la próxima mayoría que gobernará durante los siguientes cuatro años.