PRIMERA MEDICIÓN EN ARGENTINA

Vivir solo no es lo mismo que sentirse solo y Córdoba acaba de medir la diferencia

El primer estudio del Observatorio Municipal de la Soledad No Deseada midió a 765 personas mayores. Más de la mitad se percibe sola, de manera moderada; una de cada cuatro tiene redes frágiles; casi el 20% acumula las dos. La distinción recién empieza a ordenar la agenda municipal.

. Foto: CEDOC PERFIL

Una persona mayor vuelve a su casa un domingo a la tarde. Cierra la puerta. La televisión se enciende sola, por costumbre. Esa franja del día del regreso al hogar, la noche, un día del fin de semana es la que el Observatorio Municipal de Soledad No Deseada identificó como el momento más crítico en los grupos focales que hizo con personas mayores cordobesas. No es metáfora, sino un dato.

El Observatorio funciona desde septiembre de 2024 dentro del Instituto de Planificación Municipal (Iplamu) y anticipó a Perfil Córdoba el primer estudio de su tipo en una ciudad argentina: ‘Dimensiones y factores de la soledad no deseada de personas mayores en la ciudad de Córdoba’. Un trabajo de campo realizado entre octubre de 2024 y marzo de 2025 con un universo de 765 personas de 60 a 85 años. Utilizaron dos escalas internacionales: la Ucla versión 3 (que mide soledad percibida) y la Lubben LSNS-6 (que mide riesgo de aislamiento social). Una detecta lo que la persona siente. La otra, a quién tiene cerca.

El informe vuelve obsesivamente sobre una distinción que parece sutil y no lo es. El aislamiento social es una condición objetiva e implica pocos contactos y baja frecuencia de interacción. La soledad no deseada, en cambio, es una experiencia subjetiva: aparece cuando los vínculos existentes no alcanzan. Una persona puede vivir sola y no sentirse sola. Otra puede estar rodeada y sentirse desconectada. La diferencia importa porque define el tipo de intervención posible.

Los números, leídos con esa distinción, dicen que el 57,78% presenta soledad percibida moderada; el 24,18%, alto riesgo de aislamiento social; el 0,78%, soledad percibida alta. Y casi el 20% combina ambas dimensiones: siente soledad y, al mismo tiempo, tiene redes frágiles. El estudio le puso nombre operativo: soledad no deseada con riesgo de aislamiento social. Ese 20% pide intervención urgente. El 57,78% del nivel moderado pide algo más difícil de presupuestar: presencia sostenida.

Las mujeres se juntan, los varones se aguantan

El estudio no lo dice con esas palabras, sino que lo registra prolijo: las mujeres participan más en espacios grupales y sostienen redes; los varones tienen mayor dificultad para pedir ayuda, expresar malestar o integrarse. En los grupos focales emerge un nombre para esa dificultad: el mandato de no molestar. También aparecen la vergüenza, el sentimiento de inutilidad y la necesidad de mostrarse autosuficiente como obstáculos para nombrar ese malestar.

"Muchas personas no dicen 'estoy sola'", explica Juan Carlos Mansilla, director del Iplamu. "Dicen 'no quiero ser una carga'. Ese silencio es epidemiológicamente muy importante: muestra que la soledad no siempre se declara, pero sí se padece". Mansilla advierte que esa fue una de las cosas que no esperaban encontrar con tanta intensidad en los grupos focales.

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Envejecer en silencio se aprende temprano, y se aprende distinto según el género. Las mujeres mayores cordobesas llegan a los talleres, a los centros de jubilados, a los cursos del Pami. Los varones lo hacen, aunque en proporciones marcadamente menores. Para Mansilla, eso obliga a diseñar entradas distintas: “Con varones, muchas veces la entrada no es ‘venga a hablar de su soledad’, sino ‘venga a hacer algo con otros’”. Clubes, deporte, oficios, memoria barrial, voluntariado, caminatas, tecnología y actividades intergeneracionales aparecen como propuestas menos tradicionales en evaluación.

Los grupos focales también destacaron las redes de pares y los espacios grupales como ámbitos donde se construye pertenencia. En muchos casos funcionan como “familia elegida”, según el informe. Pero también se advirtió que mantenerse activo no siempre alcanza. Llenar el tiempo no es lo mismo que sostener un vínculo.

Quién observa, quién interviene

Mansilla insiste en una distinción que conviene marcar: el Observatorio observa, no interviene. “El Observatorio no es una institución que va más allá de la investigación. Se dedica básicamente a observar un fenómeno y tiene programada una serie de estudios para ver la tendencia”. La intervención corre por cuenta de Iplamu, que coordina transversalmente con Salud, Salud Mental, Políticas Sociales y los CPC.

“Donde uno va trabajando el tema, identifica que siempre hay trabajo sobre soledad no deseada”, agrega Mansilla. “Lo que pasa es que no está conceptualizado con ese nombre. Cuando uno lo conceptualiza así, se transforma en un hecho bastante organizador de la acción”. Lo nuevo, entonces, no es que el municipio empiece a abordar la soledad: es que empieza a nombrarla, medirla y articular respuestas que antes corrían dispersas.

Las próximas investigaciones del Observatorio ya están definidas: soledades y juventudes en Córdoba, y costos de la soledad. Desde Iplamu se proyectan tres líneas de intervención articulada: detección temprana, acompañamiento a la reconexión social y fortalecimiento de redes comunitarias. El proyecto más concreto en diseño es la formación de linkeadores sociales con la Universidad Provincial de Córdoba: una figura puente entre la persona y la comunidad, con formación breve en escucha básica, detección de señales de aislamiento, uso del recursero y criterios de derivación. “El linkeador no reemplaza al profesional”, aclara Mansilla. “Funciona como puente”.

Quién va a ser linkeador todavía no está cerrado. La primera hipótesis es fortalecer perfiles ya existentes: equipos municipales, referentes barriales, salud, centros de día, universidades, organizaciones sociales y voluntariado comunitario. La intervención hoy llega por varias vías: la propia persona mayor, familiares, vecinos, centros de salud, CPC, centros de día, universidades, organizaciones barriales y el 0800 de Salud Mental, que dio las primeras pistas que llevaron al intendente Daniel Passerini a poner el tema en agenda.

Un dato recién aprendido (que pide partidas)

El estudio plantea que el abordaje no puede reducirse al campo sanitario. Las causas y formas de expresión involucran lo social, lo urbano, lo económico, lo cultural y lo digital. La inseguridad, las veredas en mal estado, el costo del transporte, la falta de espacios comunitarios accesibles y la brecha digital limitan la participación y profundizan el aislamiento. Una vereda rota no parece un problema de salud pública, pero lo es.

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La primera estrategia, según Mansilla, no pasa por construir infraestructura nueva sino por potenciar la existente: CPC, centros de salud, centros de día, bibliotecas, polideportivos, parques educativos, clubes, universidades y espacios culturales como puertas de reconexión social. La inversión proyectada va por otro lado: recursos humanos especializados.

Para definir por dónde empezar territorialmente, Iplamu trabaja con un criterio que cruza riesgo de aislamiento, accesibilidad, oferta comunitaria disponible y capacidad territorial de acompañamiento. Hay una primera aproximación exploratoria sobre zonas de riesgo; el mapa definitivo, dice Mansilla, requiere más medición. Para 2026-2027 se proyecta un mapa municipal de riesgo vincular que cruce datos del Observatorio, salud, políticas sociales y territorio.

La pregunta sobre quiénes cuidan a quienes cuidan asoma en los bordes del informe y Mansilla la confirma como línea por desarrollar: “La necesidad de cuidado puede reducir autonomía, movilidad y participación. Y quien cuida también puede aislarse”. La sobrecarga de cuidado —especialmente en mujeres— aparece mencionada en el informe como población a estudiar en próximas etapas, pero todavía sin medición específica cerrada. La UNC viene desarrollando programas en esa línea con los que el Observatorio empezó a generar alianza.

Pensar la ciudad como infraestructura del encuentro implica un giro que excede a las personas mayores. Si una plaza, un centro de salud o un polideportivo se evalúan también por su capacidad de generar vínculos y no solo por su utilidad funcional, aparece una conversación pendiente. Mientras tanto, Córdoba acaba de aprender a contar algo que no contaba. Es, según el propio Mansilla, una línea de base. “No es un informe para archivar: permite transformar un malestar silencioso en dato público, y ese dato en política municipal”.

Congreso Argentino sobre Soledad No Deseada
Lunes 18 y martes 19 de mayo en la Universidad Provincial de Córdoba.
Organiza la Municipalidad (Iplamu, Secretaría de Salud, Secretaría de Políticas Sociales y Desarrollo Humano), con apoyo del Gobierno de Córdoba, la UPC y el Ente Metropolitano.
Coordinación general: Mgter. Juan Carlos Mansilla.
El Comité Científico, presidido por el Lic. Diego Ruiz, integra a especialistas de la UNC, la UCC, el Ente Metropolitano, el Hospital Italiano de Buenos Aires y la Red Iberoamericana de Estudios sobre Soledad (R.I.E.S., Chile).
En el Congreso se presenta oficialmente el estudio. Inscripción gratuita en iplamu.cordoba.gob.ar. Transmisión en vivo por YouTube (@Iplamu).

Guía para comunicadores
El estudio incluye una guía de buenas prácticas para comunicadores sobre la soledad no deseada. Realizada por Soledad Toledo (Perfil Córdoba) y Analía Martoglio (La Voz del Interior), busca fomentar un tratamiento mediático positivo, ético y empático del tema.