Giuseppe Tomasi di Lampedusa escribió El gatopardo, pero no llegó a comprobar el rotundo éxito que alcanzaría su obra. La novela se publicó en 1958, un año después de la muerte de su autor, y se convirtió de inmediato en el gran fenómeno literario de la Italia de posguerra. En la figura de Don Fabrizio Corbera, príncipe de Salina durante la unificación italiana en 1860, Di Lampedusa retrató la historia de su propio bisabuelo. La autorreferencia es tan evidente, que el gatopardo es el animal que aparece en el escudo de armas de los príncipes de Lampedusa. Pero El gatopardo no es una simple semblanza biográfica familiar, sino el reflejo de un violento cambio de época de un país.
La trama se centra en el desembarco de Giuseppe Garibaldi en Sicilia y en los temores que experimentó la vieja aristocracia por esa irrupción. El acierto, no obstante, no se focaliza en el acontecimiento revolucionario, sino en su opuesto. Lo hace a través de Tancredi Falconeri, el sobrino de Corbera, que más por cálculo que por convicción, traiciona a su familia. El legado de El gatopardo se encuentra en la sentencia que Falconeri esboza frente a Corbera: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.
Algo de ese gatopardismo se ha respirado por estas horas en la Argentina, a partir de la asunción de un nuevo jefe de Gabinete. ¿La llegada de Diego Santilli para reemplazar a Manuel Adorni representa el inicio de una nueva etapa para el oficialismo? ¿O estamos en presencia de un cambio para que todo siga igual? Nicolás Posse duró 169 días. Guillermo Francos estuvo 522 días. Y Manuel Adorni, 235 días. Ninguno pudo imprimir su sello. Santilli jura que ha llegado para que eso cambie. ¿Fin? Con perdón de Adorni.
El nuevo jefe de Gabinete promete que nada seguirá igual. Y ofrece su extensa carrera política como garantía. Se trata, hay que decirlo, de más de tres décadas ininterrumpidas transitando en los entresijos que van del peronismo al antiperonismo. El varadero cambio, por lo tanto, es la ambición política de Santilli: es el único jefe de Gabinete de Milei que llega a ese lugar con trayectoria y proyección propia. Pasado y futuro que se conjugan con el Gobierno. La campaña por la reelección ha comenzado: Santilli 2026, Milei 2027. Y eso es lo que dejan trascender, con entusiasmo, desde la Casa Rosada.
Para que Santilli se convierta en el nuevo coordinador de ministros, tuvo que ganarse la confianza de Karina Milei. La relación con la expastelera se fue amasando de a poco. Reuniones de trabajo y cenas en las que la extarotista fue sumando respaldo. Algo indispensable para que Santilli lograra escalar peldaños libertarios. Primero, fue la decisión para que, ante la crisis por denuncias de corrupción que recayeron sobre José Luis Espert (símil Adorni), sea el reemplazo para imprimirle vértigo a la campaña. Luego fue el aval para que sea ministro del Interior, como paso previo a la coronación en el corazón del poder.

En el entorno de Santilli se asume que los Milei entronaron a un jefe de Gabinete con poder y autonomía. Lo repiten: poder y autonomía. Para que imponga actividad al Gobierno y asuma el manejo de la relación con los gobernadores. Un dirigente con músculo político. Lo repiten: músculo político. Alguien de gestión que permita encender la apagada agenda del oficialismo. “Karina va a seguir teniendo la lapicera, pero Diego va a imprimir otro ritmo”, anuncian cerca de Santilli. Como ejemplo, anticipan que desde esta semana, el nuevo jefe de Gabinete empezará a mantener reuniones con cada ministro y que los irá a visitar a sus despachos para agilizar los temas prioritarios. Luz, cámara, Santilli.
La estrategia no se acaba en la Ciudad de Buenos Aires; se traslada a las provincias. Santilli reflotará la idea de impulsar alianzas con cada gobernador para enfrentar el desafío electoral del próximo año. La opción de pintar cada distrito de violeta queda en revisión. Lo prioritario ahora es juntar voluntades que permitan apuntalar un segundo mandato de Milei. Dicho de forma más cruda: que no gane el peronismo. Los gobernadores están dispuestos a escuchar ofertas. Pero no quieren repetir el error que cometieron con Francos. “Yo le di al menos cinco leyes al oficialismo, pero el Gobierno no me dio nada de lo que había prometido. Ojalá que ahora no pase lo mismo”, anticipa un importante gobernador. Se refiere, claro está, a compromisos presupuestarios: acelerar las concesiones de rutas y facilitar fondos para obras, entre otros. Santilli jura que está todo acordado con Luis Toto Caputo. Se verá.
Y ahí es donde entra el otro Caputo. “La campaña son las reformas. Las reformas son la campaña”, escribió Santiago Caputo en X, para patentar lo que se viene. El objetivo es eliminar las primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias y aprobar las listas colectoras. Caputo sabe que Santilli es ideal para lograr esa meta. El Mago del Kremlin respeta al nuevo jefe de Gabinete, algo que no sucedía con Adorni. El hombre del pendrive mágico no era alguien de su estima (ni personal, ni intelectual, ni profesional). Pero sabía que funcionaba como una suerte de freno a la voracidad de los Menem. Ambición y menemismo, casi un oxímoron.
El debut oficial de Santilli será el 9 de julio, en el acto por la Independencia, junto con los gobernadores, reunidos en Tucumán, para reflotar el espíritu del Pacto de Mayo que había enarbolado Milei en sus primeros tramos. Dos días antes se realizará la primera mesa política: el primer paso para encauzar la gestión. En pocas horas, Santilli sabrá si es posible pavimentar el camino hacia la reelección de Milei. Algo que, por ahora, parece ser un sendero muy embarrado. La última encuesta de Management & Fit presentada esta semana marcó el peor momento de Milei desde que asumió: la desaprobación de su gestión trepó al 58,2%, frente a apenas el 37,3% de aprobación, una brecha de 20,9 puntos, la más amplia de toda la serie iniciada en diciembre de 2023. Quizá Santilli tenga una encrucijada mucho más grande que la que tuvo Falconeri cuando avistó el arribo de Garibaldi.