La mayoría de los argentinos estamos orgullosos de nuestra selección. No hay para eso colores políticos. Hablamos de un deporte donde todo es pasión, pero también de un grupo humano que desde su líder y su entrenador hasta el resto del equipo baja un único mensaje: somos un equipo que reúne a las mejores individualidades, somos esfuerzo, competencia y garra; no vamos a dejar a nadie tirado.
Lo interesante del tema es que no todos tenemos la misma mirada sobre la selección ni sobre Messi, pero convergemos en una misma emoción.
Sabemos que en la sociedad conviven concepciones de vida, valores y expectativas diferentes, y eso se refleja a la hora de vincularnos con lo político. Quienes adhieren a una concepción más individualista tienden a identificarse con políticas más liberales; quienes entienden que la realización individual está condicionada por el contexto económico y las condiciones de vida tienden a adherir a expresiones políticas donde lo social tiene primacía.
Entre los individualistas lo que está en juego es la idea de que es el individuo quien gestiona sus propias oportunidades y su propio destino: soy capaz y hago lo que quiero. Ahí cobran sentido valores como la capacidad, el esfuerzo personal, la superación individual, el sacrificio, la perseverancia, el pragmatismo. En el otro extremo encontramos mayor identificación con lo comunitario, donde también se valora la capacidad, pero se entiende que el contexto puede condicionar su ejercicio: soy capaz, pero si las condiciones de vida no me lo permiten, no puedo desplegar esa capacidad. Allí cobran sentido, además, valores vinculados a la vocación de servicio, la coherencia, la preocupación por lo social, la equidad, la empatía y la solidaridad. Allí el rol del Estado es valorado.
No todos tenemos la misma mirada sobre la selección ni sobre Messi, pero convergemos en una misma emoción.
Obviamente no son valores excluyentes, no es que donde están unos no puedan estar los otros, es un tema de énfasis, del lugar desde donde se miran y valoran las cosas. Si lo pensamos en términos de confrontación política, es fácil identificar a los protagonistas en los distintos momentos de nuestra historia. El liberalismo se ha venido encarnando en diferentes sellos políticos, y las concepciones más ligadas a lo comunitario se encarnaron en un momento en el radicalismo y, posteriormente, en el peronismo. También hay sectores sociales que no se identifican con ninguna de las dos grandes corrientes, y que son los que terminan por definir los procesos electorales. Pero eso no quiere decir que no tengan un sistema de valores propio, en donde prime lo individual o prime lo social.
¿Y entonces cómo es que todos convergen en Messi y en la Selección? Están las mejores individualidades, pero triunfan como equipo. Está el esfuerzo de cada uno, pero ese esfuerzo solo cobra sentido en tanto coopera para que el equipo rinda mejor. Hay quienes miran solo al Messi del esfuerzo, el que se fue a España desde chico para hacer posible su vocación, el de la superación individual, el que se sacrificó para llegar a su meta. El que el día de su cumpleaños, en vez de festejar, siguió entrenando, el que es pura capacidad y habilidad. Y están los que miran al Messi capaz y hábil que está al servicio del grupo y de una causa común. Pero también está el Messi que se siente responsable de que un error suyo recaiga en el grupo y puedan quedar afuera del Mundial. Todo eso es Messi: el que triunfa en lo individual pero es parte de un equipo, Y Messi y el grupo saben y cargan con la responsabilidad, de generar momentos de felicidad en el pueblo. Es poco probable que el individualista y el comunitario vean lo mismo en Messi y en la Selección: cada uno proyecta allí el valor con el que mira el mundo. Aunque no compartan los mismos valores, los iguala la emoción. Cuando termine el Mundial, esa emoción común se irá apagando y volverá la campaña política.
*Consultor y analista político.