opinión

Mileísmo kirchnerista

Regreso. La decisión de mantener el sistema actual para medir el IPC recuerda a los tiempos de Guillermo Moreno. Foto: NA

“El poder es tener impunidad”, acuñó hace casi tres décadas el empresario Alfredo Yabrán, en su intento de operativo blanqueo tras el asesinato de José Luis Cabezas. Parafraseando esa afirmación, podría decirse que un síntoma de poder es también tener el control.

Esa aspiración se expande entre individuos, grupos, organizaciones y gobiernos, claro. El de Javier Milei no es la excepción, pese a su declamada oda a la libertad. Y ha vuelto a exhibir esa obsesión en la última semana, con dos decisiones más que controvertidas.

Una fue la ratificación oficial de que se posponen sin fecha los cambios previstos para medir la inflación, lo que motivó la salida del jefe del Indec, Marco Lavagna. La segunda, la creación de la Oficina de Respuesta Oficial, que vía redes sociales buscará imponer la narrativa libertaria ante periodistas, medios, políticos y cualquiera que esboce un dato disonante.

Las argumentaciones para sostener ambas iniciativas lucen escasas de papeles. El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, dio ambiguas vueltas en torno a la posible distorsión de la nueva medición, lo que le valió hasta la desmentida de su antiguo viceministro, Joaquín Cottani. También algún pedido reservado de aclaraciones de funcionarios del FMI, según fuentes confiables, ante quienes se había comprometido desde hace un año a renovar el índice.

La medida, que vuelve a despertar sospechas sobre la confiabilidad del organismo estadístico nacional, provocó ciertos cimbronazos en los mercados, naturalmente sensibles a este tipo de novedades. Este martes 10, cuando se conozca el IPC de enero, volverá a exponerse esa tensión por la credibilidad.

Menos ruido económico-financiero pero más político-mediático causó el nacimiento de la Oficina de Respuestas. Aparte de satisfacer el deseo de imponer su verdad, como si fuera única y no pudiera confrontarse, omite el deber previo de que la información pública resulte accesible. No sólo para los medios o periodistas amigables.

Amén de copiar una cuenta oficial similar de la Casa Blanca trumpista y de reciclar una vieja práctica del entonces vocero y actual Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, que trató de desmentir a los medios por un canal de YouTube efímero (¿por la escasez de audiencia?), la idea del asesor Santiago Caputo adolece de cualquier instrumentación seria.

No se trata sólo de una iniciativa encarada por una gestión que hizo de las fake news un arma oficial, con papelones y vergüenzas memorables. Encima está a cargo del director de Comunicación, Juan Pablo Carreira (a) Juan Doe en la red X.

Carreira es el mismo que se inició en La Derecha Diario (house organ del mileísmo) y decidió borrar de su historial tuitero sus diatribas contra trabajar en el Estado y sus juramentos de que jamás lo haría. Desde la caputista sala Martín Fierro y con la asistencia de la SIDE, Carreira procurará estar a la altura de la misión encomendada a estos soldados de Milei. Saben poco de historia.

Pero acaso la mayor paradoja política de ambas iniciativas es que emparentan al ecosistema libertario con lo que dice combatir: el kirchnerismo.

Cómo olvidar el avance kirchnerista sobre el Indec y las estadísticas oficiales, entre 2007 y 2015, liderado por el impopular y condenado Guillermo Moreno. Recién con el triunfo de Mauricio Macri y la llegada de Jorge Todesca al organismo se pudo empezar a reconstruir la rigurosidad en los índices.

Algo similar sucede al recordar el alumbramiento, en 2020, durante la administración de Alberto Fernández, del Observatorio de la Desinformación y la Violencia Simbólica en Medios y Plataformas Digitales (Nodio), dentro de la Defensoría del Público. Otro enchastre.

Curiosamente, o no tanto, esta semejanza con las prácticas kirchneristas le abre al Gobierno la posibilidad de invalidar cualquier réplica al respecto de la principal fuerza opositora.

Por caso, ¿se imaginan alguna consultora económica vinculada al kirchnerismo anunciando que armará su propia medición de la inflación? ¿O voces K indignadas por la Oficina de Respuestas? Difícil, pero nada es imposible.

Tampoco es llamativo que sectores que se exasperaron ante aquellas penosas intervenciones kirchneristas ahora guarden un atroz silencio exculpatorio. Se entiende: muchos dirigentes del PRO y la UCR antiK están pintados de violeta y mejor mirar para otro lado. Muchos de ellos ligaron hasta cargos gubernamentales.

Las Bullrich, los Iglesias y las Giudici de la política argentina, por poner algunos ejemplos, construyen mecanismos de doble vara de acuerdo a sus conveniencias personales o ideológicas. Esos sistemas poseen un alcance partidario horizontal.

Al calorcito del poder y la excusa de que el kirchnerismo es el enemigo máximo, se justifican métodos que lucen entrelazados. Muchos “ñoños republicanos” abrazan, así, un republicanismo intermitente, funcional al negocio de “la grieta”. Nada que sorprenda.