opinión

Síndrome 1200 a. C.

VIVEN. Aún hoy, tanto Maquiavelo como Homero permiten comprender los mecanismos de lo real. Foto: cedoc

1. Alrededor del 1250 antes de Cristo –la fecha puede ser un tanto arbitraria– el mundo que rodeaba al Mediterráneo era muy pujante. Los primeros griegos, los aqueos de los que hablan La Ilíada y La Odisea eran solo una parte de un conjunto particularmente activo. De hecho, su organización política no era la que conocimos después, en la época de la democracia. Más bien, era un grupo guerrero, que algunos definieron como los “vikingos del Mediterráneo”. Pero no eran los únicos: eran tiempos de esplendor en Egipto y la Mesopotamia. A eso se sumaba, en lo que hoy es Turquía, la civilización Hitita, que, entre otras cosas, dejó un testimonio escrito de la última etapa de la Edad de Bronce. El comercio –la globalización, diríamos en términos actuales– permitía que llegaran del Lejano Oriente perfumes, especias, marihuana. Regiones más lejanas, como la actual España o el Danubio, llevaban minerales que servían para hacer herramientas y armas. La cultura micénica tenía palacios gigantes, reyes guerreros. Cerca, existían ciudades como Troya, que era un enclave estratégico entre dos regiones (hacer una analogía con Groenlandia no es arbitrario). La globalización en esa red de redes que era el Mediterráneo hacía que dioses, conocimientos, tradiciones se influenciaran mutuamente. Un mundo que avanzaba. 

2. Pero en el 1200 a. C. ese mundo dejó de existir. Entre el 1200 a. C. y el 800 a. C. (momento en el que se escribieron La Ilíada y La Odisea, según los especialistas), el mundo del Mediterráneo entró en lo que los mismos expertos denominan Edad Oscura. El nivel de colapso fue tal que desaparecieron las grandes ciudades de Grecia y todo el imperio Hitita. Ya no hubo palacios, ni templos. La escritura –que marca el límite entre la prehistoria y la historia, entre otras cosas– desapareció por completo de esa región. Lo que era esplendor se transformó en pobreza.

3. ¿La causa? Es uno de los grandes misterios entre los especialistas en la antigüedad. Pero se saben algunas cosas: a) fue un momento de cambio climático. b) Hubo un colapso en la búsqueda de materias primas, especialmente en materia de minería. c) La guerra (lo que se sabe de la historicidad real de Troya, más allá del mito, que involucra a griegos e hititas). Y un evento que aún no es muy explicable: las invasiones sorpresivas de lo que los faraones de entonces llamaron “los pueblos del mar”. Venidos seguramente del norte de Europa, estos invasores terminaron de acabar con una cultura. Las resonancias con el principio de 2026 son inevitables. 

4. Después del 1200 a. C. hasta el 900 a. C. aproximadamente todo se redujo hasta la consolidación del hierro, mucho tiempo más tarde.

5. En noviembre de 2024 apareció la primera edición argentina de lo que podríamos llamar un “libro señal”: Síndrome 1933, de Siegmund Ginzberg fue ese texto entre tantos otros: el recuerdo de los tiempos del huevo de la serpiente nazi pudo funcionar como una suerte de llamado de atención. Obviamente, no fue el único. Solo dos años más tarde, cuando mucho de lo que se señaló por entonces parece apropiarse de la realidad, lo que el historiador Emilio Gentile llamó el “instante huidizo” en el que una tragedia se torna posible, el 2026 comienza con otro tipo de señal: la proximidad de la guerra, el aumento de la desigualdad, sumados a la situación de la riqueza y del clima nos hablan de una humanidad que va cada vez más rápido hacia un muro. Los últimos días nos hablan de una aceleración que resulta difícil imaginar cómo se detendrá.

6. ¿Qué hicieron los griegos, los de la cultura griega de la que habló un tanto superficialmente el presidente Javier Milei en Davos cuando finalmente se restableció su cultura, o nació una nueva, que incluía democracia, ciudades estado, una nueva estética? Transformaron ese pasado en un mito: lo llenaron de dioses, de héroes, de educación y de cultura. 

7. Desde La Ilíada y La Odisea los humanos no cesamos de inventarnos Grecias. De hacer mitología con un pasado que nos problematiza, nos lleva a un lugar (mythos, en griego, alude a camino). La estetización de la política acompañó a uno de los intentos más dolorosos de recuperar un pasado, el nazismo. 

8. En 1966, Martin Heidegger, una de las mentes más brillantes del siglo XX que nunca devolvió por otra parte su carnet de afiliación al partido nazi, intentó justificar su postura y su pasado en un reportaje cuya lectura hoy resulta indispensable en Der Spiegel. Todo el texto es una clase de periodismo y un documento de cómo un pensador puede extraviarse, aun a través de un camino iluminado por su propia lucidez (una especie de quijotada, en algún sentido). En el reportaje, Heidegger habla también del futuro. Y anuncia algo que debe escucharse hoy: “A lo largo de los últimos treinta años, se ha hecho cada vez más claro que el movimiento planetario de la técnica moderna es un poder cuya capacidad de determinar la historia apenas puede apreciarse. Hoy es para mí una cuestión decisiva cómo podría coordinarse un sistema político con la época técnica actual y cuál podría ser. No conozco respuesta a esta pregunta. No estoy convencido de que sea la democracia”.

9. Sorprende la pasividad del progresismo ante las alertas. Es cierto que no faltan los que hablan del fin del Antropoceno y el nacimiento de una era más oscura, el Chthuluceno, como llama a la época que se avecina la filósofa Donna Haraway, por ejemplo. Pero cuesta ver una conciencia del peligro. Y, mucho más, estrategias para detenerlo. Hay, sin embargo, algunas lucecitas. El primer ministro canadiense, Mark Carney, habló de un nuevo eje de potencias medias que contrarreste al eje que parecen conformar las grandes potencias. O Lula, que parece ir contracorriente de los gobiernos del nuevo elitismo global. 

10. La pregunta más profunda la realizó en su cuenta de Facebook el psicoanalista y escritor Jorge Alemán: “No es que Trump se imponga al mundo, es el mundo el que reclamaba un poder así y es muy importante saber por qué”. Para saberlo, la ciencia política sirve. Y mucho. No, Maquiavelo no ha muerto. Tampoco Homero. Ambos aclaran en lo oscuro.