Conversación

Robavidas

¿Quién carajo golpea otra vez? Pichetto, su transa peronista, excandidato a vicepresidente.

Máximo. Declaró un patrimonio de 11.085 millones de pesos. Foto: NA

Escribir es iniciar una conversación. ¿Qué otra cosa podemos hacer acá? La rutina de días que se suceden a la espera de que lleguen otros mejores se vuelve carcelaria. En el espacio de esta celda cotidiana sólo cabemos dos. Así que, aquí estamos, tomando unos mates. Después de un silencio, de cebar otro, de mirar nada entre las rejas de la ventana, vuelvo, volvemos la cara para mirarnos, trato, tratamos de ignorar que el tiempo pasa siempre igual. ¿En qué estábamos? 

Qué necesidad, dirás. Ninguna en especial. Ayudar a no olvidar, a recordar quizá. Tener la memoria al día, sin trampas contables, sin deudas reales, te protege de los usureros que regresan a vender la historia según sus intereses. Quieren recaudar votos. Toc, toc, ¿Quién carajo golpea otra vez? Pichetto, su transa peronista de toda la vida, excandidato a vicepresidente de Macri. Así como me arrodillé por un voto para él, ahora me arrastro por el indulto para ella. Chupe amigo, es por la patria.

Dan ganas de detonar la ira. De alcanzar un nuevo nivel de puteada escatológica. Pero no, ya demasiada mierda ventila Milei. Mejor responder con datos, hechos, buena onda. Hola Pichi querido, tanto tiempo. Antes de contarnos las costillas, una pregunta que todos te quisieran hacer. Con los antecedentes de trapecista que tenés, saltando de un cargo a otro desde hace cuarenta años, ¿no te da un poquito de pudor, un rubor, algo de vergüenza, abrocharte otra vez a cualquiera para seguir bebiendo sangre ajena? 

Entrar ahora en el baño electoral a bombardear gases lacrimógenos, malolientes, con el estómago revuelto de sapos, usar el papel higiénico archivado de una causa que pasó por cinco tribunales, en la que intervinieron catorce jueces, sólo para limpiarte el historial sucio, es volver a cagarte encima de la poca Justicia que tanto cuesta conseguir en este país. La rea Cristina Kirchner fue defendida por abogados expertos, caros, influyentes. En ninguna instancia del juicio oral logró demostrar su inocencia 

Los fiscales Diego Luciani, Sergio Mola, que representaron a la sociedad, bajo presión, operaciones ensobradas, aprietes evidentes, amenazas de muerte, lograron al fin probar que ella era culpable de administración fraudulenta. Como abogado, Pichi, en tu época de estudiante seguro recitaste de memoria el artículo 16 de la Constitución Nacional. “La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: No hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley”. 

Palabra santa en democracia, ¿o no?, Pichi. ¿Acaso sos de los que saben, pero callan cuando les conviene, que los jueces se bajan la venda de los ojos para espiar quién es quién, cuánto tienen para poner, antes de dictar una sentencia? La Corte Suprema confirmó el fallo hace más de un año. ¿Por qué reclamar ahora? ¿Qué motivo tendría un leguleyo como vos para tirar de la cadena de medios? ¿Hacer saber a quien corresponda que estás disponible?

Ningún pichi, Pichetto. Pide por la madre, pero no alza la voz por la declaración jurada del hijo. No toca la teca. La que fue de sus jefes, Menem, Néstor, Cristina, Macri, ni la de los que sirve. Máximo Kirchner declaró, en blanco, un patrimonio de 11.085 millones de pesos a fines de 2025. El 33,4% de aumento en un año. En dólares, 2.800.000, parte de las acciones de Los Sauces, de Hotesur, más 27 propiedades. ¿No te sale, Pichi, como a los giles del común, pensar cómo la habrá hecho el nene, en qué empresa incubadora?

La corrupción debería ser juzgada como un crimen agravado por infanticidio. A la condena de prisión para los responsables se le sumarían entonces, por ejemplo, el equivalente en años del porcentaje de pibes atendidos por desnutrición en hospitales públicos de todo el país durante el período comprobado. Que los testaferros, los asesores, los cómplices, los secretarios, los alcahuetes, los que se la llevaron en bolsos, le hagan monumentos, o le pongan el nombre a una calle.  

Las víctimas no olvidan, ni perdonan, a los robavidas. 

* Escritor y periodista.