Soledad Carrizo: “Quiero una alianza con Milei: me dicen traidora, pero muchos esconden arreglos con el peronismo”
La diputada nacional confirma su rol como la articuladora radical de la alianza encabezada por La Libertad Avanza en Córdoba. “Me animé a salir del clóset, quiero una alianza con Milei”, señala. Asegura que su misión es sumar a los intendentes de la UCR a una mesa provincial con los libertarios y expresa quien debería liderar la alianza en el 2027. “En mi partido algunos no pueden entender que una mujer no esté detrás de un hombre y quiera hacer su propio camino”, sentencia.
Lejos de las formas diplomáticas, Soledad Carrizo asumió un nuevo rol dirigencial: ser la llave que abra las puertas de los municipios radicales al proyecto que, si bien nuclea a varios frentes, tiene a La Libertad Avanza como protagonista principal. La exdiputada nacional, que supo ser una pieza central de los esquemas de Ramón Mestre y también de Rodrigo de Loredo, hoy se redefine como una articuladora que busca sacar a la UCR de su aislamiento para integrarla orgánicamente a la fuerza que encabeza el presidente Javier Milei.
Esto le ha traído aparejadas duras críticas por parte de dirigentes radicales; sin embargo, lejos de abandonar sus banderas, Carrizo reivindica su pertenencia a la Unión Cívica Radical y sostiene que es un trabajo necesario para disputar el poder en Córdoba en las próximas elecciones del 2027. Además, resalta su trabajo desde el rol de mujer, en un partido que según ella afirma “todos piensan que hay que ir detrás de un hombre”.
—¿Cuál es su nuevo rol en este escenario de fragmentación política?
—Mi rol hoy, como radical, es expresar muchas voces que, en timidez, desde agosto ya empujábamos una alianza con La Libertad Avanza. Nosotros predicábamos una mirada de lo que fue Juntos por el Cambio, pero evolucionada. Me animé a “salir del clóset”: soy una radical que no se oculta para decir que quiere una alianza con LLA, con el PRO, con el Frente Cívico y seguramente más actores.
—¿Formar parte de un armado más amplio?
—Así es. No queremos ser un rejunte que a las dos de la mañana está llenando casilleros para ver quién entra en una lista; nos interesa generar una construcción seria para los cordobeses. Por eso tomé la decisión. Gabriel (Bornoroni) me invitó y ya estamos trabajando con otras figuras como Laura (Rodríguez Machado) y Patricia Bullrich. Tenemos campañas al hombro con Laura. Me tildaron de traidora, pero cuando me decían que el candidato radical no movía el amperímetro, entendí que esta es una confluencia lógica. Con nuestras diferencias e identidades, son más las coincidencias que las disidencias, las cuales he dejado claras desde mi banca en la Cámara de Diputados. Mi rol es de armado político, sin especulaciones. No ponemos el carro adelante del caballo hablando de candidaturas ahora, pero sí queremos transmitirle al electorado cordobés, que es muy exigente, que hay una alternativa.
—¿Qué les responde a los dirigentes que la acusan de traición por trabajar para Milei?
—No me considero traidora. Muchos radicales hicieron sociedades con anterioridad sin preguntarle al partido. Soy una dirigente con más de 20 años en política y nadie puede dudar de mi radicalismo; nunca transé con el peronismo. Hay que animarse a dar esta discusión y voy a trabajar fuertemente para que, orgánicamente, mi partido esté dentro de la alianza. Los radicales somos bastante vuelteros para definir, pero yo soy realista. Hay mucha hipocresía de quienes no quieren hablar sobre la mesa de cuestiones lógicas mientras esconden arreglos con el peronismo.
En mis años de trabajo he tenido una virtud, reconocida incluso por mis adversarios internos: siempre hablé con todos. Mi rol es ser nexo con las generaciones nuevas y la articuladora entre los dirigentes del radicalismo que se quieran sumar a la mesa provincial de LLA. Gabriel ve esa posibilidad en mí, de explicar qué queremos de cara al futuro. Las especulaciones y los proyectos individuales nos han hecho mucho daño en los últimos años.
—Usted fue una pieza clave del mestrismo y luego cercana a Rodrigo de Loredo. ¿En qué instancia está esa relación?
—Hace mucho decidí tomar un camino propio y abrirme de Confluencia (mestrismo). Sentía que mi ciclo ahí había culminado. Logré armar mi propio espacio, aunque mucha gente de mi partido todavía piensa que si no estás atrás de un hombre con apellido histórico dentro del partido no podés avanzar, pero no es así: una mujer también puede tener su propio espacio sin depender de un hombre.
Con Rodrigo tuvimos un acercamiento por la Cámara, acompañándolo en la presidencia del bloque; no fui parte de su espacio, fuimos socios. Yo incluso le sugerí que aceptara el tercer puesto en las últimas legislativas, me parecía que él debería haber estado dentro de la lista. Con Ramón (Mestre) hace mucho que no hablamos, pero con Rodrigo sí tengo diálogo.
—En la especulación política hay voces críticas que la apuntan como una herramienta que puede vaciar de poder territorial a De Loredo a la hora de negociar. ¿Cómo toma esas afirmaciones?
—Si queremos que esto cambie, hay que pensar distinto. Mi rol es mostrar que hay dirigentes cansados de aventuras individuales. Queremos integrar una alianza. Si hay un presidente decidido a ganar Córdoba, algo que no pasó anteriormente, ese presidente va a tener un peso importante.
—¿Quién debería encabezar esa alianza en 2027?
—El que garantice el éxito. Es muy prematuro, pero hay un elemento clave: si hay un presidente que tiene la mirada puesta en ganar la provincia, vamos a tener que escuchar al presidente. No vamos a poder evitar eso.
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