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El baldazo helado de julio

La actividad económica cayó 2,9% en julio y encendió las alarmas por la recesión

El EMAE mostró una caída y confirmó que la recesión técnica ya está en marcha tras la baja del PBI del segundo trimestre. Comercio, industria y construcción, los sectores con mayor peso en el empleo, no logran reaccionar, mientras Vaca Muerta sostiene el promedio. Agosto y septiembre serán claves para saber si la economía esquiva la recesión antes de 2027.

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Condicionado. El año electoral limita las decisiones de inversión de las compañías. | NA

La economía real argentina no repunta. Pasan los meses y no hay caso. Los sectores postergados siguen en el mismo lugar, incluso empeorando su performance negativa. Y con curiosidades preocupantes como que el último lugar en la caída industrial ya no es de los textiles, sino de los metalúrgicos, nuevos líderes en la baja de producción. Y para sorpresa de muchos, entre los rubros que pierden contra el año pasado se sumó en julio el sistema financiero. Los bancos, ganadores eternos sin importar al resto de la comunidad productiva, tuvieron un julio para abajo.

El Indec muestra una economía dividida, con los perdedores ligados al mercado interno

Los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) correspondientes a julio 2026, divulgados por el Indec el jueves pasado, quizá sean de los peores de toda la gestión Javier Milei. Ya se explicó por estas líneas que técnicamente recesión quiere decir dos trimestres consecutivos de caída en la actividad general. Si se tiene en cuenta que hace 10 días se confirmó que el PBI del período abril-junio mostró una baja de 0,6% contra el primer trimestre del año, el primer lapso recesivo está adentro. Y quedaría ahora verificar lo que sucede en el tercer trimestre contra el segundo. Por eso es importante el dato de julio: es el primer mes de tres donde la actividad debería haber repuntado para eludir ese infierno tan temido de la recesión. Julio arrojó una caída de 2,9%, y la expectativa ahora es que agosto y septiembre mejoren al punto de recuperar esa baja. Los primeros datos del mes pasado no son optimistas: la recaudación impositiva (especialmente el IVA), la producción automotriz, la actividad manufacturera, las escrituras de viviendas y ciertos datos del comercio no dan lugar para el optimismo. Los números favorables vienen del costado clásico: Vaca Muerta, el campo y la minería, con alguna sonrisa en restaurantes, hoteles y servicios de electricidad, gas y agua. Poco para remontar un 3 a 0 en contra con un jugador menos.

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Los porcentajes del EMAE hablan de una actividad que cayó 2,9% frente a junio en términos desestacionalizados y retrocedió 1,4% contra julio de 2025. El dato interrumpió la recuperación del mes anterior y dejó el crecimiento acumulado de los primeros siete meses de 2026 en 1,7%. Junio había registrado una mejora desestacionalizada de 0,3%, pero julio no solo borró ese avance sino que dejó una contracción mucho mayor. La economía sigue mostrando el comportamiento de “serrucho” que caracterizó buena parte de 2026: avances y retrocesos mensuales sin que se consolide todavía una recuperación sostenida.

Julio arrojó una caída de 2,9%, y la expectativa ahora es que agosto y septiembre mejoren para recuperar esa baja

La fotografía sectorial muestra con claridad quiénes fueron los ganadores y perdedores. De las 15 ramas relevadas por el EMAE, siete crecieron interanualmente y ocho terminaron por debajo de julio del año pasado.

El ganador extraordinario fue la pesca, con una expansión interanual de 424,5%, un porcentaje que debe interpretarse por la fuerte volatilidad del sector y una base de comparación particularmente baja. En segundo lugar apareció explotación de minas y canteras, que avanzó 8,4%, reflejo del dinamismo del petróleo, el gas y Vaca Muerta.

Del lado de los perdedores, la falta de novedad alarma: construcción, industria y comercio no reaccionan, y no hay plan económico que funcione si estos tres sectores no se alinean en el eje positivo. El comercio mayorista, minorista y reparaciones fue el sector con mayor caída interanual: retrocedió 5,1%. La industria manufacturera quedó detrás, con una contracción de 4,6%. Por su peso en la economía, juntas restaron 1,3 puntos porcentuales al EMAE interanual.

El deterioro industrial ya venía mostrando señales claras: el índice de producción manufacturera marcó para julio una caída cercana al 5% interanual, y la utilización de la capacidad instalada se ubicó en apenas 58,2%, contra 58,4% de julio de 2025. Alrededor de cuatro de cada diez unidades de capacidad productiva permanecieron sin utilizar.

La construcción cayó 3,3% interanual. La intermediación financiera bajó 3%; transporte y comunicaciones retrocedió 1,5%; administración pública y defensa, otro 1,5%; servicios comunitarios, sociales y personales disminuyeron 1,3%; y enseñanza registró una baja marginal de 0,1%. Se sumó una caída de 4,5% en los impuestos netos de subsidios.

Se terminó el veranito financiero porque hay más exigencias de coberturas

Así, el EMAE de julio deja una economía dividida. Los ganadores se concentran en actividades vinculadas a los recursos naturales: petróleo, gas, minería, pesca y, en menor medida, el agro. Los perdedores aparecen en sectores ligados al mercado interno: comercio, industria y construcción. El problema es que entre los ganadores se concentra apenas el 30% del empleo; el resto detenta el 70%, con el deterioro pegando fuerte en los centros urbanos.

La comparación con el PBI refuerza la señal. El Indec había informado que en el segundo trimestre la economía creció 2% frente a 2025, pero cayó 0,6% contra el primer trimestre en términos desestacionalizados. Julio, primer mes del tercer trimestre, agregó una contracción mensual de 2,9%.

Queda así una paradoja para 2026: pese al retroceso de julio, la actividad acumula un crecimiento de 1,7% en los primeros siete meses. Pero detrás del promedio conviven realidades muy distintas: mientras minería y energía mantienen un núcleo expansivo y la pesca dio un salto excepcional, actividades de mucho peso en empleo, consumo y producción industrial atraviesan el escenario contrario.

Se acercan tiempos de definiciones, con la política debiendo mostrar sus cartas para 2027, año electoral. El problema para el Gobierno es que, en general, en estos períodos las inversiones menos seguras se guardan en cuarteles de invierno hasta que las incógnitas electorales se despejen, y se impone la clásica dolarización de carteras. Por eso las apuestas se concentran en los años no electorales, cuando los privados pueden enfocarse en decisiones productivas: el caso de Vaca Muerta, el campo y la minería. Pero no el de la construcción, la industria y el comercio, donde trabaja la mayor cantidad de gente. Esa que vota.