El Museo Guggenheim reclama la devolución de un cuadro de Picasso robado hace 65 años
Sesenta y cinco años después de su robo en una residencia estudiantil de la Universidad de Pittsburgh, una pequeña pintura de Picasso vuelve al centro de escena. El Guggenheim reclama ahora su propiedad ante la Justicia de Nueva York y exige una millonaria compensación a quienes la compraron de buena fe. La obra, valuada hoy en 10 millones de dólares, permanece bajo custodia mientras se define su destino legal final.
8 de febrero de 1961. El periódico estudiantil de la Universidad de Pittsburgh publica la noticia sobre el robo de un cuadro de Pablo Picasso que la Fundación Solomon R. Guggenheim había prestado para su exhibición en la residencia para estudiantes de la institución. Dos días antes, por la mañana, un alumno notó la ausencia de la pintura al óleo, de 34 x 27 cm, titulada Mujer en un sillón.
De inmediato, la universidad denunció el robo a la policía, esta dio intervención al FBI, que derivó en una investigación sin rastros, con varios artículos periodísticos en todo Estados Unidos ofreciendo recompensa por alguna información sobre el destino de la obra. El caso quedó irresuelto e implicó el cobro del seguro por parte de la fundación, U$S 7.000 para la época, desde la aseguradora Chubb.
La semana pasada, la Fundación Guggenheim presentó una demanda ante el Tribunal Supremo del Estado de Nueva York, acusando a Lawrence Jay Handler y Wendy Cohen Handler, quienes viven en Massachusetts, de retener ilegalmente esa misma pintura de Picasso, ignorar los derechos de propiedad del museo y de beneficiarse por la posesión de bienes robados.
La denuncia consigna que los Handler compraron dicha obra en la galería Beadleston Fine Art de Manhattan –hoy cerrada– hacia 1999. El fundador de esta galería, Bill Beadleston, fue una de las víctimas –entre muchos otros galeristas– de un fraude millonario perpetrado por el marchante de arte francés Michel Cohen a principios de la década de 2000 (ver recuadro adjunto).
Según la publicación Hyperallergic, el cuadro reaparece en julio de 2023 en la casa de remates Christie’s, que la recibió consignada para una venta privada. El investigador de la casa, al examinar su origen, puso en conocimiento su existencia al museo, porque el coleccionista y magnate minero Solomon R. Guggenheim, fundador de la institución, figuraba en el catálogo Zervos como comprador de la misma a la Galería Zwemmer de Londres en 1936.
El monumental Catálogo Razonado de Picasso (o Zervos), fue ideado por Christian Zervos, fundador de Cahiers d’Art, en colaboración directa con el artista. La serie que se publicó entre 1932 y 1978, recopilando pinturas y dibujos de Picasso, contiene más de 16.000 imágenes impresas en 33 volúmenes. La edición actual, completa e impresa en Italia, tiene un valor de 30 mil euros. Allí también se consigna que Mujer en un sillón fue pintada por Picasso en las cercanías de Biarritz, durante la luna de miel con su primera esposa, la bailarina Olga Khokhlova.
En su demanda, el museo solicita U$S 3,5 millones en concepto de daños y perjuicios, sin incluir los honorarios de los abogados. El cuadro, en 1961, estaba valorado entre U$S 10.000 y 60.000, mientras que el valor actual no es menor a U$S 10 millones, mil veces más. Pero, ¿qué es lo que hizo el museo al tomar conocimiento de la aparición de la obra? Dos movimientos: intimar por escrito a los que se declaraban dueños de la misma ante Christie’s y, a la vez, devolver a la aseguradora Chubb el dinero que cobró después del robo para que esta confirme la restitución de su titularidad, algo fundamental para iniciar la demanda, porque los supuestos dueños aducen que la adquirieron de buena fe y niegan la titularidad del museo. El cuadro, mientras tanto, sigue en las bóvedas de seguridad de Christie’s.
Tanta cautela y estrategia no es casual, el Museo Guggenheim ya participó en otro caso que, además, sentó jurisprudencia. En la década de 1980 utilizó la vía judicial para recuperar la obra El comerciante de ganado de Marc Chagall, sustraída de sus instalaciones por un empleado del departamento de correos 20 años antes. La pintura fue vendida por una galería de Madison Avenue a una pareja que la exhibió en su living durante años.
Según Hyperallergic: “Cuando el Guggenheim exigió su devolución, los acusados argumentaron que habían comprado la témpera de buena fe, que no tenían motivos para creer que había sido robada y que el museo había esperado demasiado tiempo antes de denunciar su desaparición. Finalmente, el tribunal dictaminó que la demanda podía seguir adelante, consolidando así al estado de Nueva York como una jurisdicción que tiende a proteger al legítimo propietario de una obra de arte, incluso cuando la propiedad es adquirida por un comprador de buena fe. (Las dos partes llegaron a un acuerdo en 1993).”
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