Con el inicio del año preelectoral, en la UCR cordobesa la cabeza ya está en 2027. Todo se ordenará —o se desordenará— en función de los comicios por venir. La discusión por la nueva conducción tiene un trasfondo: quién tendrá las riendas del partido cuando llegue la hora de disputar la gobernación y la Capital, tras tres décadas del PJ en el poder. El deloredismo concentra poder, pero la oposición interna resiste. Hay un dilema central: liderazgo o proyecto.
A su paso por Buenos Aires, Rodrigo De Loredo combinó actividad privada —fue a trabajar al Estudio Saravia Frías— con contactos en medios y ratificó su aspiración a gobernador. Sumó volumen nacional porque agitó el avispero al hablar de una eventual fórmula “Milei-Cornejo” para 2027, alineando su estrategia con Javier Milei y el mendocino Alfredo Cornejo, con quien mantiene una relación aceitada.
Ambos apoyan las reformas estructurales libertarias y comparten una lectura: el reordenamiento opositor se jugará en clave de alianzas amplias. En Córdoba, ese debate es pólvora pura por el factor Milei. Sin embargo, “un proyecto programático” podría ser el eje ordenador para encarar la política de alianzas.
Para el 14 de marzo se prepara un acto radical con toda la simbología de lanzamiento. De Loredo se mostrará rodeado de intendentes, legisladores y dirigentes exhibiendo territorialidad y gestión. El mensaje interno es claro: instalarse como “candidato natural” y primerear un posicionamiento en el escenario provincial. En el mestrismo hay resistencia. “No será el único”, deslizan. La advertencia es doble: nadie discute que De Loredo mide, pero sí que el partido quede subordinado a un proyecto personal sin una discusión previa sobre el rumbo hacia 2027.
¿Consolidar el liderazgo de De Loredo o debatir un proyecto programático?
El deloredismo, en cambio, huele oportunidad. Repiten que las encuestas no favorecen al PJ y hablan de “desesperación” en el poder provincial. El despliegue territorial del gobernador Martín Llaryora —con fondos distribuidos a gestiones locales— es leído como señal de apuro. “Parece como si las elecciones fueran mañana”, ironizan.
También especulan con la fecha electoral. Adelantamiento o postergación son hipótesis que maneja el poder llaryorista. Cerca de De Loredo relativizan esas versiones y las califican de “fuegos de artificio”. Un dirigente fue más crudo: “La fecha está atada a los números. Si la patea es porque no le dan”. Otro radical advirtió del límite nacional: “Tienen que alejarse lo más posible de la elección presidencial. Si no, Milei se lleva todo”. Pero mientras el 2027 estructura la estrategia, la pelea inmediata es por la conducción del centenario partido.
El control del partido
El mandato de la actual cúpula vence en septiembre y el cronograma de la interna aún no fue presentado. En el núcleo que responde a Ramón Mestre y otros sectores el malestar es explícito: denuncian falta de diálogo y ausencia de convocatoria formal. Pero, esta semana, habrá novedades.
El oficialismo partidario, que conduce Marcos Ferrer, dejó trascender que la interna será el 7 de junio. De confirmarse, la convocatoria debería formalizarse el 9 de marzo y las listas presentarse el 28 de abril, según la Carta Orgánica. La demora, sin embargo, alimenta la queja.
En la oposición cuestionan “poner el carro delante del caballo”. Reclaman discutir “un proyecto de partido” y postergar los nombres. “Está todo invertido”, sostuvo Martín Lucas, referente alfonsinista. “No hay candidaturas si primero no se ordena el partido. Si no hay posturas comunes debatidas, no existe el partido”, remató.
El trasfondo es más profundo: quién define la política de alianzas y bajo qué condiciones. Para negociar con el Frente Cívico o incluso con los libertarios, voces que no son del palo deloredista sostienen que el radicalismo debe fijar antes “10 o 20 puntos programáticos” que estructuren un frente. De lo contrario, temen que la UCR quede diluida en acuerdos de cúpula.
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En el mar de fondo reaparece la idea de prórroga de mandatos, herramienta ya utilizada. En el entorno de De Loredo la mencionan como opción. Pero el recuerdo de la interna judicializada del año pasado sigue latente y cualquier movimiento en falso puede detonar otra crisis, aunque se diga: “borrón y cuenta nueva”.
Logística y fondos son variables determinantes. “Sale caro montar una elección interna”, coinciden interlocutores boina blanca. El secretario electoral, Oscar Saliba, y la Junta Electoral —integrada por Diego Frossasco, Gustavo Bottasso y tres miembros más— serán piezas clave si el proceso avanza.
Mientras tanto, los nombres se multiplican. Ferrer no quiere seguir en caso de prórroga. Como posible prenda de unidad asoma el legislador Matías Gvozdenovich, con diálogo entre sectores y peso territorial. Pero la oposición ya se mueve: el intendente Luis Quiroga (Mina Clavero), se lanzó por la Tercera Vía con respaldo de Dante Rossi y Juan Jure. El alfonsinismo impulsa a Lucas. En el mestrismo condicionan cualquier definición a la oficialización del cronograma de la interna.
“Nadie, por más importante que sea, puede definir ‘per se’ el destino de toda la UCR cordobesa”, se escuchó en el cónclave de ayer en Mina Clavero de los radicales alejados de los polos. “El partido no tiene dueños”, subrayaron en un tiro por elevación a De Loredo.
Radicales capitalinos
En la Capital también se mueven en clave 2027. Unidos en “Viva Córdoba”, los núcleos referenciados en Javier Bee Sellares, Juan Negri y Javier Fabre buscan construir una propuesta sin anteponer nombres. “Queremos privilegiar una idea y un equipo”, dijo Bee Sellares. Pero también se escuchó: “De este espacio surgirá el próximo intendente”, lanzó Negri.
Sectores anti-Milei miran con desconfianza la cercanía con LLA e insinúan que “Viva Córdoba” busca diálogo directo con Gabriel Bornoroni. Soledad Carrizo ya integra la mesa libertaria junto al juecismo. Otros radicales reclaman fortalecer el partido este año “y no entregarse antes”, en un contexto de crisis industrial y desempleo que podría erosionar al oficialismo nacional.
El único punto que hoy une a la UCR es ganarle al PJ en 2027, en la provincia y en la Capital, encabezando un frente competitivo. Pero el cómo y el con quién divide aguas. Sin embargo, en el deloredismo desconfían “de los que juegan con el PJ”.
En definitiva, detrás de la discusión por el 7 de junio, el cronograma y la prórroga, late el dilema central: si la UCR cordobesa será instrumento de un liderazgo ya lanzado o si primero dará el debate por un proyecto de partido, como reclama la oposición interna. El reloj corre. Y en el radicalismo saben que, aunque falte un año, la carrera hacia 2027 ya empezó.