Restricciones

Trump, contra el arte

EE.UU. Trump exigió restricciones para quienes visiten el país. Foto: AFP

A fines del año pasado, el presidente estadounidense, Donald Trump, exigió restricciones para garantizar que quienes visiten Estados Unidos “no presenten actitudes hostiles hacia sus ciudadanos, cultura, gobierno, instituciones o principios fundacionales”. Por tal motivo, la Agencia de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP) indicó que solicitará los números de teléfono utilizados por los visitantes y la actividad en redes sociales durante los últimos cinco años, direcciones de correo electrónico utilizadas en la última década, datos biométricos de rostro, huellas dactilares, ADN e iris. También solicitará nombres, direcciones, fechas y lugares de nacimiento de familiares, incluidos los niños.

Durante 2024, Estados Unidos representó casi el 43% de las ventas del mercado mundial de arte, según la Encuesta sobre Coleccionismo Global de UBS y Art Basel. Los coleccionistas, galeristas, curadores, académicos y artistas –ciudadanos de otros países– que impulsan el ecosistema del arte, representan el 34% de las ventas globales. Si estos operadores internacionales resisten a entregar sus datos y no viajan a Estados Unidos, el daño se extenderá a toda la infraestructura del arte y la cultura del país. 

De allí que revistas de arte, galeristas, artistas, y todo aquel que depende de este circuito, han puesto el grito en el cielo. Porque estas medidas van más allá del ataque a las libertades civiles, la privacidad, la libertad de expresión, la diplomacia y los viajes, afecta la perduración de un prestigio internacional que tiene que ver con años de trabajo para que el mercado del arte norteamericano sea un bien global.

En un artículo publicado por la revista Hyperallergic, Rob Fields destaca: “Las residencias artísticas, las exposiciones cocuradas y las colaboraciones de investigación se enriquecen con colaboraciones y conexiones internacionales. Cuando viajar se percibe como arriesgado o invasivo, la participación disminuye. Y ante exigencias intrusivas de datos o denegaciones de visas, los artistas pueden optar por postularse a programas de maestría en bellas artes o residencias en París, Londres o Ciudad de México”.

Y no solo eso. Los movimientos de todo el mercado suelen ser sutiles. El caso que cita dicho artículo es reciente y refiere a Reino Unido. Poco antes del Brexit, en 2020, Londres era un centro dominante e indiscutible del mercado del arte en Europa. La incertidumbre política, las barreras aduaneras y los cambios en las regulaciones no colapsaron el mercado del arte del Reino Unido, pero sí tuvieron un efecto sutil y permanente: convirtieron a Londres en un lugar incómodo.

Esto hizo que París experimentara un auge. Paris+ (hoy Art Basel París) sustituyó a la Foire Internationale d’Art Contemporain y se convirtió en una feria importante. Galerías como Gagosian, Zwirner, Mariane Ibrahim y White Cube expandieron su presencia en esta ciudad. Las casas de subastas trasladaron sus ventas al continente y los coleccionistas reorientaron sus patrones de viaje. Lo que comenzó como turbulencia política se transformó en reajuste estructural.

Pero Fisel advierte que hay más opciones: “China, que ya es el segundo mercado de arte más grande del mundo; Hong Kong y Singapur, ambos en desarrollo activo de ecosistemas culturales y financieros; India, donde la riqueza y las instituciones en Delhi y Bombay crecen rápidamente; los países del Golfo, especialmente Catar y los Emiratos Árabes Unidos, que invierten fuertemente en museos y ferias; y los centros africanos, como Nigeria, Ghana y Sudáfrica, que se han convertido en nodos cada vez más influyentes en el debate artístico global”.

La predicción es que las exposiciones y ferias serán difíciles de organizar: los préstamos internacionales suelen requerir que distintas personas viajen con la obra. Si estas se niegan a entregar información, las instituciones extranjeras restringirán el préstamo de piezas a museos estadounidenses.

* Escritor y periodista.