COLUMNISTAS
Messi y Milei

El juego de las diferencias

En un contexto político en el que el Gobierno exhibe altos niveles de euforia, es preciso entender el liderazgo del capitán del seleccionado y el del Presidente.

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Deidad criolla. | Pablo Temes

Se vive dentro del Gobierno un estado de euforia, alimentado en estos días por el fenómeno psicológico – social que produce la marcha triunfal de la selección nacional de fútbol en la Copa del Mundo. La épica remontada que llevó al triunfo frente a la selección de Egipto se instaló como un ejemplo inspiracional de alto impacto interno y externo. En medio de una situación internacional convulsionada por las guerras en Medio Oriente y la de Ucrania que no cesan, destaca la admiración mundial por lo protagonizado por los jugadores en las primeras horas de la tarde del martes pasado en el Mercedes-Benz - Stadium de Atlanta. Volveremos sobre esto en el final de esta columna. Javier Milei – y su hermana Karina – tienen ya la mente puesta en la reelección.

Por eso es que la agenda del oficialismo ha pasado a incluir la reforma electoral como uno de los asuntos prioritarios. Es curioso lo que está ocurriendo: una de las medidas más trascendentales y positivas que logró hacer aprobar el Presidente fue el de la boleta única. Era una medida clave para terminar con toda una ingeniería de manipulación de la voluntad popular que se venía reclamando desde hace décadas. Por eso, llama mucho la atención que sea el mismo gobierno el que se embarque en esta cruzada con este afán por restablecer el tema de las colectoras, metodología usada claramente desde hace años para alterar la genuinidad del sufragio. Una vez más, asistimos a la reaparición de la casta y sus malas prácticas, algo que los hermanos Milei habían prometido erradicar y, hasta aquí, no han cumplido.

Esta tarea –la del engranaje electoral– constituye uno de los quehaceres fundamentales de Diego Santilli. El jefe de Gabinete tiene paño para ello: sabe cómo manejar la rosca política y se encuentra cómodo en ella. Conoce al peronismo –donde se “formó”– y, por supuesto, al PRO y a la UCR durante su paso por lo que supo ser el partido que fundó Mauricio Macri y por lo que después fue Juntos por el Cambio. Es, al final, alguien que pertenece a la “casta política”. Qué triste es ver que, cuando las papas queman, se vuelve a los artilugios de siempre con tal de sacar alguna ventaja.

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Con las colectoras hay cierta comodidad estratégica para los gobernadores. Concretamente les permite armar listas locales competitivas para retener su poder mientras garantizan el apoyo a la candidatura presidencial que mejor mide, evitando así cualquier efecto de arrastre negativo. En la ciudad de Buenos Aires ocurre algo singular. Jorge Macri, en contra de los deseos de su primo, quiere ser el candidato de La Libertad Avanza; por eso continúa tiñendo su discurso de violeta y fomentando las banderas de la ley y el orden y la mano dura. A su vez, la vicejefa de Gobierno Clara Muzzio salió a competirle y está jugando el mismo juego de seducción. La relación entre ellos no es buena. ¿Creerán que es fácil engañar al electorado porteño o simplemente corren detrás del poder a cualquier costo? Sea cual fuere la respuesta, será difícil que Karina Milei entregue los primeros lugares en la lista. Dentro de la Libertad Avanza ya reconocieron que el acuerdo es una opción viable pero bajo los términos y condiciones de la hermana presidencial. Mauricio, sabe bien las consecuencias.

Volviendo al triunfo épico de la Argentina sobre Egipto por 3 a 2, el Presidente –eufórico– sorprendió al aire con Alejandro Fantino en su canal de streaming Neura minutos después de haber terminado el partido. En el transcurso de la conversación que se originó, Milei –afectado por una fuerte disfonía luego de tanto gritar– expresó, entre otras cosas, su admiración por Lionel Scaloni. Refiriéndose al director técnico, dijo: “… es un líder extraordinario. Ha construido un grupo humano increíble”. Resulta muy interesante analizar que significa –en los hechos– esa afirmación que es la consecuencia de un hecho contundente: el director técnico ha sabido erigirse en un líder indiscutible. Cuáles son los rasgos que le dan ese liderazgo. El primero es su preparación. Después su capacidad autocrítica. Scaloni formó parte de un cuerpo técnico que fracasó rotundamente en el Mundial de 2018 en Rusia y también en la Copa América de 2019 en Brasil. De las derrotas y los fracasos aprendió – y mucho. Se preocupó por analizar y corregir lo que no funcionaba bien. Aprender de los errores es un acto de sabiduría. No creerse infalible, también. Eso le permitió entender a sus jugadores y saber qué hacer para potenciar sus rendimientos.

Un aspecto importante es su actitud de respeto hacia sus rivales. La descalificación del otro no forma parte de su repertorio. Por el contrario, se lo escucha a menudo reconocer el mérito del rival de turno. No hay soberbia en sus actitudes.

Liderar no es gritar. Liderar no es mandar. Liderar es conducir. Liderar es convencer. La defensa de las convicciones propias no implica la descalificación de las ajenas. La cortesía y los buenos modales no son sinónimos de debilidad.

Un aporte enorme a estos conceptos lo viene haciendo –hace ya mucho tiempo– Lionel Messi. El indiscutido mejor jugador de fútbol del Mundo, que derrocha humildad, nunca se pone por arriba del equipo. Y cuando se equivoca y falla –porque no es perfecto– reconoce el error y hasta pide disculpas.

Cuánto mejor estaría nuestro país si las dirigencias –todas– aprendieran las lecciones de esta selección. Se transformarían así en verdaderos líderes, algo que hoy no son.