Contengo multitudes
Meterse en el cuerpo de otros. En este caso, Ysumasa Morimura, el fotógrafo japonés, lo viene haciendo desde los años 80 tomando el lugar de personajes de la cultura occidental. Tanto en las artes visuales, retrato de Vicent Van Gogh y Durero, como de iconos culturales y políticos, el Che Guevara o Marilyn Monroe.
A primera vista, el procedimiento es sencillo pero de alto impacto. No parece más que una escena montada, una cita que refiere a una obra de arte muy conocida. Casi un lugar común de la intertextualidad. Sólo basta conocer el original para ver qué hace el artista y hasta dónde llega su capacidad de ser otro, aunque sea por un momento en una imagen.
Una suerte de Cindy Sherman pero en el cruce de dos culturas. La occidental y la oriental que se tensionan sobre la superficie de la piel de Morimura. Si bien comenzó con ese retrato à la Van Gogh, la pipa y la oreja cortada, porque el pintor holandés fue idealizado por los japoneses a fines de los 80 y Girasoles se vendió en una subasta a una compañía de ese país por casi 40 millones de dólares, el cruce siguió tomando diferentes formas. La Olympia de Manet es un buen ejemplo. Allí juega los dos papeles: el de la prostituta y el de su sirviente. Está tendido, desnudo, sobre un kimono y el gato es un maneki-neko, esos gatos de juguete que auguran dinero y buena suerte. Un sincretismo opaco y crudo para unir, no sin tensión, tantas diferencias.
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