COLUMNISTAS
regodeos obscenos

Poniendo la crueldad en primer lugar

El mensaje de Jorge García Cuerva establece sus ecos en toda la sociedad, y especialemente en un presidente que se jactó públicamente de esa posición frente a sus adversarios políticos.

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Maltratame que me gusta. | Pablo Temes

Judith Shklar fue una filósofa estadounidense que llegó a ser la primera titular de la cátedra John Cowles de la Escuela de Gobierno en la Universidad de Harvard. En tiempos en los que la referencia a la crueldad se introduce en distintas crónicas políticas que se escriben en la Argentina, es necesario reparar en los trabajos de esta referencia intelectual en el estudio, precisamente, de la crueldad como categoría política. En su ensayo titulado Poniendo la crueldad en primer lugar, Shklar sostuvo que el daño infligido deliberadamente por quien tiene poder sobre quien no puede defenderse, debe ocupar el primer lugar entre los males, sin necesidad de que aparezca una condena efectiva. La autora sostiene que, a diferencia de otros agravios, la crueldad desfigura la naturaleza humana, la “afea” y hace que pierda su razón de ser.

Jorge García Cuerva tiene que haber leído a Shklar. Estudiante de filosofía y teología, licenciado en Derecho Canónico y en Teología, el representante del papa León XIV, que fue nombrado arzobispo de Buenos Aires por el papa Francisco, ha mostrado en su reciente historia una profunda vocación intelectual, que mezcla conocimiento académico con preocupación por los más pobres. Su destacado trabajo misionero en La Cava, lo que hizo que se lo conociera como “el cura villero”, y su tesis de posgrado sobre la actuación de la Iglesia durante la epidemia de fiebre amarilla de 1871 en Buenos Aires, así lo demuestran. Por eso, no fue casual que García Cuerva se refiriera a “la crueldad” frente a Javier Milei en su homilía del 9 de Julio.

“A veces, como sociedad argentina también recorremos caminos peligrosos. No por cuestiones geográficas, sino porque no nos llevan a ningún buen lugar o nos meten en laberintos sin salida. El camino de la intolerancia, el de los enfrentamientos constantes, el de la descalificación del otro por pensar o ser distinto, el camino de la crueldad hacia los más débiles”, sostuvo García Cuerva en la Catedral de Buenos Aires, mientras en primera línea lo escuchaba atentamente, y sin emitir ningún gesto, el Presidente. Crueldad. Milei. En una misma línea.

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Mónica Cragnolini, doctora en Filosofía, profesora regular de Metafísica en la UBA e investigadora del Conicet, especializada en el pensamiento nietzscheano y en la filosofía de la animalidad, fue la primera en advertir el nexo entre política y crueldad en los primeros momentos del gobierno de Milei. Sostuvo que la Argentina atraviesa una forma de animalización de los seres humanos, producto de una violencia estructural que identificó en tres ejes, entre ellos la crueldad, definida como aquello que goza con el sufrimiento del otro. Desde una perspectiva nietzscheana, caracterizó el ascenso de Milei al poder como la obra del resentimiento más profundo. En ese sentido, también sumó su aporte el escritor Martín Kohan, cuando en marzo de 2024 y desde el streaming Gelatina, sostuvo que “la crueldad está de moda en la Argentina” porque “cae bien” y que Milei “se regodea” con ella sin costo político, sino con cierta aceptación o admiración en algunos sectores. La hipótesis de Kohan desplaza el eje del análisis hacia el receptor: no se trata solo de por qué Milei exhibe crueldad sin disimulo, sino de por qué una parte de la sociedad, en vez de rechazarla, la celebra, una crueldad ya asimilada como código cultural.

En esa misma línea, el año pasado se publicó El goce de la crueldad. Argentina en tiempos de Milei, una compilación colectiva editada por la psicopedagoga Francis Rosemberg, que reúne a autores de perspectivas política, ética, legal, psicológica y filosófica, como Carlos Rozanski, exjuez, destacado por su rol en causas de lesa humanidad; Dora Barrancos, historiadora y socióloga, exdirectora del Conicet, y el periodista Juan Luis González, autor de El loco, la biografía no autorizada de Milei, para analizar el fenómeno libertario en la Argentina. El propósito declarado del libro no es meramente testimonial, sino elaborar herramientas para comprender y transformar la realidad que describe. Ya en su primer capítulo, los editores enmarcan al país en un “estado de excepción”, retomando el concepto de Giorgio Agamben, y sostienen que, a diferencia de otros episodios históricos de crueldad humana que fueron ocultados o negados, lo novedoso del caso argentino es el uso desinhibido y público de la violencia y el odio, con un “regodeo obsceno” y “goce sádico” de la crueldad ejercido por quienes deberían tener la responsabilidad opuesta. El texto plantea, además, si el sistema normativo argentino puede tolerar una política de la crueldad en franca contradicción con los fines fijados en el Preámbulo de la Constitución Nacional.

El 26 de junio de 2025, durante una cena de recaudación para la campaña legislativa de La Libertad Avanza en el Yacht Club de Puerto Madero, reunión que había sido organizada por la fundación El Faro entre empresarios, funcionarios y militantes, Milei declaró: “¡Sí, soy cruel! Soy cruel con los ‘kukas’ inmundos, con los gastadores, con los empleados públicos, con los estatistas y con los que les rompen el orto a los argentinos de bien”. La frase se viralizó de inmediato y generó repudio en varios analistas. Y confirmó la simpatía por la crueldad en el discurso oficialista.

No se trata, hay que decirlo, de ninguna novedad en las derechas extremas que proliferan en el mundo; el politólogo Ezequiel Ipar ofrece una clave para leer este presente en el capítulo que dedica a esas derechas radicales dentro de Desquiciados, un ensayo colectivo compilado por Alejandro Grimson. Ipar sostiene que la irrupción de Milei no es un accidente coyuntural, sino síntoma de una fragilización más profunda de la democracia, tributaria tanto de dinámicas locales como de la reconfiguración ideológica que atraviesa a Occidente. Su argumento central es que esa derecha no solo gobierna con dureza: construye la crueldad como práctica política deliberada, como un modo de cosificar, humillar y provocar sufrimiento en el adversario que se erige, a la vez, en discurso y en programa.

Leído junto a Shklar, el aporte de Ipar permite trazar el puente entre la filosofía moral que puso a la crueldad en el centro de los vicios políticos y su expresión concreta en la Argentina de la motosierra: la certeza de que negar al que menos tiene no es un efecto colateral del ajuste, sino su forma de autopresentarse ante quienes lo celebran.