CULTURA
Fuera De cuadro

Música y letra

Tres músicos de Pablo Picasso resume invención y amistad, tándem insoslayable de comienzo de siglo. Los personajes que aparecen en la pintura que hace andar al Cubismo, al tiempo que fractura al arte, son sus amigos: los poetas Guillaume Apollinaire como un pierrot que toca el clarinete y Max Jacob con las ropas de monje y un acordeón en la mano. El tercero, el arlequín con violín, es Picasso que transforma el duelo por la muerte del primero y la entrada al monasterio de Jacob en un concierto hasta el momento nunca visto ni oído.

En ese mismo sentido, aunque no está en cuadro pero sí en la vida de esos pocos años que cambiaron el arte, George Braque, también amigo y compañero de Picasso, le pone palabras a esa música: “Las cosas que Picasso y yo nos dijimos durante aquellos años nunca volverán a ser dichas, y aunque lo fueran, ya nadie las entendería. Era como estar encordados juntos en una montaña”.

Sobre esta extrañeza del momento, sobre los pocos años que duró el movimiento artístico, hablaron los protagonistas y dijeron algo parecido: de 1907 a 1917 fueron cruciales, el prólogo del siglo, el nacimiento de una nueva era. Incluso, un poco más allá de esta descripción, John Berger apunta que fue más que un momento de un movimiento artístico sino un tiempo en el que “las promesas de futuro eran más sustanciales que las del presente”.

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Que París tuvo un rol determinante en el arte occidental durante la primera mitad del siglo XX no es novedad. Sin embargo, ver los cuadros de Picasso junto a los de expatriados Chagall y Man Ray, entre otros, o cambiando el arte al lado de Braque y Juan Gris, insinúan la paradoja de que las grandes guerras fueron muy malas para los hombres pero proteicas para el arte.