En el camino de Salamone
Nada más aterrador que los dobles y las repeticiones, ya nos lo advirtió el maestro Stanley Kubrick. Y si el escenario es una ruta hacia la nada o hacia un hotel laberíntico del que no se puede salir, más todavía. Y allí van dos hermanos, hombre y mujer, con el gato de un hermano recién muerto, al que quedaron encargados de cuidar.
Con el peso del dolor y del secreto que los constituye, emprenden un viaje que a poco de comenzar se va cargando de extrañeza, como los lazos que unen a unos personajes sin nombre, definidos por su posición en la estructura familiar: el hermano, la hermana, el muerto, la madre, como cuerpos muchas veces intercambiables (para seguir en la línea del terror o la ciencia ficción clase B). Una suerte de equívoco por donde la realidad se disloca, que el nombre de un pueblo acostumbrado a los avistajes extraterrestres, Saturno, perteneciente al partido de Guaminí, subraya, donde edificios futuristas muestran su abandono de la mano de una estación de tren clausurada, bajo una lluvia constante que lo difumina todo.
Y si el fantástico argentino de la mitad del siglo pasado ponía en escena el enigma del otro (social, cultural) en esta novela será la “superficie del duelo” el espacio donde se dará el encuentro aterrador con los fantasmas que habitan la memoria desintegrada.
Con un ritmo preciso compuesto de frases cortas y subtítulos como flechas que dirigen la lectura al campo de la percepción, García Lao construye un mundo que pareciera tener frente a sí un espejo cóncavo (con toda clase de fuentes de luz multiplicándose), donde tiempo y espacio se pliegan y extienden y criaturas duplicadas transitan los caminos en ambas direcciones. Donde personajes confabulados, manteniendo diálogos absurdos –en un hermoso homenaje a Los siete locos– se confunden con el presente de la lectura, en el que un astrólogo, un terraplanista o un desquiciado sin más puede transformarse en “un líder estrafalario que manotea el timón hacia cualquier parte y la multitud se reanima”. Un presente que no parece tener muchas diferencias con el que estaba a punto de sucumbir al crack económico y que Roberto Arlt caracterizó magistralmente.
Y un hotel chino que es una casa de té, una casa de masajes o un centro de avistamiento de ovnis resultará el escenario ideal para representar, es decir, sustituir, reemplazar una realidad que será lo que sus personajes quieran creer que sea. Donde conectarse con un más allá a través del suicidio, del placer o la abducción, figuras todas del pasaje al otro lado como forma de sortear el agobio de la realidad.
Con imágenes surrealistas como la de un piano en un gallinero (o una torre monumental de Salamone en medio de la Pampa), la autora construye una novela notable, inventora de un realismo tangencial para nombrar los desvíos (o los derrapes) de nuestra historia y preguntarse cuándo fue que se torció, quizás, como nos informa en el comienzo, hace medio siglo, en 1977, con el último tren llegando a Saturno.
Estación Saturno
Autora: Fernanda García Lao
Género: novela
Otras obras de la autora: Muerta de hambre; La piel dura; Teoría del tacto; Nación vacuna; Sulfuro; El tormento más puro; Fuera de la jaula; La perfecta otra cosa; Vagabundas; Carnívora; Bombero
Editorial: Entropía, $ 35.000