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CAPUTO Y EL ‘CANUTO’ verde

Del Rodrigazo al colchón: más de medio siglo de desconfianza en el peso

El ministro Luis Caputo pidió a estudiantes de la UTDT que convenzan a sus padres de sacar los dólares del colchón. No es tarea fácil: quien vivió las últimas cinco décadas de la economía argentina atravesó el Rodrigazo, la tablita cambiaria, dos hiperinflaciones, la convertibilidad, el cepo y la corrida de 2019. Una historia de devaluaciones y promesas incumplidas que explica por qué, para millones de argentinos, el dólar sigue siendo el único refugio frente a la moneda nacional.

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Pijama party. | Pablo Temes

Una persona que en 1975 tuviera 18 años hoy tendría 79. Podría ser el abuelo o la abuela de cualquiera de los chicos que escucharon al ministro de Economía Luis “Toto” Caputo decir el martes 8 de septiembre, ante estudiantes de la Di Tella: “No se enojen con sus padres cuando les dicen: ‘Yo no voy a sacar la plata del colchón’. Traten de convencerlos igual”. Era un llamado a que esa misma noche los alumnos convenzan a sus padres de ingresar en los planes de Inocencia Fiscal, y de blanquear todo lo que se pueda de los más de 200.000 millones de dólares que los argentinos guardan en colchones, cajas de seguridad y falsos cajones.

No la tienen fácil los jóvenes emprendedores. La historia económica argentina de las últimas cinco décadas puede reconstruirse siguiendo el precio del dólar. Desde el Rodrigazo hasta la corrida posterior a las PASO de 2019, casi todas las grandes crisis combinaron inflación, déficit fiscal, emisión, endeudamiento, atraso cambiario, pérdida de reservas y devaluación. Y una conclusión común: quien refugió sus ahorros en el dólar extraoficial se garantizó la impunidad y el sostenimiento de su poder adquisitivo.

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El primer gran quiebre fue el Rodrigazo, anunciado el 4 de junio de 1975. María Estela Martínez de Perón era presidenta y Celestino Rodrigo acababa de asumir en Economía, con inflación creciente, déficit fiscal y un tipo de cambio atrasado. Aplicó una corrección de shock: el dólar comercial fue devaluado cerca de 100%, y con los ajustes sucesivos, el precio oficial más que se duplicó. Tarifas, transporte y combustibles también subieron con fuerza, en una carrera entre precios y salarios que debilitó al propio gobierno peronista. Rodrigo dejó Economía en julio y la inflación se aceleró, inaugurando más de quince años de inflación extremadamente alta.

Tras el golpe de marzo de 1976, José Alfredo Martínez de Hoz asumió Economía bajo Videla, con apertura comercial y liberalización financiera. Desde fines de 1978 rigió la “tablita cambiaria”: devaluaciones anunciadas de antemano, cada vez menores, esperando que la inflación convergiera a ese ritmo. No ocurrió: los precios siguieron subiendo más rápido y hubo fuerte atraso cambiario. Fue la “plata dulce”, con creciente endeudamiento externo. Cuando el esquema perdió credibilidad, comenzó la fuga.

Quien apostó al dólar en 1975, en contra del peso, ganó un 639.583.333.333.233%...

En marzo de 1981 asumió Roberto Viola y Lorenzo Sigaut llegó a Economía. Antes de devaluar dijo: “El que apuesta al dólar pierde”. Poco después el dólar subió cerca de 30% y en 1981 la moneda perdió gran parte de su valor, dejando alta deuda externa y recesión.

Con Alfonsín, desde diciembre de 1983, Sourrouille lanzó en junio de 1985 el Plan Austral: nació el austral, con el dólar arrancando cerca de 0,80. Se congelaron precios, salarios y tipo de cambio. Al principio fue un éxito y la inflación mensual se desplomó, pero volvieron la emisión y las devaluaciones. En 1988 llegó el Plan Primavera, último intento de llegar a las elecciones controlando precios y dólar. A comienzos de 1989 colapsó.

En febrero de 1989 el Banco Central dejó de vender dólares al precio sostenido y se desató una corrida: empresas y particulares se desprendían de australes apenas los recibían. Sourrouille, Pugliese y Rodríguez se sucedieron sin frenar el proceso. En mayo la inflación fue 78,5%; en junio, 114,5%, y en julio llegó a 196,6% mensual, con saqueos y caída del salario real. Alfonsín debió adelantar cinco meses la entrega del poder. Menem asumió el 8 de julio de 1989.

El cambio de presidente no resolvió el problema de inmediato. Tras el fallido acuerdo con Bunge & Born y la muerte de Miguel Roig, su sucesor Rapanelli perdió rápido credibilidad y a fines de 1989 hubo otra corrida. Erman González lo reemplazó: la inflación fue 40% en diciembre, 79,2% en enero de 1990, 61,6% en febrero y 95,5% en marzo, segunda hiperinflación en menos de un año. El Bonex convirtió los plazos fijos en bonos públicos. La estabilización llegó recién con Cavallo y la convertibilidad, en 1991.

La llegada del uno a uno

El uno a uno eliminó la inflación, pero desde 1998 el país entró en recesión prolongada. Con De la Rúa, y tras Machinea, López Murphy y Cavallo, el Estado no lograba financiar su deuda. En 2001 creció la fuga de depósitos; en diciembre, Cavallo impuso el corralito, De la Rúa renunció y Rodríguez Saá declaró el default. En enero de 2002, con Duhalde y Remes Lenicov, terminó la Convertibilidad: primero un dólar de $1,40 y luego se liberó, rozando $4, depreciación cercana al 75% del peso.

Con el kirchnerismo, Cristina Fernández de Kirchner, recién reelecta en 2011, enfrentó una corrida cambiaria. A fines de octubre comenzaron los controles para comprar divisas, con el oficial en torno a $4,25. El sistema se endureció hasta el cepo, y con Boudou, Lorenzino y Kicillof apareció el dólar blue y una brecha creciente. En enero de 2014 el oficial pasó de menos de $7 a cerca de $8. Al terminar el mandato, en diciembre de 2015, el oficial estaba en $9,80 y el paralelo cerca de $14-$15.

Macri levantó el cepo en diciembre de 2015 y el dólar saltó a la zona de $13-$14. El problema reapareció con fuerza en 2018: el déficit externo y fiscal y el cierre del financiamiento internacional llevaron a pedir asistencia al FMI. El viernes 9 de agosto de 2019, antes de las PASO, el dólar cerró en $46,55. Tras la victoria de Alberto Fernández, el lunes 12 saltó a $57,30 y llegó a venderse cerca de $63, un salto de 35% en días. Dujovne renunció, lo reemplazó Lacunza, y el propio Gobierno terminó reinstalando controles cambiarios.

Desde el Rodrigazo hasta las PASO de 2019 se repite una secuencia bajo gobiernos de distinto signo: el dólar se usa para contener la inflación, los precios avanzan más rápido y, cuando las reservas no alcanzan, crece la expectativa de devaluación. Todos los episodios muestran lo mismo: cuando se pierde la confianza en la moneda, el dólar deja de ser una divisa y se convierte en refugio frente a la crisis.

Hay una realidad de fondo. Quien apostó al dólar en 1975, en contra del peso, ganó un 639.583.333.333.233%. A esa persona deben convencer los alumnos de la Di Tella. Difícil.