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Olor a hielo

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KRISTALINA GEORGIEVA visitará Argentina antes de fin de mes. Terminado el Mundial, comienza 2027. | @KGeorgieva

El hielo no tiene olor. Cuando alguien dice que huele hielo, está diciendo que el aire “anuncia” una helada como metáfora y no como fenómeno climático. No se describe un aroma, sino una experiencia sensorial asociada al choque del Titanic contra un iceberg como forma de presagio de muerte, inmovilidad, silencio y, en el caso de la política, de fin de ciclo.

La noche del 14 de abril de 1912 fue cuando tripulantes del Titanic habrían dicho que “se podía oler el hielo” antes de que chocaran contra un inmenso iceberg. Los marineros del Atlántico Norte más polar siempre hablaron sobre sentir la proximidad del hielo, no porque el hielo tuviera olor, sino porque la cercanía a grandes masas de hielo modifica las condiciones ambientales cambiando la humedad, el aire pasa a ser extremadamente seco, puro y frío.

El iceberg con el que Milei podría chocar es el crecimiento del descontento social una vez que se haya agotado ese stock de espera disponible en todos aquellos cuya vida haya empeorado en los 31 meses que lleva de gestión: ¿será 36 meses ese límite y este fin de año volverán a la Argentina los diciembres socialmente complejos?

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Mientras, tanto desde el Gobierno como desde el FMI la visita de Kristalina Georgieva es presentada como un acto de apoyo al “éxito del plan económico argentino”, pero quienes verdaderamente decidirán si es un éxito serán los propios argentinos con su voto, y el FMI lo sabe. Ya a comienzos de 2024, con Milei recién electo, en otra visita a la Argentina de la entonces número dos del FMI, Gita Gopinath, mencionó su preocupación por la sostenibilidad social del plan económico, lo mismo hizo el desplazado director del Departamento del Hemisferio Occidental, Rodrigo Valdés, crítico de Milei, quien también mostró su preocupación por la viabilidad política de la transformación económica, y en su último informe el FMI dijo que el apoyo social al programa de reformas será “crítico para sostener la continuidad política” del plan económico.

Es cierto que el viaje de Georgieva es para apoyar el plan económico de Milei, pero para que no fracase, un acto proselitista comprensible en el primer acreedor cuando su mayor deudor –Argentina– por primera vez en ocho años paga algo del capital y no solo intereses, o sea, comienza a reducir su deuda.

El martes, en el programa de las mañanas de Perfil, titulamos la columna “Día 938: Los 25 mil millones con los que Caputo pagará salieron de las familias endeudadas”, dado que la deuda total de los hogares supera los $39 billones, con un promedio de $5,7 millones por hogar bancarizado, equivalente hoy a 3,46 salarios promedio del sector registrado, contra apenas 1,43 salarios en 2023; $39 billones que al cambio coinciden con los 25 mil millones de dólares de pagos de deudas del Estado.

Obviamente, el dinero es fungible, lo que quiere decir que en un conjunto de ingresos y egresos no se puede seguir la trazabilidad exacta de cada billete que ingresa hacia dónde egresa, pero se podría sostener que mientras el Estado mejoró su posición financiera para cumplir con sus acreedores, una parte del estrés financiero fue absorbida por los hogares mediante endeudamiento.

Y que la reducción del gasto público para obtener el superávit fiscal en pesos con lo que el Tesoro le compra al Banco Central los dólares con los que paga su deuda externa es también resultado de un ahorro del Estado en jubilaciones, subsidios, menores salarios a los empleados públicos (un tercio del total del empleo registrado) o extinción de la inversión en obra pública. Por lo que sostener, como hace Milei, que “menos gasto estatal deja más plata en el sector privado” es engañoso, porque olvida que gran parte del gasto público ya era ingreso privado.

Menos gasto público es igual a menos ingresos netos para muchos privados pero no para todos, porque menores impuestos implican un aumento de ingresos para algunos privados; también la reducción de la inflación, que es una forma de impuesto, implica un aumento de ingresos para los privados, pero la discusión es cómo se distribuyen el costo del ajuste y sus beneficios, quién pierde y quién gana. Y cuántos serán los ganadores y cuántos los perdedores determinará el voto del total de los ciudadanos.

En la columna sobre el endeudamiento de las familias dijimos el martes: “Primero la sociedad se comió el stock, los ahorros, los bienes durables, como los autos utilizados como Uber una vez que se perdieron los trabajos, inclusive hay informes que indican que crecieron mucho las ventas de joyas familiares para pagar deudas y los préstamos entre familiares y amigos cayeron del 35% al 16% de la deuda no bancaria en un año, lo que evidencia el agotamiento del ‘colchón de solidaridad’. Y luego, una vez que se consumió el stock, es decir, el pasado, se pasó a consumir el futuro: esto significa, nada más y nada menos, endeudarse. Si se gana considerablemente menos que en los años anteriores y los servicios y transportes salen considerablemente más, hay boletas de gas que están llegando a casas residenciales de 200 mil pesos, hay una considerable cantidad de argentinos que consumió ahorros o se endeudó directamente para sobrevivir”. Es más, el 53% de los propios votantes del oficialismo señaló el peso de las deudas personales como su principal preocupación económica.

En este contexto, la homilía del arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, el 9 de Julio, que instaló como núcleo central el concepto de “justicia social”, confronta la esencia de las ideas de Milei y al día siguiente su frase “Hay que cuidar el equilibrio fiscal, pero también es necesario un equilibrio social” son un prólogo al debate que podría generar León XIV en su visita a la Argentina dentro de algunos meses, si se confirmara.

Con inteligencia, además de experiencia aprendida, Milei imita al círculo rojo y finge demencia él mismo haciendo que no escucha lo que dice García Cuerva, a quien saluda con sonrisas porque sabe que la Iglesia y el Vaticano son el iceberg con el que su narrativa podría chocar si no los esquiva. Una visita del Papa a la Argentina puede servir para descomprimir tensiones y renovar la esperanza ayudando paradójicamente a Milei a no chocar contra el iceberg del descontento social.

Existen racionales que amortiguan las manifestaciones de descontento e ilusionan al Gobierno. A diferencia de 2002, existen aplicaciones que emplean al 8% del total de los empleados que hace un cuarto de siglo iban a engrosar el índice de desempleo, y existe la Asignación Universal por Hijo (AUH), que aumentó a casi el doble de la inflación, y que, sumada a la Tarjeta Alimentar, llega a 6.800.000 beneficiarios.

Esa contención explica en parte la paz social que en otro contexto no hubiera sido posible sostener frente a un plan económico con tantos perdedores.

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Continúa mañana: Dolor invertido